"Nuestra sociedad española desde hace ya unos cuantos
años ha sufrido en sus “propias carnes” como un auténtico drama social la gravedad
de la crisis económica, y parece que salir de ella todavía se nos resiste. Esta
debacle de la economía no ha sido sino consecuencia de una crisis de mucho
mayor calado: la sociedad contemporánea seducida por los cantos de sirena del
relativismo, que propugna tanto la inexistencia de principios absolutos como el
“todo es lo mismo”, consecuentemente desembocando en una notoria ausencia de
criterios y de valores personales a cambio de la ilusoria conquista de una
mayor “libertad”.
Consciente de la necesidad de imprimir un cambio de
rumbo en el devenir de nuestro tiempo, el sentir unánime actual de la sociedad considera
que la educación resulta una tarea no solo importante sino también urgente. La
clarividencia de la ciudadanía “de a pie” contrasta con la paradójica “ceguera”
de dirigentes políticos para abordar con seriedad la dirección y gestión
efectiva del entramado de la enseñanza en España, quedando manifiesta su
incapacidad de entablar el más mínimo diálogo para resolver esta cuestión ‒como
se ha podido comprobar hasta ahora y a pesar de llamarse “políticos”‒, al
encontrándose “entretenidos” en sus intereses partidistas y sociológicamente lejos
de “arrimar el hombro” ante la clamorosa demanda de padres y de docentes de un
único y común modelo educativo que resuelva el problema de raíz.
Este panorama solo puede ser transformado por la
riqueza que es capaz de transmitir la educación familiar y docente. La unión de
familia y “la escuela” es el genuino ámbito donde promover la conformación de
principios que den sentido a la vida y de maduras pautas de actuación, cultivar
las facultades intelectuales, desarrollar la capacidad del recto juicio y de
una ética-moral, prepararse para la vida personal y laboral, etcétera. La
familia merece un especial reconocimiento, en su calidad de primera comunidad
social y de primera escuela: dentro de ella se enseñan y se transmiten
criterios y valores culturales, éticos, sociales y espirituales, se reciben los
primeros afectos y seguridades, y se adquieren las primeras nociones sobre la
verdad y el bien. Todo esto resulta tan necesario como útil para estimular el
crecimiento de nuestro ser personal y para comenzar a tomar contacto con el
natural proceso de socialización al que por naturaleza estamos llamados, ya que
interactuar en sociedad forma parte de nuestra manera de ser. La importancia de
“la escuela” no se puede desplazar a un segundo plano. Nuestra civilización mantiene
su progreso y su esperanza gracias a la inestimable labor de maestros y
profesores de todos los niveles (colegios, institutos, universidades), que
diariamente se entregan dedicados al esmero y promoción de la formación humana
y profesional de sus alumnos.
Así, la actual sociedad española se encuentra ante la
crucial misión de preparar a las personas que la conforman: dotándoles de
criterios y facilitándoles la adquisición de valores que permitan a hombres y
mujeres vivir plenamente en libertad y sin determinantes, sin dejar por ello de
reconocerse su dimensión transcendente por medio de su fe y como parte
integrante natural de la persona humana. Todos estos aspectos representan los
más inmediatos retos y objetivos que a la educación se le presentan y que, en
síntesis, se perfilan en torno a la formación integral de la persona. Estos trascendentales
desafíos han de afrontarse con rigor porque nos afectan más directamente de lo
que nos creemos. Sin ir más lejos y como ejemplo desde donde realizar analogías,
estos días pasados la Encuesta de Población Activa (EPA) revelaba el incremento
de la tasa de abandono educativo temprano en Cantabria. Aunque el dato concreto
se encuentra por debajo de la media española, a todas luces no es ni mucho
menos para alegrarse sino que cualitativamente resulta negativo para el ámbito
de la enseñanza en nuestra Comunidad Autónoma. Sin embargo, no es el momento de
lamentos ni de acusaciones enfrentadas. Aceptemos esa vicisitud pero no nos conformemos
con ella. Pasemos seriamente a la acción y pongamos los medios para comenzar
cambiarla ya, y si son eficientes los frutos se verán en un futuro inmediato.
Se vislumbra la urgente necesidad de que la comunidad
educativa (padres, docentes, Administración…) reflexione y actúe cómo mejorar realmente
la calidad de nuestro sistema educativo y, en consecuencia, cómo alcanzar la
anhelada excelencia de los estudiantes (a la postre futuros trabajadores). Definitivamente,
la trasmisión y adquisición de criterios y de valores bien merece que no nos
demoremos más, por el bien de nuestro presente pero también de nuestro futuro, sabiendo
que la responsabilidad de educar y de buscar el bien común de la sociedad es
una labor de todos".
Tribuna libre publicada en El Diario Montañés el 9 de junio de 2016:
Tribuna libre publicada en El Diario Montañés el 9 de junio de 2016:
Los próximos días 27 y 28 de mayo en Santander tendrán lugar las VI Jornadas Católicos y Vida Pública en Cantabria, precisamente dedicadas a la educación, organizadas por la ACdP y por la FUSP-CEU:
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Todo tiempo dedicado a educación, siempre es tiempo invertido en beneficio del progreso de nuestro presente y de nuestro futuro. Su atractivo programa no puede menos que estimular nuestra participación en estas Jornadas. No dejes de saludarme si te fuera posible asistir.
En Torrelavega, a 21 de mayo de 2016.
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