viernes, 11 de noviembre de 2016

Decídete a ser Universidad. Una reflexión desde el magisterio filosófico de Leonardo Polo

 
Dentro de la mesa Un visión cristiana de la Universidad presento la comunicación titulada Decídete a ser Universidad. Una reflexión desde el magisterio filosófico de Leonardo Polo.
 
Sirvan estas breves líneas como modesto recuerdo del maestro de maestros Leonardo Polo Barrena (Madrid, 1919 - Pamplona, 2013): un convencido universitario que entregó toda su vida a la Universidad: catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Granada en 1952, marchando dos años después a la Universidad de Navarra para ser allí su primer profesor de Fundamentos de Filosofía, ejerciendo de manera ininterrumpida en su Facultad de Filosofía y Letras, de la cual fue el responsable de erigirla y ponerla en funcionamiento con decidido empeño.

Leonardo Polo Barrena.

La amplia producción bibliográfica de este prolífico filósofo merece catalogarse sin discusión como una de las mayores empresas intelectuales de la segunda mitad del siglo XX.
 
A continuación, quiero ofrecerte una síntesis de mi exposición en este Congreso:
 
"Los principales rankings mundiales especializados en educación universitaria no incluyen a ningún centro universitario de España entre los primeros del mundo. Permitiéndonos inferir que la Universidad en nuestro país no alcanza la excelencia académica con suficiente idoneidad y que, por consiguiente, atraviesa por un momento de crisis, a pesar de los continuos esfuerzos realizados por las autoridades universitarias frecuentemente encorsetados por una interminable burocracia.
Asimismo, no se nos oculta que este escenario resulta una consecuencia más de la seria crisis social e institucional que adolece nuestra época contemporánea, y que a su vez responde a una crisis aún más profunda, a saber: el progresivo olvido del valor de la persona y el desprecio de la dignidad de su ser.
A propósito de este asunto rescato algunas reflexiones del perenne magisterio del filósofo Leonardo Polo Barrena.
Resulta importante no olvidar que uno de los principios que fundamentan nuestra civilización occidental es la inclinación natural de la persona por buscar la verdad. Buscar la verdad es una actividad valiosa por sí misma, por lo que explica el que una persona se pueda sentir llamada a dedicarle completamente su vida.
Esta particular vocación ha sido asumida enteramente por la civilización cristiana, hasta el punto de institucionalizarla socialmente durante el siglo XIII al promover la creación de la Universidad. De esta manera la búsqueda de la verdad, ejecutada desde el ámbito universitario, se erige como un factor esencial de la trayectoria del Cristianismo dentro de la Historia de la Humanidad, que ha posibilitado además el desarrollo formal del conocimiento científico, tanto experimental como humanístico. Sin búsqueda de la verdad, sin Universidad, sin investigación científica, Occidente es incomprensible.
Todos los conocimientos en la Universidad, en rigor, se encuentran interconectados al modo del clásico “árbol del saber o de las ciencias” (las raíces son los saberes fundamentales, el tronco: los sustentantes, y las ramas: las múltiples especialidades). Sin embargo, la unidad de este “árbol” va rompiéndose a medida que los saberes absolutizan su emancipación académica, especialmente manifestada a través de posturas que únicamente consideran útiles a las ciencias experimentales mientras que totalmente prescinden de las ciencias humanas.
Estos planteamientos dificultan gravemente el crecimiento personal del ser humano y el progreso de la sociedad. “¿Cómo dirigir la marcha de la historia ‒se pregunta Polosólo con las ciencias de la naturaleza? Estamos haciendo una sociedad sin saber quiénes somos y, por tanto, estamos haciendo una sociedad sin saber para quién. Pretender dirigir la historia con esa ignorancia es un disparate”. La consecuencia inmediata de este reduccionismo en el ámbito académico es la pérdida de interdisciplinariedad entre ciencias, despreciándose así el carácter vertebrador del conocimiento humano ejercido por la Universidad. Precisamente esta falta de unidad resulta uno de los principales motivos que ha arrastrado a la actividad universitaria a su actual estado de crisis, provocando su transformación en lo que Polo llama una “pluriversidad”.
A la Filosofía y a su amorosa intencionalidad de buscar la verdad el profesor Polo encomienda la tarea de restaurar la unidad perdida del “árbol de las ciencias” ‒en donde metafóricamente se contiene el saber superior cultivado por la Universidad‒ y la de recuperar la inicial interdisciplinariedad entre los saberes.
El bien objetivo con el que la Universidad enriquece a la humanidad es el saber superior: “la cumbre del saber heredado”, que es resultado de una “larga y fecunda acumulación del saber logrado a lo largo de la historia”, y que “nunca está terminado”. Polo asigna a la Universidad una función directora sobre la vida de la persona y de la sociedad: el acceso a los saberes universitarios está totalmente justificado, pues por medio de él con mayor facilidad se podrá “evitar que la sociedad se estropee y acabe siendo ingobernable”.
Además, a la Universidad le corresponde la genuina misión de desarrollar prioritariamente el saber superior, esto es: continuar buscando la verdad e incrementar los saberes humanos (investigación), y luego tras esta primera tarea, también la de enseñarla (trasmisión) y la de extenderla a la sociedad (extensión universitaria). Conviene puntualizar que la labor de la Universidad no se limita a una cuestión de enseñanza: sería una pretensión estéril relegar la actividad universitaria a ser únicamente la cúspide del itinerario de una educación reglada.
Tras el convencimiento universitario que busca verdades existe una ética, que no admite la mentira en la propia vida de la persona. Recordando el versículo evangélico: “la verdad, os hará libres” (Jn 8, 32), Polo afirma que “la Universidad cumple su gran tarea para con la sociedad, formando hombres útiles, cuya utilidad se puede medir, sobre todo, en términos de verdad”. No hay que despistarse: la búsqueda de la verdad es el fin primario de la Universidad: Sin búsqueda de verdades superiores, no hay Universidad.
La Universidad necesita enseñar a sus alumnos a “ser universitario”, pues quien realmente sabe lo qué es ser universitario ése hace Universidad, tanto en el propio centro universitario como fuera de él. Todo alumno durante su paso por la universidad debiera experimentar cómo la Universidad efectivamente pasa por él. Éste es el objetivo que se ha de perseguir: prepararse para ser universitario “de por vida”.
“Ser universitario” es aprender a pensar, adquirir criterios propios, emplear la propia libertad responsablemente, saber tomar decisiones. “Ser universitario” se caracteriza por “estar en el extremo del saber”, y para lograrlo se ha de estudiar “sin parar, estudiando hasta que uno se muera”. “Ser universitario” requiere de “una gran paciencia” para no caer en el pesimismo ni en la desilusión, porque se trata “de dedicarse de por vida a la Universidad”, de entregarse a la búsqueda de la verdad.
Concluyendo. La superación de la crisis de la Universidad pasa por recuperar prioritariamente la unidad de sus saberes desde su misión de buscar la verdad, y por inocular eficientemente entre sus alumnos el “espíritu universitario”. Revertir esta situación se encuentra en cada uno de nosotros. Leonardo Polo recomienda: “no te limites a aprovecharte de la universidad; decídete a serla tú mismo”, así que sin demora te invito: ¡decídete a ser Universidad!".

 
Una versión completa de la comunicación aparecerá publicada en las actas de este XVIII Congreso Católicos y Vida Pública. Si tienes interés escríbeme y te la enviaré. Y, por supuesto, acepto con sumo gusto tus valoraciones.
 
En la Universidad CEU San Pablo de Madrid, a 11 de noviembre de 2016.

sábado, 23 de julio de 2016

Acciones, no lamentos. Pautas para la vida pública. Curso de verano de la ACdP en Santander 2016

Los días 22 y 23 de julio de 2016 se celebró el curso de verano de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), que tradicionalmente tiene lugar en el seminario diocesano de Monte Corbán de la ciudad de Santander, este año titulado Acciones, no lamentos. Pautas para la vida pública, y dirigido por el secretario general de la ACdP, don Antonio Rendón-Luna y de Dueñas

Quiero destacar seguidamente algunos de los momentos en los que tuve el honor de participar. Para una crónica completa y un buen número de fotografías puedes pinchar aquí.

Ana González Pescador, Carlos Romero Caramelo, monseñor Manuel Sánchez Monge, Alfredo Alonso.




El viernes día 22 de julio intervine en el acto de inauguración, en una mesa presidida por don Carlos Romero, presidente de la ACdP y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, acompañado de monseñor Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander, y de  doña Ana María González Pescador, concejal y teniente de alcalde del excelentísimo ayuntamiento de Santander. Estas fueron mis palabras de bienvenida a los asistentes venidos de toda nuestra geografía española:


"Gracias presidente. En primer lugar darles a ustedes la bienvenida a Santander, y disculpar la presencia en esta mesa de don Antonio Rendón-Luna, nuestro secretario general y director de estas jornadas estivales de formación de la ACdP.
Mi papel como secretario de Centro, como la de años precedentes, se dirige a colaborar en todo aquello que la secretaría general precise para las sesiones académicas, y también las de convivencia entre propagandistas, resulten lo más provechosas posibles. Así que si en algo les puedo ayudar no duden en decírmelo.
Este “curso de verano”, que lleva por título Acciones, no lamentos. Pautas para la vida pública es un llamamiento a cada uno de todos ustedes, hermanos propagandistas, a ser realistas y a que pisemos el suelo que marca la actualidad social, pues sólo así podremos vivir el momento presente tan necesitado como está de nuestra eficaz inoculación de principios y de criterios, y de ese buen hacer que los hombres de espíritu con capacidad de dirección saben imprimir entre sus coetáneos.
Aunque ciertamente podríamos pararnos a deleitarnos y regodearnos en lamentarnos, y en señalar solamente aquello que no nos parece acerado, sin poner además nada de nuestra parte para arreglarlo y reconducirlo, ésta actitud, en rigor, es un comportamiento pesimista, quietista y que no conduce a nada.
Sin embargo, el propagandista no es una persona así. Si no que actúa con positividad siendo sus acciones orientadas por una finalidad que tiene su horizonte en las pautas enseñadas en el Evangelio, siempre luminoso y esperanzador.
Cómo habrán podido comprobar en el programa, se abordarán diversas temáticas de la vida pública: el ámbito natural en el que se desenvuelve el propagandista. Así, se repasarán nociones y se adquirirán herramientas sobre economía, actualidad social, mass media, acción social, Doctrina Social de la Iglesia y acción política. En esto, y en mucho más ha de estar un propagandista.
Confío en que sus expectativas no quedarán defraudadas".

El sábado día 23 de julio la actividad académica de las jornadas de formación de la ACdP se trasladó a Mazcuerras -reconocido como uno de los "pueblos más bonitos de Cantabria"-, allí los alumnos fueron recibidos en la casa gótica, en donde se ofreció un recorrido por la interesante y bella arquitectura civil de este municipio a cargo del historiador local don Francisco Javier González Rebanal, autor del libro Pedro Fernández Campa y su  proyecto en Mazcuerras.
A continuación se celebró la segunda y última mesa redonda programada del curso de verano: Reverdecer la acción política actual, ¿un reto imposible?, compuesta por don José Peña González, catedrático emérito de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo CEU, don Javier Puente Redondo, ingeniero y exdiputado en Cortes en la X Legislatura, y don Ildefonso Calderón Ciriza, médico y diputado en el Parlamento de Cantabria, y moderada en esta ocasión por mi. A modo de introducción dirigí las siguientes reflexiones (omito las presentaciones de los ponentes):
Momento del intenso debate de la mesa redonda en la Casa Gótica del Ayuntamiento de Mazcuerras.




"Buenas tardes. En primer lugar dar las gracias al Excmo. Ayto. de Mazcuerras por la generosa y cálida acogida que ofrece hoy a la ACdP en ésta su casa gótica.
Llegamos al último de los actos académicos de estas jornadas estivales de formación de la ACdP. Tras repasar otros ámbitos de actuación propios de la vida pública, nos vamos a centrar en la acción política, una dedicación definida recientemente por el papa Francisco como “una de las formas más altas de caridad”.
Hace unas semanas, en otro foro académico –al menos tan respetable e ilustre como éste-, un importante dirigente de un histórico partido político español desahogaba su ideologizada falta de altura de miras afirmando sin rubor alguno que “el catolicismo contamina la esencia del ser español”. Aseveraciones como éstas –si ustedes me lo permiten- denotan una notable falta de madurez histórica y una insondable ignorancia de la historia de nuestro país. Asimismo así resulta patente el obstinado objetivo de borrar de nuestra memoria el significativo papel que la Religión católica jugó en la edificación de lo que hoy por hoy todavía denominamos España, demonizando y desprestigiando mediáticamente a sus protagonistas.
Actitudes como éstas, sumadas a otros escandalosos comportamientos muy alejados de la prudente virtud política, están alejando a la “clase política” de la ciudadanía, provocando que pierdan el interés por lo público acabando en situaciones totalmente idiotas, si atendemos al riguroso significado etimológico griego.
La preocupación por “lo público” es una cuestión de primer orden y de primera necesidad. El monopolio de “lo político”, por parte de aquellos estrictamente ocupados en su propio interés particular en lugar del bien común, está causando que para la ciudadanía la política sea una actitud caduca y muy separada de sus prioridades reales.
Esta mesa redonda, lejos de posiciones pesimistas, quiere reflexionar si es posible reverdecer la acción política actual, y en tal caso cómo realizarlo.
Afortunadamente contamos con unos ponentes que, tanto pos sus conocimientos como por su experiencia, pueden ofrecernos sugerentes líneas de consideración y acertados criterios para refortalecer el tejido socio-político de España, tan necesitado de regeneración educativa, política e institucional".

Tras casi dos horas de interesantes reflexiones por parte de los ponentes y de un sugerente debate posterior a raíz de las atinadas preguntas de los presentes, llegó el momento del acto de clausura presidido conjuntamente por don Francisco Javier Camino Conde, alcalde de Mazcuerras, don Antonio Rendón-Luna, secretario general de la ACdP y director de estas Jornadas; antecediéndoles en el uso de la palabra expresé estas palabras de agradecimiento y de despedida:
A. Rendón, F. J. Camino y A. Alonso en la Casa Gótica del Ayuntamiento de Mazcuerras.


"Llegamos al término de la actividad académica de estas jornadas estivales de formación de la ACdP.
Es el momento de agradecer el abnegado trabajo de todas las personas que han participado en su desarrollo. Gracias a los ponentes, a sus presentadores y a los moderadores de mesa. Gracias al buen hacer de la secretaría general, y a nuestro secretario general y director de estas Jornadas, don Antonio Rendón-Luna. Yo, como secretario del Centro de Santander, he intentado colaborar en lo que se me ha pedido, como así realicé en ediciones anteriores.
Y, gracias a ustedes especialmente. Sin su asistencia y activa participación este curso de verano, este encuentro –marcado por la altura de miras y una clara vocación de servicio por el bien común- no cumpliría su finalidad, a saber: ampliar nuestra formación e incrementar nuestra unidad asociativa, un objetivo de primera necesidad dentro de nuestra organización.
Quiero rescatarles un breve fragmento de la oración fúnebre dirigida por Ángel Herrera Oria, ya obispo de Málaga, durante el funeral de nuestro fundador: el padre Ángel Ayala, que considero recobra su actualidad en el momento presente. Dice en aquel momento monseñor Herrera Oria:

“En el desorden de principios de siglo [XX], nada le entristecía tanto [al padre Ayala] como la inacción de los católicos, más dados a la crítica y a la murmuración que a la acción eficaz y profunda”.

Es el momento para la acción, compañeros propagandistas. Ésta es la consigna que Ángel Herrera entrega esta tarde a cada uno de todos nosotros.
Aunque nuestra acción ha de estar precedida y acompañada por los siempre necesarios momentos de oración, si queremos que nuestra acción sea eficaz y eficiente.
Además, nuestra acción –nos recomienda Herrera- no puede realizar concesiones al pesimismo ambiental, el cual arrastra a la crítica fácil y a las quejas.
Confío que ya a la vuelta, en sus respectivas ciudades, enardecidos sus corazones y estimuladas sus voluntades, trasladen este sano propósito y positiva actitud ante la ingente labor apostólica que nos trae el día a día dentro de nuestra participación en la vida pública.
Lo repito una vez más: Acciones, no lamentos. Buen viaje".

Aprovechando nuestra presencia en Mazcuerrras, alumnos y ponentes nos acercamos al monumento que en esta localidad se erige en honor a los foramontanos, aquellos que en tiempo de La Reconquista demostraron la valentía de partir a repoblar el resto de la península Ibérica (en este mismo blog le dedicamos un post en octubre de 2012), por lo que con orgullo puede decirse: "Hispania hic íncipit - Aquí comienza España".
Participantes de las jornadas de formación de la ACdP ante el monumento de los foramontanos (Mazcuerras).










miércoles, 29 de junio de 2016

Europa, vocación y destino de España, por Dr. Marcelino Oreja Aguirre. Conferencia ACdP Santander - Aula Ángel Herrera Oria

El Ateneo de Santander acogió el miércoles 29 de junio de 2016 la conferencia organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP): Europa, vocación y destino de Europa, impartida por el propagandista Marcelino Oreja Aguirre, ex ministro de Asuntos Exteriores y actual presidente del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo CEU.


El presidente del Ateneo Manuel Ángel Castañeda ofreció la bienvenida al nutrido público congregado que superó las 190 personas, entre las que se encontraban el obispo de Santander monseñor Manuel Sánchez Monge, el comandante naval de Santander, el director de la sección de Desarrollo Rural de la Fundación Botín, representantes de las delegaciones diocesanas de Apostolado Seglar y de Familia y Vida, y miembros de la junta directiva del Ateneo, del Centro de Estudios Montañeses, de la Fundación Torres Quevedo y de la Real Sociedad Menéndez Pelayo.

M. A. Castañeda, M. Oreja, mons. M. Sánchez y A. Alonso

Tras presentación realizada por el consejero nacional y secretario del Centro de Santander de la ACdP Alfredo Alonso García -que se incorpora más abajo-, el conferenciante comenzó desgranando el título de su ponencia, justificando con sólidos argumentos tanto históricos como políticos el genuino engarce de España con Europa y viceversa.

Al hilo de su exposición se detuvo singularmente en la figura de Ángel Herrera Oria, a la sazón primer presidente de la ACdP, para destacar su indudable "carácter europeizador" -al decir de Pedro Laín Entralgo-, un firme convencimiento que procuró irradiar en las múltiples obras que promovió durante su vida.

Marcelino Oreja, haciéndose eco de la actualidad política europea, ofreció al atento auditorio una rigurosa reflexión a propósito de la reciente decisión del Reino Unido de separarse de la Unión Europea: el brexit. Todo ello suscitó un animado coloquio posterior, finalizando la conferencia con un prolongado aplauso.


Siguen a continuación las palabras de presentación del ponente:



"Buenas tardes. Giovanni Reale a lo largo de su libro Las raíces culturales y espirituales de Europa (Herder, 2003)presenta persuasivos y sólidos argumentos de la profunda necesidad de que Europa inicie cuánto antes un nuevo proceso de “renacimiento”: un proceso que permita al ciudadano europeo de hoy redescubrir sus orígenes y reconocer la grandeza del legado del cual es directo custodio, a saber: la filosofía griega, el derecho romano y la fe en Jesucristo. Además, cualquier manifestación de repulsa a tan magna herencia -subraya el eminente filósofo italiano-, representa una clara negación del esperanzador horizonte que siempre ha enarbolado el común proyecto de Europa.

Al hilo de estas ideas, permítanme recuperar la figura de un paisano nuestro: el santanderino Ángel Herrera Oria, a la sazón primer presidente de nuestra asociación: la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).
Ángel Herrera fue muy consciente del relevante papel de Europa y lo que ella representaba para España, una postura que reconoció públicamente Pedro Laín Entralgo, quien destacó de él ‒entre otras facetas‒ su “carácter europeizador”.
Veamos dos fragmentos de sus pensamientos que ejemplifican este convencimiento.
El 22 de enero de 1926 durante un discurso en el Centro escolar y mercantil de Valencia, Herrera Oria mientras desgranaba nuestra tradición histórica expuso que “España, en los siglos XV y XVI, fue grande porque actuó con un espíritu verdaderamente europeo”.
Y, un par de años después, el 8 de diciembre de 1928 el Centro de Cádiz de la ACdP celebró un círculo de estudios extraordinario en la Academia de Santa Cecilia de la ciudad gaditana, entre los ponentes, su presidente, Ángel Herrera, quién se dirigió al auditorio con una charla titulada Una cultura unánime y total; en ella se incidió en la necesidad de la formación de personas selectas con capacidad de dirección. Cito un extracto:

“Pocas cosas hacen tanta falta como una minoría selecta, unida por un pensamiento claro y común sobre puntos fundamentales. Hay que volver a reconstruir algo […] hoy perdido: una cultura unánime y total. No nos damos cuenta del enorme sentido social y expansivo que tenían las cosas todas, cuando Europa tenía un mismo lenguaje espiritual, una misma cultura cristiana. Hoy las almas hablan lenguaje diferente. Entre espíritus que piensan de modo vario y distinto acerca de las nociones fundamentales autoridad, familia, religión, patria– no hay diálogo posible […] es preciso empezar por el principio, por reconquistar lo perdido, por reconstruir la claridad de las nociones”. Hasta aquí las palabras de Herrera Oria.

La actualidad vuelve a poner a Europa en nuestros labios, invitándonos a repensar el ser de Europa, cómo fortalecerla y qué direccionalidad ha de tomar la común alianza entre los países que la conforman.
Así pues, el Centro de Santander de la ACdP se honra en presentar esta tarde a una persona que con su pausada reflexión y eficaz acción puede irradiar luz sobre estas cuestiones y otras muchas más: me refiero a don Marcelino Oreja Aguirre, a quien agradezco profundamente el que haya aceptado nuestra invitación. Nos encontramos ante una persona de una excepcional trayectoria profesional y sobre todo humana, jalonado de múltiples méritos, permítanme reseñar tan solo unos pocos de ellos.
Don Marcelino es licenciado y doctor en Derecho. Ademáses doctor honoris causa por las Universidades de Zaragoza y de Sevilla. Diplomático de carrera, actualmente con la máxima categoría: Embajador de España. Ha sido ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de UCD de Adolfo Suárez, de feliz memoria (1976-1980).
Nuestro ponente resulta un profundo conocedor de lo que significa la construcción de la moderna Europa, como ponen de manifiesto algunas de estas responsabilidades y reconocimientos, a modo de ejemplo: Secretario General del Consejo de Europa; europeo del Año por la Fundación Europea de la Ciencia del Arte y de la Cultura en el Palacio del Senado de la República Francesa; presidente de la Comisión Mixta Congreso-Senado en la Cortes Generales para Asuntos Europeos; parlamentario europeo y presidente de la Comisión Institucional del Parlamento; asimismo, miembro de la Comisión de las Comunidades Europeas, responsable de Transporte y Energía en calidad de comisario europeo; profesor titular de la Cátedra Jean Monnet de Instituciones Europeas en la Universidad Complutense de Madrid.
También pertenece a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que ha sido su presidente, y actualmente su presidente de Honor.
No está de más señalar que esta misma mañana ha recibido la medalla de honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). 
En la actualidad preside el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo.
Finalmente, ha de decirse que don Marcelino también es propagandista, lo que supone todo un orgullo para nuestra Asociación contar con su persona. Resulta un auténtico ejemplo a seguir por los que somos más jóvenes porque en él se conjuga el ideal perfilado por Ángel Herrera Oria: ser hombres de acción con espíritu sobrenatural de la realidad.
Europa, vocación y destino de España. Éste es el título de la ponencia que esta tarde les ofrecemos. Don Marcelino, suya es la palabra".


Como ha quedado dicho más arriba, don Marcelino recibió esta misma mañana la medalla de honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, acto al cual asistí y que contó con la presencia del ministro de Educación don Íñigo Méndez de Vigo.

En Santander, a 29 de junio de 2016.


sábado, 28 de mayo de 2016

Adquirir criterios, vivir valores: retos de la educación. VI Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria


Santander acogió los días 27 y 28 de junio de 2016 las VI Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria bajo el título: “Adquirir criterios, vivir valores: retos de la educación”, actividad organizada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Fundación Universitaria San Pablo CEU.
La tarde del viernes 27 arrancó con la visita guiada del IES Santa Clara ‒institución educativa de referencia en Cantabria que este año cumple su primer centenario‒, en cuyo emblemático paraninfo se inauguraron las Jornadas por parte de su director, Rafael Ortega Benito, y por Alfredo Alonso García, consejero nacional y secretario del Centro de Santander de la ACdP (incluyo a continuación mi intervención).

"Buenas tardes. Nuestra sociedad española durante estos últimos años acumula experiencia de lo que supone sufrir en sus “propias carnes” la gravedad de la crisis económica. Y parece que el hecho de salir de ella, todavía a pesar de nuestro tenaz empeño, se nos está resistiendo.
Esta debacle de la economía global es consecuencia de una crisis de mucha mayor profundidad, desencadenada ‒entre otras causas‒ por “cantos de sirena” lanzados por el relativismo que ha logrado seducir a nuestra actual sociedad contemporánea, inoculándola sutilmente afirmaciones que propugnan la inexistencia de principios absolutos y el “todo es lo mismo”, y erigiéndose además como la manera de pensar “de moda”, sin posibilidad de que ningún otro tipo de pensamiento se le oponga, siempre que no quiera salirse de lo “políticamente correcto”.
Consecuentemente el relativismo ‒auténtica “filosofía de la sospecha”‒ ha provocado una notoria ausencia de criterios y de valores personales a cambio de la ilusoria conquista de una mayor “libertad”.
Consciente de la necesidad de imprimir un cambio de rumbo en el devenir de nuestro tiempo, el sentir unánime de nuestra sociedad considera que la educación resulta una tarea no solo importante, sino también urgente.
Esta clarividencia de la ciudadanía “de a pie” contrasta con la paradójica “ceguera” de dirigentes políticos para abordar con seriedad la dirección y gestión efectiva del entramado de la enseñanza en España.
Así queda manifiesta su incapacidad de entablar el necesario diálogo para resolver esta cuestión ‒como se ha podido comprobar hasta ahora y a pesar de llamarse “políticos”‒, al encontrarse “entretenidos” en sus intereses partidistas, sociológicamente lejos de “arrimar el hombro” ante la clamorosa demanda de padres y de docentes de un único y común modelo educativo que resuelva el problema de raíz.
Este panorama solo puede ser transformado por la riqueza que es capaz de transmitir la educación familiar y docente.
La unión de familia y “la escuela” es el genuino ámbito donde promover la conformación de principios que den sentido a la vida y de maduras pautas de actuación, cultivar las facultades intelectuales, desarrollar la capacidad del recto juicio y de una ética-moral, prepararse para la vida personal y laboral, etcétera.
La familia, en su calidad de primera comunidad social y de primera escuela, merece un especial reconocimiento.
Dentro de la familia se enseñan y se transmiten criterios y valores culturales, éticos, sociales y espirituales, se reciben los primeros afectos y seguridades, y se adquieren las primeras nociones sobre la verdad y el bien.
Todo esto resulta tan necesario como útil para estimular el crecimiento de nuestro ser personal y para comenzar a tomar contacto con el natural proceso de socialización, al que por naturaleza estamos llamados, ya que interactuar en sociedad forma parte de nuestra manera de ser.
La importancia de “la escuela” no desplazarse a un segundo plano. Nuestra civilización mantiene su progreso y su esperanza gracias a la inestimable labor de maestros y profesores de todos los niveles (colegios, institutos, universidades), y que diariamente se entregan dedicados al esmero y promoción de la formación humana y profesional de sus alumnos.
Así, la actual sociedad española se encuentra ante la crucial misión de preparar a las personas que la conforman: dotándoles de criterios y facilitándoles la adquisición de valores que permitan a hombres y mujeres vivir plenamente en libertad y sin determinantes, sin dejar por ello de reconocerse su dimensión transcendente por medio de su fe y como parte integrante natural de la persona humana.
Todos estos aspectos representan los más inmediatos retos y objetivos que a la educación se le presentan y que, en síntesis, se perfilan en torno a la formación integral de la persona.
Se vislumbra la urgente necesidad de que la comunidad educativa (padres, docentes, Administración…) reflexione y actúe cómo mejorar realmente la calidad de nuestro sistema educativo y, en consecuencia, cómo alcanzar la anhelada excelencia de los estudiantes (a la postre futuros trabajadores).
Estos desafíos han de afrontarse con rigor porque nos afectan más directamente de lo que nos creemos, motivo por el que la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU quiere invitarles en esta sexta edición de las Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria a reflexionar pausadamente para una posterior eficaz actuación, a propósito de la trasmisión y adquisición de criterios y de valores, pues bien merece que no nos demoremos más, por el bien de nuestro presente pero también de nuestro futuro, sabiendo que la responsabilidad de educar y de buscar el bien común de la sociedad es una labor de todos. Muchas gracias".

Tras el acto de inauguración se disfrutó de una magistral y sugerente conferencia inaugural: “Encrucijada de la educación actual: entre el vértigo y la esperanza”, que impartió el catedrático de Filosofía de IES y consejero titular del Consejo Escolar del Estado Juan Antonio Gómez Trinidad, presentado por Antonio de los Bueis Güemes, profesor de Filosofía del propio IES Santa Clara. El evento contó con una participación de personas mayoritariamente relacionadas con la educación, con la destacada asistencia de representantes de partidos políticos, de la directora del área de Alta Inspección de Educación de la Delegación del Gobierno en Cantabria y del delegado diocesano de Apostolado Seglar.

Las Jornadas prosiguieron al día siguiente 28 de mayo con una Eucaristía presidida por el obispo de Santander, monseñor Manuel Sánchez Monge, en la parroquia de Santa Lucía: templo donde fue bautizado el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, a la sazón primer presidente de la ACdP.

Seguidamente los actos se trasladaron al Ateneo de Santander, allí Francisco Sierra Fernández ‒intérprete de Lengua de Signos de IES‒ presentó al escritor y profesor de Antropología Filosófica de la Universidad de Navarra José Ramón Ayllón Vega, quien entusiasmó al auditorio allí congregado confiándole sus “Diez claves para la educación”.

Terminadas las dos ponencias llegó el momento para el debate, protagonizado por las mesas redondas que moderó Javier Almagro García, socio del Centro de Santander de la ACdP. La primera mesa reflexionó sobre los desafíos que se le ofrece a la actividad educativa vistos desde la óptica de los reconocidos profesionales docentes que integraban la mesa: Mª Rosa Blanco Castañeda -directora del Colegio Cumbres-, José Manuel Cabrales Arteaga -director del IES José Mª Pereda- y Fernando Etayo Gordejuela -profesor titular de la Universidad de Cantabria-.

La segunda mesa redonda estuvo compuesta por representantes de la comunidad educativa (Administración, docentes, padres): Roberto González González ‒jefe de la Unidad Técnica de Innovación Educativa del Gobierno de Cantabria‒, José Manuel Ruiz Varona ‒director del CEP Cantabria‒, Carmen López-Rendo Rodríguez ‒secretaria general de la CONCAPA Cantabria‒ y Mª Victoria Venero Gómez ‒presidenta de Escuelas Católicas Cantabria‒. Sus intervenciones, desde el rigor de sus respectivos ámbitos, ofrecieron propuestas para mejorar la práctica educativa, suscitando entre los presentes un animado coloquio, centrado principalmente en casos de nuestra Comunidad Autónoma así como en la importancia de la conformación de buenos y competentes equipos directivos que sepan conducir y armonizar la siempre compleja tarea educativa.

Las Jornadas quedaron clausuradas con las intervenciones de Rafael Ortega y de Alfredo Alonso, y con la lectura de un MANIFIESTO que reafirma el compromiso de la ACdP con la Educación, teniendo en la familia y en “la escuela” el genuino ámbito donde estimular el desarrollo de criterios y de vivir valores, sabiendo que la responsabilidad de educar y de buscar el bien común de la sociedad es una labor de todos.


MANIFIESTO DEL CENTRO DE SANTANDER DE LA ACdP TRAS LAS VI JORNADAS CyVP EN CANTABRIA DEDICADAS A EDUCACIÓN

El Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), de la que fuera su primer presidente un santanderino: el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, tras la celebración en esta ciudad los días 27 y 28 de mayo de las VI Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria, dedicadas a la siempre importante temática de la educación bajo el título: Adquirir criterios, vivir valores: retos de la educación, manifiesta que:
- La actual sociedad española -inmersa todavía en las consecuencias de una debacle económica de carácter global- se encuentra ante la existencia de una crisis de aún mayor profundidad: una crisis de principios y de valores personales, de la que se puede recuperar si se fortalece la perenne riqueza de la tarea educativa familiar y docente.
- La familia y “la escuela” (colegios, institutos, universidades) es el genuino ámbito donde promover la conformación de principios que den sentido a la vida, cultivar las facultades intelectuales, desarrollar la capacidad del recto juicio y de una ética-moral, y prepararse para la vida personal y laboral.
- Nos encontramos ante la crucial misión de preparar personas, de dotar de criterios y de facilitar la adquisición de valores que permitan a hombres y mujeres vivir plenamente en libertad y sin determinantes, sin dejar por ello de reconocerse su particular dimensión transcendente, por medio de su fe y como parte integrante natural de la persona humana.
- Nuestro compromiso con la sociedad cántabra, y por extensión también con la española, nos mueve a estimular toda actividad que transmita el desarrollo de criterios y de vivir valores; una labor que bien merece no demorarla más, por el bien de nuestro presente pero también de nuestro futuro, sabiendo que la responsabilidad de educar y de buscar el bien común de la sociedad es una labor de todos.


En Santander, a 28 de mayo de 2016.

sábado, 21 de mayo de 2016

Adquirir criterios, vivir valores: retos de la educación

"Nuestra sociedad española desde hace ya unos cuantos años ha sufrido en sus “propias carnes” como un auténtico drama social la gravedad de la crisis económica, y parece que salir de ella todavía se nos resiste. Esta debacle de la economía no ha sido sino consecuencia de una crisis de mucho mayor calado: la sociedad contemporánea seducida por los cantos de sirena del relativismo, que propugna tanto la inexistencia de principios absolutos como el “todo es lo mismo”, consecuentemente desembocando en una notoria ausencia de criterios y de valores personales a cambio de la ilusoria conquista de una mayor “libertad”.

Consciente de la necesidad de imprimir un cambio de rumbo en el devenir de nuestro tiempo, el sentir unánime actual de la sociedad considera que la educación resulta una tarea no solo importante sino también urgente. La clarividencia de la ciudadanía “de a pie” contrasta con la paradójica “ceguera” de dirigentes políticos para abordar con seriedad la dirección y gestión efectiva del entramado de la enseñanza en España, quedando manifiesta su incapacidad de entablar el más mínimo diálogo para resolver esta cuestión ‒como se ha podido comprobar hasta ahora y a pesar de llamarse “políticos”‒, al encontrándose “entretenidos” en sus intereses partidistas y sociológicamente lejos de “arrimar el hombro” ante la clamorosa demanda de padres y de docentes de un único y común modelo educativo que resuelva el problema de raíz.

Este panorama solo puede ser transformado por la riqueza que es capaz de transmitir la educación familiar y docente. La unión de familia y “la escuela” es el genuino ámbito donde promover la conformación de principios que den sentido a la vida y de maduras pautas de actuación, cultivar las facultades intelectuales, desarrollar la capacidad del recto juicio y de una ética-moral, prepararse para la vida personal y laboral, etcétera. La familia merece un especial reconocimiento, en su calidad de primera comunidad social y de primera escuela: dentro de ella se enseñan y se transmiten criterios y valores culturales, éticos, sociales y espirituales, se reciben los primeros afectos y seguridades, y se adquieren las primeras nociones sobre la verdad y el bien. Todo esto resulta tan necesario como útil para estimular el crecimiento de nuestro ser personal y para comenzar a tomar contacto con el natural proceso de socialización al que por naturaleza estamos llamados, ya que interactuar en sociedad forma parte de nuestra manera de ser. La importancia de “la escuela” no se puede desplazar a un segundo plano. Nuestra civilización mantiene su progreso y su esperanza gracias a la inestimable labor de maestros y profesores de todos los niveles (colegios, institutos, universidades), que diariamente se entregan dedicados al esmero y promoción de la formación humana y profesional de sus alumnos.

Así, la actual sociedad española se encuentra ante la crucial misión de preparar a las personas que la conforman: dotándoles de criterios y facilitándoles la adquisición de valores que permitan a hombres y mujeres vivir plenamente en libertad y sin determinantes, sin dejar por ello de reconocerse su dimensión transcendente por medio de su fe y como parte integrante natural de la persona humana. Todos estos aspectos representan los más inmediatos retos y objetivos que a la educación se le presentan y que, en síntesis, se perfilan en torno a la formación integral de la persona. Estos trascendentales desafíos han de afrontarse con rigor porque nos afectan más directamente de lo que nos creemos. Sin ir más lejos y como ejemplo desde donde realizar analogías, estos días pasados la Encuesta de Población Activa (EPA) revelaba el incremento de la tasa de abandono educativo temprano en Cantabria. Aunque el dato concreto se encuentra por debajo de la media española, a todas luces no es ni mucho menos para alegrarse sino que cualitativamente resulta negativo para el ámbito de la enseñanza en nuestra Comunidad Autónoma. Sin embargo, no es el momento de lamentos ni de acusaciones enfrentadas. Aceptemos esa vicisitud pero no nos conformemos con ella. Pasemos seriamente a la acción y pongamos los medios para comenzar cambiarla ya, y si son eficientes los frutos se verán en un futuro inmediato.

Se vislumbra la urgente necesidad de que la comunidad educativa (padres, docentes, Administración…) reflexione y actúe cómo mejorar realmente la calidad de nuestro sistema educativo y, en consecuencia, cómo alcanzar la anhelada excelencia de los estudiantes (a la postre futuros trabajadores). Definitivamente, la trasmisión y adquisición de criterios y de valores bien merece que no nos demoremos más, por el bien de nuestro presente pero también de nuestro futuro, sabiendo que la responsabilidad de educar y de buscar el bien común de la sociedad es una labor de todos".


Tribuna libre publicada en El Diario Montañés el 9 de junio de 2016:


Los próximos días 27 y 28 de mayo en Santander tendrán lugar las VI Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria, precisamente dedicadas a la educación, organizadas por la ACdP y por la FUSP-CEU:

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Todo tiempo dedicado a educación, siempre es tiempo invertido en beneficio del progreso de nuestro presente y de nuestro futuro. Su atractivo programa no puede menos que estimular nuestra participación en estas Jornadas. No dejes de saludarme si te fuera posible asistir.

En Torrelavega, a 21 de mayo de 2016.