Recientemente he leído la última encíclica del Papa Benedicto XVI, y primera que trata cuestiones sobre Doctrina Social de la Iglesia: Caritas in veritate. Sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. La Introducción presenta nociones de auténtica filosofía práctica aplicada a la Sociedad y a la Economía de un acertadísimo y sólido sentido común, porque, sin duda, todo el escrito no tiene ningún desperdicio. ¡No podríamos esperar ni más ni menos de una persona que ejercita plenamente su humana racionalidad, y que además confía en la ayuda de la gracia! El Papa nos da ejemplo, ahora nos toca a nosotros... ejercitar nuestro sentido común y confíar en el auxilio de la gracia que plenifica nuestros humanos actos.
El escrito hace referencia en varias ocasiones a la encíclica sobre este mismo tema de la Doctrina Social de Pablo VI Populorum progressio. Sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos (26/III/1967). A lo largo de sus reflexiones aboga por humanizar las relaciones socio-económicas, insinuando la incorporación de conceptos tan necesarios en nuestro mundo formado por personas como ética de y en los negocios, don y gratuidad, entre otros. Os invito vivamente a leer las palabras del Benedicto XVI. No quiero adelantaros más. Pero para aquellos que quiera ya gustar de sus reflexiones, aquí os dejo un punto. Las negritas son mías. Así que espero comentarios.
"78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil -en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos-, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande".
En Barcelona, a 11 de agosto de 2009.
El escrito hace referencia en varias ocasiones a la encíclica sobre este mismo tema de la Doctrina Social de Pablo VI Populorum progressio. Sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos (26/III/1967). A lo largo de sus reflexiones aboga por humanizar las relaciones socio-económicas, insinuando la incorporación de conceptos tan necesarios en nuestro mundo formado por personas como ética de y en los negocios, don y gratuidad, entre otros. Os invito vivamente a leer las palabras del Benedicto XVI. No quiero adelantaros más. Pero para aquellos que quiera ya gustar de sus reflexiones, aquí os dejo un punto. Las negritas son mías. Así que espero comentarios.
"78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil -en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos-, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande".
En Barcelona, a 11 de agosto de 2009.