Este fin de semana participo en el XX Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Fundación Universitaria San Pablo CEU (FUSP-CEU).
Esta edición, en resonancia con el Sínodo de obispos dedicado a los jóvenes, se dedica a la reflexión sobre el papel de los jóvenes en la sociedad actual bajo el título: FE EN LOS JÓVENES.
Incluyo a continuación un breve resumen de mi exposición: ¿Fe en los jóvenes?: ¡razones de viejos! Una versión extendida aparecerá próximamente publicada. Siempre se agradecerán los comentarios. Me sé un enano a hombros de gigantes.
Nuestra sociedad
contemporánea actual tiende a enfrentar “gratuitamente” el valor de dos fuerzas que,si se
atiende a lo que evidencia y enseña la experiencia histórica de los últimos siglos,
conjuntamente conforman un motor‒un
tándem‒ imparable de
oportunidades.Me refiero al artificial “combate” que
las filosofías de “la sospecha”
buscan torpemente forzar entre la juventud y la
ancianidad, entre lo novedoso y lo viejo... un choque que al friccionar enraíza con una dialéctica de mayor
profundidad, a saber: el
diálogo entre progreso y tradición, y en definitiva, entre fe y razón.
Ciertamente, considero quela razón de ser de la
tradición radica en el progreso. Es decir, que sin progreso no
puede existir tradición, y viceversa.Lo expreso de otra manera:conforme la naturaleza de la persona humana, lo normal y sensato es que la ancianidad proyecte sus
esperanzas y mejores anhelos en la juventud, mientras
que, por otro lado, lo normal y sensato es que los jóvenes depositen confiadamente sus
incertidumbres en sus mayores.¿Qué quiero manifestar aquí? Que la
juventud y la ancianidad, que progreso y tradición, en absoluto son categorías
antagonistas sino complementarias, muy a pesar de los falaces e insubstanciales
argumentos exhibidos por las filosofías e ideologías postmodernas
contemporáneas.
Precisamente, el auténtico progreso no olvida a la tradición, sino que acertadamente se apoya en ella.O expresado de otra forma:el verdadero espíritu de progreso,
que espontáneamente enarbola la juventud, posee la constante llamada a adquirir el protagonismo del momento presente, precisamente porque encuentra
en quién le ha antecedido
la experiencia para continuar la construcción de la sociedad en la que vive.El anciano le entrega el testigo al joven para acabar
convirtiéndose en anciano. De igual manera, el progreso recoge de la tradición
sus aciertos y, también, sus errores precisamente
para engrandecer la sabiduría de la que ese mismo progreso
formará parte.Estas
premisas me conducen a afirmar que la perennidad de lo caduco resulta aquello que llamamos
propiamente juventud.
En definitiva, esta comunicación pretende mostrar que juventud y ancianidad no son estados de
vida enfrentados, sino más bien al contrario que se encuentran en sintonía. Así, el progreso y la tradición‒representados por jóvenes y ancianos‒ poseen la capacidad de colaborar armónicamente por el bien común de la sociedad.Apelo a la valiente
generosidad de los jóvenes y a la prudente experiencia de los más mayores para que
puedan vivir afirmando: “nuestra tradición es el progreso” y, conjuntamente, “nuestro progreso se fundamenta en la tradición”.De esta manera, ante la
pregunta: “¿Tienes fe en los jóvenes?”, necesariamente no puedo sino responder: “¡Por supuesto!, ¿cómo no voy a creer en
la juventud?: es una razón propia de viejos!”.
En Madrid, en la Universidad San Pablo CEU, a 17 de enero de 2018.
Dentro de la mesa Un visión cristiana de la Universidad presento
la comunicación titulada Decídete a ser
Universidad. Una reflexión desde el magisterio filosófico de Leonardo Polo.
Sirvan estas breves líneas como modesto recuerdo del maestro de maestros Leonardo Polo Barrena(Madrid, 1919 - Pamplona, 2013): un convencido universitario que entregó toda su
vida a la Universidad: catedrático de Historia
de la Filosofía de la Universidad de Granada en 1952, marchando dos años después a la Universidad de Navarra para ser allí su primer profesor de Fundamentos de Filosofía, ejerciendo
de manera ininterrumpida en su Facultad de Filosofía y Letras, de la cual
fue el responsable de erigirla y ponerla en funcionamiento con decidido empeño.
A continuación, quiero ofrecerte una síntesis de mi exposición en este Congreso:
"Los principales rankings mundiales
especializados en educación universitaria no incluyen a ningún centro
universitario de España entre los primeros del mundo. Permitiéndonos inferir
que la Universidad en nuestro país no alcanza la excelencia académica con
suficiente idoneidad y que, por consiguiente, atraviesa por un momento de
crisis, a pesar de los continuos esfuerzos realizados por las autoridades
universitarias frecuentemente encorsetados por una interminable burocracia.
Asimismo, no se nos oculta que este escenario
resulta una consecuencia más de la seria crisis social e institucional que
adolece nuestra época contemporánea, y que a su vez responde a una crisis aún más
profunda, a saber: el progresivo olvido del valor de la persona y el desprecio
de la dignidad de su ser.
A propósito de este asunto rescato algunas reflexiones
del perenne magisterio del filósofo Leonardo
Polo Barrena.
Resulta importante no olvidar que uno
de los principios que fundamentan nuestra civilización occidental es la
inclinación natural de la persona por buscar la verdad. Buscar la verdad es una
actividad valiosa
por sí misma, por lo que explica el que una persona se pueda sentir llamada a dedicarle
completamente su vida.
Esta
particular vocación ha sido asumida enteramente por la civilización cristiana, hasta
el punto de institucionalizarla socialmente durante el siglo XIII al promover
la creación de la Universidad. De esta manera la búsqueda de la verdad, ejecutada
desde el ámbito universitario, se erige como un factor esencial de la
trayectoria del Cristianismo dentro de la Historia de la Humanidad, que ha
posibilitado además el desarrollo formal del conocimiento científico, tanto
experimental como humanístico. Sin búsqueda de la verdad, sin Universidad, sin
investigación científica, Occidente es incomprensible.
Todos
los conocimientos en la Universidad, en rigor, se encuentran interconectados al
modo del clásico “árbol del saber o de las ciencias” (las raíces son los
saberes fundamentales, el tronco: los sustentantes, y las ramas: las múltiples
especialidades). Sin embargo, la unidad de este “árbol” va rompiéndose a medida
que los saberes absolutizan su emancipación académica, especialmente
manifestada a través de posturas que únicamente consideran útiles a las
ciencias experimentales mientras que totalmente prescinden de las ciencias
humanas.
Estos
planteamientos dificultan gravemente el crecimiento personal del ser humano y el
progreso de la sociedad. “¿Cómo dirigir
la marcha de la historia ‒se pregunta Polo‒
sólo con las ciencias de la naturaleza?
Estamos haciendo una sociedad sin saber quiénes somos y, por tanto, estamos
haciendo una sociedad sin saber para quién. Pretender dirigir la historia con
esa ignorancia es un disparate”. La consecuencia inmediata de este
reduccionismo en el ámbito académico es la pérdida de interdisciplinariedad
entre ciencias, despreciándose así el carácter vertebrador del conocimiento
humano ejercido por la Universidad. Precisamente esta falta de unidad resulta uno
de los principales motivos que ha arrastrado a la actividad universitaria a su
actual estado de crisis, provocando su transformación en lo que Polo llama una “pluriversidad”.
A
la Filosofía y a su amorosa intencionalidad de buscar la verdad el profesor Polo encomienda la tarea de restaurar
la unidad perdida del “árbol de las ciencias” ‒en donde
metafóricamente se contiene el saber
superior cultivado por la Universidad‒ y la de recuperar la inicial
interdisciplinariedad entre los saberes.
El bien objetivo con el que la Universidad
enriquece a la humanidad es el saber
superior: “la cumbre del saber heredado”, que es resultado de una “larga
y fecunda acumulación del saber logrado a lo largo de la historia”, y que “nunca está terminado”. Polo asigna a la Universidad una función
directora sobre la vida de la persona y de la sociedad: el acceso a los saberes
universitarios está totalmente justificado, pues por medio de él con mayor
facilidad se podrá “evitar que la
sociedad se estropee y acabe siendo ingobernable”.
Además,
a la Universidad le corresponde la genuina misión de desarrollar
prioritariamente el saber superior,
esto es: continuar buscando la verdad e incrementar los saberes humanos
(investigación), y luego tras esta primera tarea, también la de enseñarla
(trasmisión) y la de extenderla a la sociedad (extensión universitaria). Conviene
puntualizar que la labor de la Universidad no se limita a una cuestión de
enseñanza: sería una pretensión estéril relegar la actividad universitaria a ser
únicamente la cúspide del itinerario de una educación reglada.
Tras el convencimiento universitario que busca verdades
existe una ética, que no admite la mentira en la propia vida de la persona. Recordando
el versículo evangélico: “la verdad, os
hará libres” (Jn 8, 32), Polo afirma que “la Universidad cumple su gran tarea para con la sociedad, formando
hombres útiles, cuya utilidad se puede medir, sobre todo, en términos de
verdad”. No hay que despistarse: la búsqueda de la verdad es el fin
primario de la Universidad: Sin búsqueda
de verdades superiores, no hay Universidad.
La Universidad necesita enseñar a sus alumnos a “ser
universitario”, pues quien realmente sabe lo qué es ser universitario ése hace
Universidad, tanto en el propio centro universitario como fuera de él. Todo
alumno durante su paso por la universidad debiera experimentar cómo la
Universidad efectivamente pasa por él. Éste es el objetivo que se ha de
perseguir: prepararse para ser universitario “de por vida”.
“Ser universitario” es aprender a pensar, adquirir
criterios propios, emplear la propia libertad responsablemente, saber tomar
decisiones. “Ser universitario” se caracteriza por “estar en el extremo del saber”, y para lograrlo se ha de estudiar “sin parar, estudiando hasta que uno se
muera”. “Ser universitario” requiere de “una
gran paciencia” para no caer en el pesimismo ni en la desilusión, porque se
trata “de dedicarse de por vida a la
Universidad”, de entregarse a la búsqueda de la verdad.
Concluyendo. La superación de la crisis de la Universidad
pasa por recuperar prioritariamente la unidad de sus saberes desde su misión de
buscar la verdad, y por inocular eficientemente entre sus alumnos el “espíritu universitario”.
Revertir esta situación se encuentra en cada uno de nosotros. Leonardo Polo recomienda: “no te limites a aprovecharte de la
universidad; decídete a serla tú mismo”, así que sin demora te invito:
¡decídete a ser Universidad!".
Una versión completa de la comunicación aparecerá publicada en las actas de este XVIII Congreso Católicos y Vida Pública. Si tienes interés escríbeme y te la enviaré. Y, por supuesto, acepto con sumo gusto tus valoraciones.
En la Universidad CEU San Pablo de Madrid, a 11 de noviembre de 2016.
El martes 29 de junio de 2015 el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la editorial santanderina Sal Terrae organizaron conjuntamente el acto de presentación en Santander del libro Democracia y caridad. Horizontes éticos para la donación y la responsabilidad, el último del filósofo y socio del Centro de Valencia, Dr. Agustín Domingo Moratalla, celebrado en el Ateneo de Santander.
Popular TV Cantabria dedicó una vídeo-noticia a esta presentación:
El acto fue introducido por el presidente del Ateneo de Santander, don Manuel Ángel Castañeda, tras él intervine con las palabras que incluyo más abajo, siguiéndome el rector magnífico de la UIMP, Dr. César Nombela Cano, cediéndole posteriormente la palabra a monseñor Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander, y ya finalmente el autor del libro: Dr. Agustín Domingo Moratalla.
M. A. Castañeda, A. Domingo, Mons. Sánchez, C. Nombela y A. Alonso
"Buenas tardes. En primer lugar, dar
las gracias al Ateneo de Santander por acoger la presentación del libro de
Agustín Domingo Moratalla: Democracia y
caridad. Horizontes éticos para la donación y la responsabilidad, en este
acto organizado conjuntamente por la editorial Sal Terrae y por el Centro de
Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).
Además del autor del
libro, tengo el privilegio de que compongan esta mesa: monseñor don Manuel
Sánchez Monge, obispo de Santander, y el doctor don César Nombela Cano, rector
magnífico de la UIMP. A ambos mi sincera gratitud por su generosidad al aceptar
nuestra invitación y acompañarnos esta tarde.
Permítanme unas
breves palabras para presentarles al autor del libro, y una breve reflexión sobre el libro.
Agustín Domingo
Moratalla es catedrático acreditado de Filosofía Moral y Política de la
Universidad de Valencia. Actualmente dirige la muy diversa actividad académica
de la UIMP en su sede de Valencia, y además es socio del Centro de Valencia de la
ACdP.
Doctor en Filosofía y
Ciencias de la Educación por la Universidad Pontificia de Comillas, completando su formación académica como Fellow
en la Cátedra Hoover de Ética Social y Económica de la Universidad Católica de
Lovaina (Francia) y en el Centro para la Cultura y los Valores de la
Universidad Católica de América (Washington, USA).
Ha sido catedrático
de Bachillerato en Ávila y Salamanca, y profesor encargado de cátedra en la
Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), en donde puso en marcha la Facultad
de Comunicación. Participó también en la implantación de la titulación en
Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad Cardenal Herrera
CEU, que tiene su sede en Valencia. Su alto sentido del servicio en busca del
Bien común le han llevado a desempeñar responsabilidades políticas como
director general de la Familia, Menor y Adopciones en la Generalidad Valenciana
(2001-2003).
Don Agustín es
también responsable de una rica producción bibliográfica, que ha merecido el
galardón de varios premios nacionales otorgados tanto por el Ministerio de
Cultura como por la institución Manos Unidas.
Rescato solo cuatro
títulos de su obra filosófica: Un
humanismo del siglo XX. El personalismo (Madrid, 1985); Ética
de la vida familiar. Claves de ciudadanía comunitaria (Bilbao, 2006); Posee numerosos estudios sobre Ética. Les cito sólo uno:
Ética. Todo lo que usted
estudió y nunca debió olvidar (Madrid, 2001); o,
de más reciente publicación: El arte de cuidar: atender, dialogar y responder
(2013).
El doctor Agustín
Domingo Moratalla parte en su análisis, en este su último libro, desde el hondo
significado que emana de los conceptos de “Democracia” y de “Caridad” para
repensar la urdimbre del tejido social y político actual empleando las
categorías éticas de donación y de responsabilidad, para señalar la
irrenunciable dignidad de la persona humana y su vocación para implicarse en el
logro del Bien Común.
La perennidad y
actualidad filosófica del personalismo comunitario y la herméutica filosófica
de Paul Ricoeur y Hans-Georg Gadamer serán los hilos conductores por los que
discurrirá la argumentación de este riguroso trabajo académico.
Quiero subrayarles la
importancia de “la donación” porque de ella emana la capacidad de la persona para
escuchar, prestar atención y de ser receptiva a otras personas. A juicio del
autor urge recuperarla como categoría moral porque “la vida humana no solo es
concebida como proyecto y construcción, sino que la vida de la persona también
es descubrimiento y donación”. Además, los actos morales propios de “la
donación” han de imbricarse con las consecuencias de la “lógica de la
sobreabundancia y del don”, la cual nos abre al mundo del per-don, que no
significa un “hacer” sino un “dejar hacer en nosotros”.
La ética
socio-politica sobre la que construimos los espacios públicos de deliberación -denunciará don Agustín- no pueden alimentarse exclusivamente de argumentos
políticos, que desde una lectura reduccionista y estrictamente racional se
identificarían con “el sistema político democrático”; sino que necesitan
también nutrirse de la variedad de los argumentos éticos, culturales y teológicos, siendo
así, desde esta riqueza humana, donde aparece la “lógica del don” y que
podríamos englobar bajo el concepto de “caridad”. Aquí es dónde se plantea la
necesidad de la existencia de una responsabilidad que considere la persona como
sujeto ético, capaz de pensar conjuntamente el valor de las convicciones, la
solidaridad y el perdón.
Nuestro autor no
dudará en entrar a reflexionar y responder a las cuestiones más candentes de
nuestra actualidad socio-política. Entre ellas la necesidad de una regeneración
ética y política de las instituciones y de los poderes públicos, la cual “pasa
por la revisión de criterios de promoción interna dentro de los partidos y la
regulación del ejercicio de la actividad política por ciudadanos competentes y
con capacitación profesional”.
El autor en su
análisis de la regeneración política introduce tres sugerentes conceptos que
merecen nuestra atención y que considero esenciales para adentrarnos en la
argumentación que nos presenta: [1] dinamizar (nutrir
de energía moral la vida de las instituciones),
[2] hermeneutizar
(redescubrir el horizonte normativo, esto es, el entramado jurídico y de
costumbres sobre el que se fundamenta nuestra Socidad), y
[3] cordializar
(construir la caridad en la verdad).
También acompaña a su
exposición un interesante “decálogo político” que bebe del magisterio
pontificio del Papa Francisco desde donde repensar la política, que podría
resumirse en conocidas expresiones suyas: “atender a las periferias”,
“economía del descarte”, “atención amante”, “espacios sanadores y motivadores”,
etc.
Finalizo con una
breve alusión al primer presidente de la ACdP, el santanderino Ángel
Herrera Oria, que como bien saben, parte de su intensa vida púbica la dedicó
a ser director del periódico El Debate,
el más influyente de la primera mitad del siglo XX. Pues bien, en un
editorial de 13 de enero de 1928, se pregunta lo mismo que hoy nosotros nos cuestionamos,
y que efectivamente se pregunta el doctor Agustín Domingo Moratalla: “¿Hay hombres preparados para la política?”.
Afirma el editorial:
“Se
dice frecuentemente que no hay hombres para los cargos públicos. ¿Se ha pensado
en la causa de ese hecho? No hay hombres en gran parte, porque no hay ideas, no
hay principios, no hay cultura fundamental. Esta relación entre la Ciencia primera [–la Metafísica–] y el arte de la política es un pensamiento
repetido a cada paso en todos los maestros (…)”. Y, citando un fragmento
de un discurso de nuestro también paisano, don Marcelino Menéndez Pelayo, de
1891, el editorial de Herrera Oria de El
Debate completa su reflexión y da un remedio:
“A semejante mal, sólo se ve un remedio: recordar al arte
de la política, su dependencia de la ciencia política; recordar a la ciencia
política su dependencia de la ciencia moral; recordar a la ciencia moral su
dependencia de la
Metafísica, raíz, al mismo tiempo que complemento, de todas
las ciencias humanas”.
Esta obra que hoy
presentamos del doctor Agustín Domingo Moratalla posee un completo conjunto de
análisis filosófico que resulta “un soplo de aire fresco” para el entramado
intelectual que sostiene la acción político-social, enriqueciendo -además- la
reflexión de la Doctrina Social de la Iglesia. No cabe duda, que el autor desde
la solidez de su formación académica y de su dilatada experiencia profesional
aborda un imprescindible estudio de necesaria lectura con respuesta a problemas
actuales y que nos preocupan sobremanera, entregándonos claves y criterios
desde donde interpretar y afrontar las debilidades adolecidas en el vigente
sistema socio-político.
No les anticipo más.
Es momento en que ustedes mismos lo comprueben por sí mismos e inicien su
lectura".
El miércoles día 12 de noviembre de 2014 se celebró la conferencia “España en la vida y obra de Julián Marías”,
organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) –el único
celebrado en Cantabria en homenaje de éste filósofo con motivo del centenario de su nacimiento–, y que fue pronunciada por el catedrático
emérito de Derecho Constitucional y exvicerrector de la Universidad San Pablo CEU, Dr. José Peña González, quien repasó los distintos hitos del pensamiento
de Julián Marías a propósito de la entidad de nuestra patria.
El salón de actos del Ateneo de Santander, presidido por su vicepresidente
Orestes Cendrero, vivió tras la conferencia un animado debate del que
disfrutaron las 140 personas que acudieron a esta convocatoria de la ACdP,
entre las que se encontraban el delegado diocesano de Apostolado Seglar, el
rector magnífico de la Universidad Europea del Atlántico, el comandante naval
de Santander, el exeurodiputado Jesús Cabezón, miembros de la Real Sociedad
Menéndez Pelayo, la Real Academia de Medicina de Cantabria y el Centro de
Estudios Montañeses.
Conferencia sobre Julián Marías y España del Dr. José Peña (a la izquierda), junto con el vicepresidente del Ateneo de Santander (en el centro).
Previa a la participación del ponente tuve ocasión de introducir su intervención con las siguientes palabras:
"Autoridades políticas, académicas, militares.
Señoras y Señores. Amigos todos.
El pasado 17 de junio se cumplió el
centenario del nacimiento de uno de los gigantes del pensamiento español del
siglo XX. Me estoy refiriendo al filósofo Julián
Marías Aguilera (1914-2005).
Marías gozó como discípulo
aventajado del singular magisterio de otros grandes intelectuales de nuestra
historia reciente y que aún debieran resonar en nuestras Universidades: Xabier Zubiri, Manuel García Morente y, el maestro por excelencia, José Ortega y Gasset. Sin duda, Don Julián vivió aquel adaggio de “ser un enano a hombros de
gigantes”, aunque en su caso se produjo una magistral evolución, ya que creció
de tal manera que llegó a convertirse en uno de ellos.
Su estilo de filosofar se caracterizó por una
gran facilidad narrativa, por no renunciar a reflexionar sobre la realidad
desde una perspectiva cristiana, lo cual no le cerró el campo de visión sino al
contrario le otorgó amplitud de miras, y, también, por su claridad expositiva,
amen del consejo orteguiano que ustedes recordarán: “la claridad es la cortesía del filósofo”.
Actualmente, quién piensa que España es un concepto discutido y
discutible, cuestiona la entidad de nuestra patria generalmente orientada hacia
la crítica. Una actitud ésta que parece pretender formar parte del talante
propio del pensamiento español contemporáneo. Aunque pese a quién le pese, lo
que España metafísicamente es se ha ido configurando con el paso de los siglos
y resulta una misma entidad para todos, ya sean españoles o extranjeros. Esta cuestión
se enraíza en lo que académicamente se ha denominado “El problema de las Dos
Españas”.
Marías apostó, como nuestro paisano Menéndez Pelayo, por una “España sin
problema”, erigiéndose así en un defensor del “desacomplejamiento histórico” de España, tal y cómo él enseña, es
decir, nos propone que exorcicemos los equívocos y ya viejos “fantasmas” de la Inquisición y de “la
leyenda negra” y que superemos el estigma de la decadencia estructural de los
siglos XVII y XVIII.
El pensamiento de Julián Marías no ha perdido perennidad ni vigencia, sino que por el
contrario sus agudas e incisivas reflexiones recobran, hoy más que ayer, su
actualidad y se nos ofrecen como punto de partida hacia un futuro que, no sin
esfuerzo, hemos de construir entre todos nosotros.
Así, en el marco de la conmemoración del
centenario del nacimiento de este filósofo vallisoletano de nacimiento aunque
madrileño de corazón –tal y como él mismo se confesaba–, el Centro de Santander de la Asociación Católica
de Propagandistas, fundada por nuestro paisano el siervo de Dios Ángel Herrera Oria ha invitado al Dr. José
Peña González para que pueda regalarnos sus siempre brillantes reflexiones que
hemos sintetizado bajo el título “España
en la vida y obra de Julián Marías”.
Sin
detallar sus múltiples méritos señalemos que el Profesor José Peña es
licenciado y doctor en Derecho, en Ciencias Políticas, en Historia y en Ciencias de la
Información. Como singularidad decir que estos 4
doctorados fueron obtenidos con la calificación: sobresaliente cum laude.
Posee una dilatada trayectoria académica, con más de 40 años de experiencia
docente, como catedrático, ya emérito, de Derecho Constitucional de la
Universidad San Pablo CEU, en donde ha desempeñado altas responsabilidades
académicas, la última de ellas como director de su Instituto de Humanidades
Ángel Ayala CEU. Pertenece a diversos organismos académicos como la Real
Academia de Jurisprudencia y Legislación y la Real Academia de la Historia. Ha
escrito más de 28 monografías y más 150 artículos en obras colectivas sobre sus
líneas principales de investigación. En este punto no puede
pasar inadvertida su obra “Julián
Marías y su visión de España” (2006). Son numerosas sus colaboraciones en
prensa, radio y televisión; más de mil artículos en medios digitales,
como: La Opinión Digital sobre sobre arte (incluido el noble arte del
toreo), crítica de libros y la realidad sociopolítica del momento).
El
doctor Peña, nos honra de nuevo con su generosidad aceptando la invitación
del Centro de Santander de la ACdP, el cual queda a su más entera
disposición en nuestra sede: la parroquia del Santísimo Cristo, nuestra web: www.acdp.es/santander,
o en santander@acdp.es.
“España en la vida y obra de Julián Marías”.
Profesor, suya es la palabra. Muchas gracias".
A continuación, el ponente comenzó su intervención caracterizando a Julián Marías como uno
de los sostenes más sólidos y más brillantes de la intelectualidad española
contemporánea, especialmente por su coherencia personal, en su pensamiento y en
su obra; un “castellano leal”; un “filósofo” de vocación con una circunstancia:
España.
Marías señalará que el concepto de patria es tan profundo que está sobre
nosotros y que no se encuentra “en la suela de los zapatos”. Criticará la
“España peregrina” porque él entiende que en los momentos de dificultad hay que
permanecer en el sitio, y mantenerse para intentar lograr resolver cuanto antes
esos problemas (él lo vivió en primera persona ya que sufrió la Guerra Civil en
Madrid). Nuestra tarea –afirmará el filósofo– reside en procurar conservar por
todos los medios a nuestro alcance un mínimo grado que asegure la convivencia y
habitabilidad de los españoles.
Ésta es la cuestión analizada como “el problema de España”, que consiste en
la dramática inhabilidad que tenemos los españoles en los momentos clave para
estar medianamente a gusto con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con
las instituciones que tenemos. Sobre esta cuestión han teorizado las mentes más
brillantes de nuestra intelectualidad española desde finales del siglo XIX. Este
discípulo de Ortega y Gasset ofrece su solución a este “problema de España”
cuando sostiene que la convivencia pasa por una institución política que sumase
la serenidad, la gravedad y el unitarismo castellano (heredado de los reinos
visigóticos) con el seny, el
federalismo catalán-aragonés en una forma de simbiosis que permitiera la integración
de ambas realidades distintas en una unidad política superior.
El intelectual –sostendrá Marías– se caracteriza por ser un hombre está
permanentemente ha de estar en su patria. Don Julián recibió varias ofertas
para marchar a universidades de los EE. UU de América, ya que no “pudo”
incorporarse a la Universidad Española. Ante tales invitaciones contestaba: “Prefiero rabiar en mi patria que estar a
gusto en los Estados Unidos porque creo que el papel del intelectual es ésta,
la de estar aquí, en España”. El intelectual también se distingue por el
hecho de que “se le cayera la lengua a golpe de hablar” porque los hombres se
entienden hablando; lo que le llevó a acuñar una máxima que marcó mucho su
existencia: “Por mí que no quede”.
Marías –afirmaba– que estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para que
los españoles jamás volviéramos a una trinchera para debatir qué somos o qué
dejamos de ser.
Julián Marías se confesará católico aunque muy respetuoso con otras
creencias religiosas. Marías es consciente de que el ser de lo “católico” ha
impregnado de siempre el ser de la patria y de la cultura española. En este
punto, conviene apuntar que su altura intelectual es comparada a nivel europeo
por su catolicismo con el filósofo Romano Guardini y por su liberalismo con
Jean-François Revel.
Los pasados días 23, 24 y 25 de julio de 2014 se celebró el curso de verano de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), que tradicionalmente tiene lugar en el seminario diocesano de Monte Corbán de la ciudad de Santander. Este año se dedicó a conmemorar el centenario de la Generación de 1914, a la que perteneció el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, a la sazón primer presidente de la ya centenaria ACdP. Puedes pinchar aquí para ver la crónica y las fotografías de este interesante curso. Destaquemos algunos de sus actos en los que tuve el honor de participar.
El miércoles día 23 intervine en la inauguración con estas palabras de bienvenida a los asistentes venidos de toda nuestra geografía española:
"Sr.
Presidente de la ACdP, D. Carlos Romero Caramelo, distinguidas autoridades civiles, académicas y militares, señoras, señores, amigos todos.
La
profunda inestabilidad socio-política por la que atravesaba España en la
primera década del s. XX fue causa suficiente para que un grupo de
pensadores y artistas enarbolasen la nada fácil empresa de superar los
anquilosados conceptos socio-políticos del s. XIX, que aún pervivían en las
estructuras gubernativas de nuestro país.
Estos
intelectuales, englobados en la denominada “Generación de 1914”, se marcaron
como objetivo reverdecer el sentimiento patrio del pueblo español con una nueva
pedagogía política, que permitiera fortalecer su tejido social e institucional.
Al
cumplirse el centenario de esta Generación volvemos la mirada hacia uno de sus
miembros, nuestro paisano y a la sazón fundador y primer presidente de la ACdP,
el santanderino Ángel Herrera Oria, actualmente camino de los altares.
Don Ángel
impulsó, como saben, múltiples obras sociales de carácter educativo, político,
sindical e incluso periodístico; participó del sentir de su época y de sus
coetáneos; y se implicó con ellos en la tarea de renovar la caduca situación
socio-política de la España de principios del pasado siglo.
La
compresión de su pensamiento y de sus obras pasa por tener presente que toda su
actividad personal estuvo alentada por la fuerza del mensaje evangélico, por la
fidelidad al magisterio pontificio y por la puesta en práctica de la doctrina
social de la Iglesia, pilares que le singularizan como miembro de la Generación
del 14.
Sin
duda, estos próximos días, y en este inigualable marco del seminario de Monte
Corbán, serán momento propicio para considerar éstas, y otras muchas más
cuestiones, en torno a la siempre estimulante e ingente figura del siervo de
Dios, Ángel Herrera Oria.
Finalmente,
quiero dirigirles en nombre del Centro de Santander de la ACdP mi más cordial
bienvenida, con el deseo de que este curso de verano les sea al menos tan
provechoso como el cuidado y mimo que le hemos procurado en coordinación con el
doctor Sánchez de Movellán. Así pues, quedo a su entera disposición. Muchas
gracias".
Inauguración del curso de verano de la ACdP 2014 en Santander junto a D. Carlos Romero, Sr. Presidente de la ACdP y Dña. Virginia Lavín, concejal del Excmo. Ayto. de Santander.
Al día siguiente, jueves día 24 los participantes en el curso nos desplazamos a la villa marinera de Santoña en donde continuamos con nuestra actividad académica.
El primer hito en el que nos detuvimos estuvo en la emblemática fortificación santoñesa de San Martín, en donde el doctor Rafael Palacio, director de la Casa de Cultura, nos dirigió un completa y enjundiosa visita. Además, nos introdujo en la interesante exposición dedicada a la Guerra de la Independencia que actualmente se alberga en el fuerte, con ocasión del bicentenario del fin de este período bélico conmemorado este año 2014; singular momento en el que, precisamente, la villa de Santoña tuvo un singular protagonismo, ya que fue la última plaza del Cantábrico en donde el ejército francés capituló.
Momento de la visita al fuerte de San Martín de Santoña, en el que puede observarse la estructura exterior del mismo.
Tras esta visita nos dirigimos al Palacio de Manzanedo, actual sede del Excmo. Ayto. de Santoña. La alcaldesa de la villa marinera, doña Milagros Rozadilla, nos recibió entrañablemente destacando el alto nivel académico de los cursos de verano de la ACdP, y manifestándose de manera particular en esta charla con la que se escribía una de "las páginas de oro de la Cultura en Santoña", como así efectivamente considero.
Acto de bienvenida de la alcaldesa de Santoña, Dña. Milagros Rozadilla (en el centro) previa a la conferencia del Dr. Jerónimo de la Hoz (a la derecha) en el salón de actos del Ayuntamiento de la villa marinera.
Permítanme
iniciar mi intervención dando públicamente las gracias en nombre de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) a
nuestra alcaldesa, quien tan amablemente hoy nos preside, porque este acto no
hubiera sido posible sin el apoyo que me brindó desde el primer momento. Asimismo, agradezco muy sinceramente al director de la Casa de
Cultura, doctor Rafael Palacio, por sus continuos desvelos para que la
organización de esta conferencia resultase perfecta.
En este
año 2014 se cumple el centenario de la Generación de 1914, a la que perteneció
nuestro paisano Ángel Herrera Oria, a la sazón fundador y primer presidente de
la ya centenaria ACdP. Motivo por lo que celebramos este curso de verano
dedicado a él y su Generación, en la cual se enmarca la conferencia que tengo
el honor de presentarles esta tarde en este inigualable e histórico Palacio de
Manzanedo de la villa marinera de Santoña.
Los intelectuales
de la Generación de 1914 se fijaron el objetivo fortalecer el tejido social e
institucional de una España que adolecía de una profunda inestabilidad
socio-política durante aquella primera década del pasado siglo XX.
Otro
miembro de la Generación del 14 vinculado a “La Montaña”, además de Ángel
Herrera, es Miguel Artigas.
Primer
director de la Biblioteca Menéndez Pelayo, y por tanto el primero que enarboló
la titánica tarea de ordenar la ingente cantidad de los valiosos libros y
manuscritos que Don Marcelino legó tras su muerte en 1912, y que hoy se
conservan en el emblemático edificio diseñado por Rucabado en la calle Rubio de
la capital cántabra. También Artigas supo aglutinar a un influyente grupo de
intelectuales comprometidos con el estudio de la cultura hispana, colocando así
a Santander y a Cantabria en el mapa de los “peregrinos” en busca de lo mejor de
la cultura española.
Estos
méritos y sus sólidos escritos trascendieron a nivel nacional e internacional, lo
que le valieron la designación como director de la Biblioteca Nacional y más
tarde como uno de los “inmortales” miembros de la Real Academia Española, al
igual que el polígrafo santanderino Menéndez Pelayo.
Nadie
mejor para exponernos la interesante figura de Miguel Artigas que el ponente
que nos acompaña, el doctor Jerónimo José de la Hoz Regules, quien se incluye
dentro de la más arraigada tradición de los científicos humanistas, porque
además de su formación universitaria como biólogo que ejerce profesionalmente
en la consejería de Medio Ambiente del Principado de Asturias, nuestro conferenciante
también es licenciado en Historia y doctor en
Historia Contemporánea. Pertenece
a la Real Sociedad Menéndez Pelayo y al Centro de Estudios Montañeses,
entidades académicas en donde ha desarrollado principalmente su actividad investigadora
en los últimos años, habiendo realizado algunas biografías de personajes
santanderinos de inicios del siglo XX, como el biólogo Juan Cuesta Urcelay, o
los historiadores, además de sacerdotes, Jerónimo de la Hoz Teja y Sixto de
Córdova y Oña. El último de sus trabajos rescata con brillo y acierto al
personaje protagonista de hoy, Miguel Artigas. Don Jerónimo, suya es la
palabra. Muchas gracias".
Una última actividad que quiero destacar, por su emotividad, es el acto de ofrenda floral que la ACdP realiza durante la Misa que se celebra en la parroquia de Santa Lucía de Santander, en donde Ángel Herrera Oria ejerció su ministerio sacerdotal, casi 30 años después de fundar como laico la ACdP.
Ofrenda floral ante la pila bautismal en donde fue bautizado el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, junto con el consejero nacional Hipólito Velasco.
- Ángel Herrera como "indiscutible" miembro de la Generación de 1914 participó del mismo objetivo común que el resto de sus coetáneos, a saber: renovar la caduca situación institucional, política y social que adolecía España a principios del siglo pasado.
- La compresión del pensamiento de Ángel Herrera y
de su obras, emprendidas a fin de la necesaria regeneración de la Sociedad, pasa
por tener presente que toda su actividad personal estuvo alentada por la fuerza
del mensaje evangélico, por la fidelidad al magisterio pontificio y por la doctrina
social de la Iglesia, pilares que le singularizan como miembro de la Generación
del 14.
- Ángel Herrera durante toda su vida se erigió en
un activo defensor de la doctrina católica y de sus bondades manifestadas en la
vida personal, familiar y social, como uno de los fundamentos históricos del
ser del pueblo español, y desde esta convicción se involucró en la común tarea
de la Generación del 14 de “modernizar” España, que aún sigue inacaba.
- Ángel Herrera tuvo claro del papel de la política
como elemento revitalizador de la Sociedad española, aunque también concedió a
otras vocaciones profesionales la fuerza moral suficiente para esta tarea
común. Además, abogó por la erradicación de los vicios adquiridos del “estamento”
político.
Como siempre, espero tus comentarios. Particularmente, agradezco a D. José Manuel Mochales sus instantáneas.