lunes, 6 de abril de 2009

Evangelium vitae. JPII (XIII): el amor por la vida del prójimo

Como en lunes pasados te traigo otro fragmento para nuestra formación de la carta encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que como sabes resalta el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de rabiosa actualidad y que no podemos dejar pasar por alto. Una vez más, el Papa Magno, a partir de un versículo del Génesis, reflexiona sobre el valor insustituible de la vida de los seres humanos que nos rodean. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!

«A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano» (Gn 9, 5): veneración y amor por la vida de todos

39.
La vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. Por tanto, Dios es el único señor de esta vida: el hombre no puede disponer de ella [a absoluto antojo]. Dios mismo lo afirma a Noé después del diluvio: «Os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana» (Gn 9, 5). El texto bíblico se preocupa de subrayar cómo la sacralidad de la vida tiene su fundamento en Dios y en su acción creadora: «Porque a imagen de Dios hizo Él al hombre» (Gn 9, 6).

La vida y la muerte del hombre están, pues, en las manos de Dios, en su poder: «El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre», exclama Job (Jb 12, 10). «El Señor da muerte y vida, hace bajar al Seol y retornar» (1S 2, 6). Sólo Él puede decir: «Yo doy la muerte y doy la vida» (Dt 32, 39).

Sin embargo, Dios no ejerce este poder como voluntad amenazante, sino como cuidado y solicitud amorosa hacia sus criaturas. Si es cierto que la vida del hombre está en las manos de Dios, no lo es menos que sus manos son cariñosas como las de una madre que acoge, alimenta y cuida a su niño: «Mantengo mi alma en paz y silencio como niño destetado en el regazo de su madre. ¡Como niño destetado está mi alma en mí!» (Sal 131 130, 2). (...).

40. De la sacralidad de la vida deriva su carácter inviolable, inscrito desde el principio en el corazón del hombre, en su conciencia [: por medio de la Ley natural inscrita en el corazón y el entendimiento de cada hombre]. (...), la experiencia de cada hombre [es que] en lo profundo de su conciencia siempre es llamado a respetar el carácter inviolable de la vida -la suya y la de los demás-, como realidad que no le pertenece, porque es propiedad y don de Dios Creador y Padre.

El mandamiento relativo al carácter inviolable de la vida humana ocupa el centro de las «diez palabras» de la alianza del Sinaí (cfr. Ex 34, 28). Prohíbe, ante todo, el homicidio (...); pero también condena (...) cualquier daño causado a otro. Ciertamente, se debe reconocer que en el Antiguo Testamento esta sensibilidad por el valor de la vida, aunque ya muy marcada, no alcanza todavía la delicadeza del Sermón de la Montaña, (...) el mensaje global, que corresponde al Nuevo Testamento llevar a perfección, es una fuerte llamada a respetar el carácter inviolable de la vida física y la integridad personal, y tiene su culmen en el mandamiento positivo que obliga a hacerse cargo del prójimo como de sí mismo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 19, 18).

41. El mandamiento «no matarás», incluido y profundizado en el precepto positivo del amor al prójimo, es confirmado por el Señor Jesús en toda su validez. (...).

Jesús explicita posteriormente con su palabra y sus obras las exigencias positivas del mandamiento sobre el carácter inviolable de la vida. Estas estaban ya presentes en el Antiguo Testamento, (...) (cfr. Ex 21, 22; 22, 20-26). Con Jesús estas exigencias positivas adquieren vigor e impulso nuevos y se manifiestan en toda su amplitud y profundidad: van desde cuidar la vida del hermano (familiar, perteneciente al mismo pueblo, extranjero que vive en la tierra de Israel), a hacerse cargo del forastero, hasta amar al enemigo. (...).

De este modo, el mandamiento de Dios para salvaguardar la vida del hombre tiene su aspecto más profundo en la exigencia de veneración y amor hacia cada persona y su vida. Esta es la enseñanza que el apóstol Pablo, haciéndose eco de la palabra de Jesús (cfr. Mt 19, 17-18), dirige a los cristianos de Roma: «(...). Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 10).

En Barcelona, Lunes Santo, a 6 de abril de 2009

jueves, 2 de abril de 2009

Evangelium vitae. JPII (XII): el don de la Vida eterna

Como en jueves anteriores, rescato un texto de la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de actualidad y que no podemos dejar pasar por alto. Hoy el Papa considera el don de la vida eterna, a la cual estamos llamados todos en razón de nuestra humana naturaleza y de nuestra fe en el Salvador. El valor de nuestra vida tiene un fundamento mayor cuando en ella consideramos su finalidad, a saber, la vida eterna. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!

«Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 26): el don de la vida eterna

37. La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida, que desde siempre está «en Él» y es «la luz de los hombres» (Jn 1, 4), consiste en ser engendrados por Dios y participar de la plenitud de su amor: «A todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios» (Jn 1, 12-13).

A veces Jesús llama esta vida, que Él ha venido a dar, simplemente así: «la vida»; y presenta la generación por parte de Dios como condición necesaria para poder alcanzar el fin para el cual Dios ha creado al hombre: «El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios» (Jn 3, 3). El don de esta vida es el objetivo específico de la misión de Jesús (cfr. Jn 6, 33. 8, 12) (...).

Todo el que cree en Jesús y entra en comunión con Él tiene la vida eterna, ya que escucha de Él las únicas palabras que revelan e infunden plenitud de vida en su existencia; son las «palabras de vida eterna» que Pedro reconoce en su confesión de fe: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68-69). (...).

38. Por tanto, la vida eterna es la vida misma de Dios y a la vez la vida de los hijos de Dios. Un nuevo estupor y una gratitud sin límites se apoderan necesariamente del creyente ante esta inesperada e inefable verdad que nos viene de Dios en Cristo. El creyente hace suyas las palabras del apóstol Juan: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! (...). Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1Jn 3, 1-2).

Así alcanza su culmen la verdad cristiana sobre la vida. Su dignidad no sólo está ligada a sus orígenes, a su procedencia divina, sino también a su fin, a su destino de comunión con Dios en su conocimiento y amor. (...).

De aquí derivan unas consecuencias inmediatas para la vida humana en su misma condición terrena, (...). Si el hombre ama instintivamente la vida porque es un bien, este amor encuentra ulterior motivación y fuerza, nueva extensión y profundidad en las dimensiones divinas de este bien. En esta perspectiva, el amor que todo ser humano tiene por la vida no se reduce a la simple búsqueda de un espacio donde pueda realizarse a sí mismo y entrar en relación con los demás, sino que se desarrolla en la gozosa conciencia de poder hacer de la propia existencia el «lugar» de la manifestación de Dios, del encuentro y de la comunión con El. La vida que Jesús nos da no disminuye nuestra existencia en el tiempo, sino que la asume y conduce a su destino último: «Yo soy la resurrección y la vida (...); todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 25.26).

En Barcelona, a 2 de abril de 2009.

lunes, 30 de marzo de 2009

Evangelium vitae. JPII (XI): el rostro del hombre, imagen de la gloria divina

Como en lunes anteriores, te rescato un fragmento de la encíclica Evangelium vitae (1995), que como sabes reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, para formar nuestro criterio respecto a este tema de rabiosísima actualidad y que no podemos dejar pasar por alto. El Papa Juan Pablo II Magno, una vez más medita un pasaje del las Sagradas Escrituras y nos regala una reflexión sobre la grandeza de la Vida del hombre. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!

«Llamados... a reproducir la imagen de su Hijo» (Rm 8, 28-29): la gloria de Dios resplandece en el rostro del hombre

34. La vida es siempre un bien. (...). ¿Por qué la vida es un bien? La pregunta recorre toda la Biblia, y ya desde sus primeras páginas encuentra una respuesta eficaz y admirable. La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente del polvo de la tierra (cfr. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103, 14. 104, 29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria (cfr. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6). (...). Al hombre se le ha dado una altísima dignidad, que tiene sus raíces en el vínculo íntimo que lo une a su Creador: en el hombre se refleja la realidad misma de Dios.

Lo afirma el libro del Génesis en el primer relato de la creación, poniendo al hombre en el vértice de la actividad creadora de Dios, como su culmen, al término de un proceso que va desde el caos informe hasta la criatura más perfecta. Toda la creación está ordenada al hombre y todo se somete a él (cfr. Gn 1, 28. 2, 15). Así se reafirma la primacía del hombre sobre las cosas, las cuales están destinadas a él y confiadas a su responsabilidad, mientras que por ningún motivo el hombre puede ser sometido a sus semejantes y reducido al rango de cosa.

En el relato bíblico, la distinción entre el hombre y las demás criaturas se manifiesta sobre todo en el hecho de que sólo su creación se presenta como fruto de una especial decisión por parte de Dios, de una deliberación que establece un vínculo particular y específico con el Creador: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (Gn 1, 26). La vida que Dios ofrece al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura. (...). [El libro del Eclesiástico] manifiesta no sólo su dominio [el del hombre] sobre el mundo, sino también las facultades espirituales más características del hombre, como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la voluntad libre (cfr. Eclo 17, 6). La capacidad de conocer la verdad y la libertad son prerrogativas del hombre en cuanto creado a imagen de su Creador, (...) (cfr. Dt 32, 4). (...).

Sólo la aparición de la mujer, es decir, de un ser que es hueso de sus huesos y carne de su carne (cf. Gn 2, 23), y en quien vive igualmente el espíritu de Dios creador, puede satisfacer la exigencia de diálogo interpersonal que es vital para la existencia humana. En el otro, hombre o mujer, se refleja Dios mismo, meta definitiva y satisfactoria de toda persona. (...). La gloria de Dios resplandece en el rostro del hombre. En él encuentra el Creador su descanso, como comenta asombrado y conmovido san Ambrosio: «Finalizó el sexto día y se concluyó la creación del mundo con la formación de aquella obra maestra que es el hombre, (...). Descansó al final en lo íntimo del hombre, descansó en su mente y en su pensamiento; en efecto, había creado al hombre dotado de razón, capaz de imitarle, émulo de sus virtudes, anhelante de las gracias celestes. En estas dotes suyas descansa el Dios que dijo: “¿En quién encontraré reposo, si no es en el humilde y contrito, que tiembla a mi palabra” (cfr. Is 66, 1-2). Doy gracias al Señor nuestro Dios por haber creado una obra tan maravillosa donde encontrar su descanso» (Exameron VI, 75-76).

En Barcelona, a 30 de marzo de 2009.

viernes, 27 de marzo de 2009

Que la vida es siempre breve y fugitiva. Quevedo

Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío,
el acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.

Antes que sepa andar el pie, se mueve
camino de la muerte, donde envío
mi vida oscura; pobre y turbio río,
que negro mar con altas ondas bebe.

Todo corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo.

Breve suspiro, y último, y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley, y no pena, ¿qué me aflijo?

Francisco de Quevedo

jueves, 26 de marzo de 2009

Evangelium vitae. JPII (X): la Vida es siempre un bien

Como en jueves anteriores, rescato para nuestra formación otro fragmento de la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que como sabes reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de rabiosísima actualidad y que no podemos dejar pasar por alto. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!

"Mi fortaleza y mi canción es el Señor. El es mi salvación" (Ex 15, 2): la vida es siempre un bien

31. En realidad, la plenitud evangélica del mensaje sobre la vida fue ya preparada en el Antiguo Testamento (...) (cfr. Ex 1, 15-22). La liberación de la esclavitud es el don de una identidad, el reconocimiento de una dignidad indeleble y el inicio de una historia nueva, en la que van unidos el descubrimiento de Dios y de sí mismo. (...).

De este modo, mientras Israel reconoce el valor de su propia existencia como pueblo, avanza también en la percepción del sentido y valor de la vida en cuanto tal. Es una reflexión que se desarrolla de modo particular en los libros sapienciales, partiendo de la experiencia cotidiana de la precariedad de la vida y de la conciencia de las amenazas que la acechan. Ante las contradicciones de la existencia, la fe está llamada a ofrecer una respuesta.

El problema del dolor acosa sobre todo a la fe y la pone a prueba. ¿Cómo no oír el gemido universal del hombre en la meditación del libro de Job? El inocente aplastado por el sufrimiento se pregunta comprensiblemente: «¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma, a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro?» (Jb 3, 20-21). Pero también en la más densa oscuridad la fe orienta hacia el reconocimiento confiado y adorador del «misterio»: «Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable» (Jb 42, 2).

Progresivamente la Revelación lleva a descubrir con mayor claridad el germen de vida inmortal puesto por el Creador en el corazón de los hombres: "El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones" (Ecl 3, 11). Este germen de totalidad y plenitud espera manifestarse en el amor, y realizarse, por don gratuito de Dios, en la participación en su vida eterna.

En Barcelona, a 26 de marzo de 2009.

lunes, 23 de marzo de 2009

Evangelium vitae. JPII (IX): la palabra de Vida de Cristo

Continuo presentándote, como los lunes y jueves anteriores, otro fragmento de la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que como sabes reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de rabiosísima actualidad y que no podemos dejar pasar por alto. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!

«La Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto» (1Jn 1, 2): la mirada dirigida a Cristo, «Palabra de vida»

29. Ante las innumerables y graves amenazas contra la vida en el mundo contemporáneo, podríamos sentirnos como abrumados por una sensación de impotencia insuperable: ¡el bien nunca podrá tener la fuerza suficiente para vencer el mal!

Este es el momento en que el Pueblo de Dios, y en él cada creyente, está llamado a profesar, con humildad y valentía, la propia fe en Jesucristo, «Palabra de vida» (1Jn 1, 1). En realidad, el Evangelio de la vida no es una mera reflexión, aunque original y profunda, sobre la vida humana; ni sólo un mandamiento destinado a sensibilizar la conciencia y a causar cambios significativos en la sociedad; menos aún una promesa ilusoria de un futuro mejor. El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual se presenta al apóstol Tomás, y en él a todo hombre, con estas palabras: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Es la misma identidad manifestada a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 25-26). Jesús es el Hijo que desde la eternidad recibe la vida del Padre (cf. Jn 5, 26) y que ha venido a los hombres para hacerles partícipes de este don: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).

Así, por la palabra, la acción y la persona misma de Jesús se da al hombre la posibilidad de «conocer» toda la verdad sobre el valor de la vida humana. De esa «fuente» recibe, en particular, la capacidad de «obrar» perfectamente esa verdad, es decir, asumir y realizar en plenitud la responsabilidad de amar y servir, defender y promover la vida humana. (...).

30. (...). En Jesús, «Palabra de vida», se anuncia y comunica la vida divina y eterna. Gracias a este anuncio y a este don, la vida física y espiritual del hombre, incluida su etapa terrena, encuentra plenitud de valor y significado: en efecto, la vida divina y eterna es el fin al que está orientado y llamado el hombre que vive en este mundo. El Evangelio de la vida abarca así todo lo que la misma experiencia y la razón humana dicen sobre el valor de la vida, lo acoge, lo eleva y lo lleva a término.

En Barcelona, a 23 de marzo de 2009.

jueves, 19 de marzo de 2009

Evangelium vitae. JPII (VIII): esperanza en la defensa de la Vida

Este jueves os presento otro fragmento de la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que como sabes reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de rabiosísima actualidad y que no podemos dejar pasar por alto.
La Vida es lo más esencial que cada uno de nosotros, tú y yo, tenemos. Y nos estamos "permitiendo" el lujo de caer en la tentación hasta llegar al absurdo de legislar y actuar en contra de la Vida, qué es lo más nuclear y lo más importante que cada hombre posee. Sin Vida no podríamos realizar nada, ni siquiera atacarla tan descaradamente como hoy. A pesar de todo, siempre queda la esperanza en el sentido común para que asesore nuestro entendimiento, ya que éste es el que dirige nuestra voluntad; frente al gran número de las cambiantes sensaciones que nos rodean a diarios y que "justifican" nuestros caprichos y nublan nuestro entendimiento, destinándonos, así, al error. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios! ¡Felicidades para todos los padres!

«Os habéis acercado a la sangre de la aspersión» (cfr. Hb 12, 22.24): signos de esperanza y llamada al compromiso

25. «Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo» (Gn 4, 10). No es sólo la sangre de Abel, (...) la sangre de todo hombre asesinado después de Abel es un clamor que se eleva al Señor. De una forma absolutamente única, clama a Dios la sangre de Cristo, de quien Abel en su inocencia es figura profética (...). Es la sangre de la aspersión. (...). Esta sangre, que brota del costado abierto de Cristo en la cruz, «habla mejor que la de Abel»; en efecto, expresa y exige una «justicia» más profunda, pero sobre todo implora misericordia, se hace ante el Padre intercesora por los hermanos, es fuente de redención perfecta y don de vida nueva
(Cfr. Hb 12, 22.24)

La sangre de Cristo, mientras revela la grandeza del amor del Padre, manifiesta qué precioso es el hombre a los ojos de Dios y qué inestimable es el valor de su vida (cfr. 1P 1, 18-19). Precisamente contemplando la sangre preciosa de Cristo, signo de su entrega de amor (cf. Jn 13, 1), el creyente aprende a reconocer y apreciar la dignidad casi divina de todo hombre (...). Además, la sangre de Cristo manifiesta al hombre que su grandeza, y por tanto su vocación, consiste en el don sincero de sí mismo. Precisamente porque se derrama como don de vida, la sangre de Cristo ya no es signo de muerte, de separación definitiva de los hermanos, sino instrumento de una comunión que es riqueza de vida para todos. (...).

Es en la sangre de Cristo donde todos los hombres encuentran la fuerza para comprometerse en favor de la vida. Esta sangre es justamente el motivo más grande de esperanza, más aún, es el fundamento de la absoluta certeza de que según el designio divino la vida vencerá. (...) «La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» (1Co 15, 55).

26. En realidad, no faltan signos que anticipan esta victoria en nuestras sociedades y culturas, a pesar de estar fuertemente marcadas por la «cultura de la muerte». (...).

Son todavía muchos los esposos que, con generosa responsabilidad, saben acoger a los hijos como «el don más excelente del matrimonio». No faltan familias que, además de su servicio cotidiano a la vida, acogen a niños abandonados, a muchachos y jóvenes en dificultad, a personas minusválidas, a ancianos solos. No pocos centros de ayuda a la vida, o instituciones análogas, están promovidos por personas y grupos que, con admirable dedicación y sacrificio, ofrecen un apoyo moral y material a madres en dificultad, tentadas de recurrir al aborto. También surgen y se difunden grupos de voluntarios dedicados a dar hospitalidad a quienes no tienen familia, se encuentran en condiciones de particular penuria o tienen necesidad de hallar un ambiente educativo que les ayude a superar comportamientos destructivos y a recuperar el sentido de la vida.

La medicina, impulsada con gran dedicación por investigadores y profesionales, persiste en su empeño por encontrar remedios cada vez más eficaces: resultados que hace un tiempo eran del todo impensables y capaces de abrir prometedoras perspectivas se obtienen hoy para la vida naciente, para las personas que sufren y los enfermos en fase aguda o terminal. (...).

27. Frente a legislaciones que han permitido el aborto y a tentativas, surgidas aquí y allá, de legalizar la eutanasia, han aparecido en todo el mundo movimientos e iniciativas de sensibilización social en favor de la vida. Cuando, conforme a su auténtica inspiración, actúan con determinada firmeza pero sin recurrir a la violencia, estos movimientos favorecen una toma de conciencia más difundida y profunda del valor de la vida, solicitando y realizando un compromiso más decisivo por su defensa. (...).

28. Este horizonte de luces y sombras debe hacernos a todos plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la «cultura de la muerte» y la «cultura de la vida». Estamos no sólo «ante», sino necesariamente «en medio» de este conflicto: todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente en favor de la vida. (...).
«Yo te prescribo hoy que ames al Señor tu Dios, que sigas sus caminos y guardes sus mandamientos, preceptos y normas (...). Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida, así como la prolongación de tus días» (Dt 30, 16.19-20). (...).
En Santander, celebrando la Solemnidad de san José a 19 de marzo de 2009.

martes, 17 de marzo de 2009

Homer Simpson no encuentra trabajo en España

En el último capítulo de The Simpson en la Fox vimos como se quedaron sin su casa a causa del abuso que realizaron sobre los créditos hipotecarios. Esta famosa familia de dibujos animados para adultos parodia esta situación del desahucio, siempre "límite" y desagradable para toda familia, circunstancia que no está nada lejos de la realidad de la crisis financiera por la que está atravesando los USA. Su "vecinito" Flanders compró, finalmente, la casa en venta y se la alquiló a Homer para que no se quedaran en la calle.

Para poder pagar el alquiler de la casa, sus deudas hipotecarias y todo lo necesario para sostener al resto de la familia necesariamente Homer debe pluriemplearse. Todos sabemos que el "paterfamilias" Simpson trabaja en la central nuclear de Sprinfield; pero Homer no encontrará trabajo en España porque las plantillas de sus centrales nucleares se reducen y, además, el Ejecutivo de nuestra patria -con nuestro Presidente Zapatero a la cabeza- ni promociona ni apuesta por la Energía nuclear. A este ritmo, en no mucho tiempo -si no lo estamos ya- en este competitivo mundo de la investigación energética nuclear estaremos a la cola de Europa y Occidente, y si me apuras del mundo (como la tasa de natalidad). ¡De vergüenza (como lo de la tasa de natalidad)!

Estas impresiones mías y otras que me callo (y que seguro estás pensando ahora) han sido confirmadas con las declaraciones de nuestra brillante ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, en el reciente coloquio organizado por el Club Siglo XXI en Madrid en dónde manifestó que la Energía nuclear para España "no es una apuesta recomendable". Unos de los argumentos, supongo que de peso, que presentó fue que "hoy por hoy, no está resuelto el tema de los residuos nucleares". ¡Claro que no está resuelto! No nos está diciendo nada nuevo. No está resuelto ni en España ni en el resto del mundo. ¡Es tarea de los Gobiernos y de sus Instituciones científicas! ¿A qué están esperando? ¿A vernos sepultados de ellos? Pero no es razón afirmar que no producimos energía nuclear porque no sabemos qué hacer con sus residuos, cosa no del todo cierta porque últimamente ha habido soluciones como la del deshecharlas en las fosas de los fondos marinos. Si necesitamos de esa energía habrá que implantarla, y al tiempo estudiamos cómo deshechar sus residuos. Nos comemos la naranja pero consideramos cómo y dónde dejar su cáscara..

Otro argumento contundente de nuestra Ministra es que las centrales nucleares son seguras pero que pueden tener accidentes. Sra. Garmendia, ¿no cree como yo que casi todas las actividades humanas, por no decir, todas -en razón de la imposición de las limitaciones de nuestra naturaleza-, son susceptibles de error, y por tanto, de provocar un accidente si las consecuencias son graves? ¿No será que no se quiere invertir en investigación y ejecución de medios que incrementen la seguridad de las centrales, que por cierto producen energía totalmente limpia y respetuosa con el medio ambiente?

Si, finalmente, hiciésemos caso a la Ministra, ningún país produciría energía nuclear. Recordemos que con la aparición de este tipo de energía el nivel de bienestar y la calidad de vida de la Sociedad Occidental, principalmente, aumentó y aumenta considerablemente.

Mas todo no son críticas. Estoy de acuerdo con nuestra Ministra en que las energías renovables son una "apuesta ganadora" por el respeto del medio ambiente y por la producción de aquella energía con vistas a completar las necesidades que nuestro país precisa. Pero no hay que engañarse, las energías renovables actualmente aportan casi el 9% de la energía consumida; aunque el objetivo para nuestro Gobierno es llegar al 20% en 2020: hoy por hoy una utopía, Sra. Ministra.

En Barcelona, a 17 de marzo de 2009.

Publicado en España liberal y en Cope.es.

lunes, 16 de marzo de 2009

Evangelium vitae. JPII (VII): la pérdida del sentido de Dios y del hombre mismo para el hombre

Este lunes te presento otro texto de la encíclica Evangelium vitae, que como ya sabes trata sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana (1995). Este fragmento se pregunta sobre una de las causas de "lucha" entre la Cultura de la Vida y la Cultura de la Muerte -imperante en nuestros días y en nuestra Sociedad Occidental-, a saber: la pérdida del sentido, del significado, del valor de Dios y del hombre mismo para el hombre. Las reflexiones de Juan Pablo II son muy profundas, y estoy seguro que no te dejará indiferente porque define la realidad del hombre actual y a la Sociedad que le rodea, por suerte o por desgracia. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!
«He de esconderme de tu presencia» (Gn 4, 14): eclipse del sentido de Dios y del hombre

21.
En la búsqueda de las raíces más profundas de la lucha entre la «cultura de la vida» y la «cultura de la muerte», no basta detenerse en la idea perversa de libertad anteriormente señalada. Es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre contemporáneo: el eclipse del sentido de Dios y del hombre, característico del contexto social y cultural dominado por el secularismo, que con sus tentáculos penetrantes no deja de poner a prueba, a veces, a las mismas comunidades cristianas. Quien se deja contagiar por esta atmósfera, entra fácilmente en el torbellino de un terrible círculo vicioso: perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida. A su vez, la violación sistemática de la ley moral, especialmente en el grave campo del respeto de la vida humana y su dignidad, produce una especie de progresiva ofuscación de la capacidad de percibir la presencia vivificante y salvadora de Dios. (...).
22. Por esto, cuando se pierde el sentido de Dios, también el sentido del hombre queda amenazado y contaminado, (...). El hombre [actual se encuentra] (...) encerrado en el restringido horizonte de su materialidad, se reduce de este modo a «una cosa», y ya no percibe el carácter trascendente de su «existir como hombre». No considera ya la vida como un don espléndido de Dios, una realidad «sagrada» confiada a su responsabilidad y, por tanto, a su custodia amorosa, a su «veneración». La vida llega a ser simplemente «una cosa», que el hombre reivindica como su propiedad exclusiva, totalmente dominable y manipulable.
Así, ante la vida que nace y la vida que muere, el hombre ya no es capaz de dejarse interrogar sobre el sentido más auténtico de su existencia, asumiendo con verdadera libertad estos momentos cruciales de su propio «existir». Se preocupa sólo del «hacer» y, recurriendo a cualquier forma de tecnología, se afana por programar, controlar y dominar el nacimiento y la muerte. Estas, de experiencias originarias que requieren ser «vividas», pasan a ser cosas que simplemente se pretenden «poseer» o «rechazar».
Por otra parte, una vez excluida la referencia a Dios, no sorprende que el sentido de todas las cosas resulte profundamente deformado, y la misma naturaleza, que ya no es «mater», quede reducida a «material» disponible a todas las manipulaciones. (...).
En realidad, viviendo «como si Dios no existiera», el hombre pierde no sólo el misterio de Dios, sino también el del mundo y el de su propio ser.
23. El eclipse del sentido de Dios y del hombre conduce inevitablemente al materialismo práctico, en el que proliferan el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo. (...). Así, los valores del ser son sustituidos por los del tener. El único fin que cuenta es la consecución del propio bienestar material. La llamada «calidad de vida» se interpreta principal o exclusivamente como eficiencia económica, consumismo desordenado, belleza y goce de la vida física, olvidando las dimensiones más profundas –relacionales, espirituales y religiosas– de la existencia.
En semejante contexto el sufrimiento, elemento inevitable de la existencia humana, aunque también factor de posible crecimiento personal, es «censurado», rechazado como inútil, más aún, combatido como mal que debe evitarse siempre y de cualquier modo. Cuando no es posible evitarlo y la perspectiva de un bienestar al menos futuro se desvanece, entonces parece que la vida ha perdido ya todo sentido y aumenta en el hombre la tentación de reivindicar el derecho a su supresión.
Siempre en el mismo horizonte cultural, el cuerpo ya no se considera como realidad típicamente personal, signo y lugar de las relaciones con los demás, con Dios y con el mundo. Se reduce a pura materialidad: (...), también la sexualidad se despersonaliza e instrumentaliza: de signo, lugar y lenguaje del amor, es decir, del don de sí mismo y de la acogida del otro según toda la riqueza de la persona, pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos. Así se deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad humana, y los dos significados, unitivo y procreativo, innatos a la naturaleza misma del acto conyugal, son separados artificialmente. (...).
24. En lo íntimo de la conciencia moral se produce el eclipse del sentido de Dios y del hombre, con todas sus múltiples y funestas consecuencias para la vida. Se pone en duda, sobre todo, la conciencia de cada persona, que en su unicidad e irrepetibilidad se encuentra sola ante Dios. Pero también se cuestiona, en cierto sentido, la «conciencia moral» de la sociedad. Esta es de algún modo responsable, no sólo porque tolera o favorece comportamientos contrarios a la vida, sino también porque alimenta la «cultura de la muerte», llegando a crear y consolidar verdaderas y auténticas «estructuras de pecado» contra la vida. La conciencia moral, tanto individual como social, está hoy sometida, a causa también del fuerte influjo de muchos medios de comunicación social, a un peligro gravísimo y mortal, el de la confusión entre el bien y el mal en relación con el mismo derecho fundamental a la vida. (...).
En Barcelona, a 16 de marzo de 2009.

viernes, 13 de marzo de 2009

Romeo y Julieta para el 1er año del blog, música para tu solaz delite

¡Estamos de celebración!, querido lector, porque este blog la semana pasada cumplió un año, aunque quien lo diría.. parece que fue ayer cuando nos embarcamos en esta singladura bloggera...

Quiero dar las gracias a cada uno de los más de 2.000 visitantes de los 5 continentes que se han asomado por aquí. De nuestra patria, por concretar y que nadie del resto del mundo se sienta ofendido -nada más lejos de mi intención-, se han dejado ver por estas páginas navegantes de más de 85 ciudades diferentes de España, aunque en su mayoría procedieron de nuestra querida Santander, de la villa y corte de Madrid y de la ciudad condal, la siempre europea, Barcelona. A casa uno de todos vosotros gracias, particulamente a los que os animáis a dejar vuestros comentarios en los "post," ¡todos son útiles! Sin ellos no tendríamos debate alguno ni nuevas ideas con que enriquecenos.

Y como estamos de celebración quiero "colgar" un vídeo rescatado directamente de las profundas entrañas de mi memoria, que corresponde a un fragmento de una obra musical titulada Romeo y Julieta de uno de mis compositores y directores de orquesta favoritos..., ¡efectivamente, acertaste!, me refiero al ruso Maestro Seguei Prokofiev (1891-1953). El fragmento con que quiero deleitar tu humana y delicada sensibilidad es concretamente "Montescos y Capuletos", suite nº 2, que se caracteriza por su fuerza instrumental del viento y de la percusión y múltiple fusión de los sonidos de cuerda: prometo que no deja indiferente a quien lo escucha. Esta excelente versión está interpetada por la Orquesta Sifónica de Viena en 1996 dirigida por el Maestro Abbado.

La magia y la fuerza de esta obra de arte envolverá dulcemente tu alma elevándola a una de las más altas cotas de disfrute y gozo espiritual (lo que santo Tomás llamó fruición). Te aseguro que abandonarse a sus armónicos acordes es asegurarse -como afirmaría Platón en su diálogo Fedro- una "melopea" espiritual, una borrachera intelectual que te conducirá rápidamente a un singular "entusiasmo y delirio divino". ¡Gozad!



En Barcelona, a 13 de marzo de 2009.