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miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Constitución de 1978 es fruto del consenso político que ha permitido la convivencia entre los españoles pero a cambio de muchas y recíprocas renuncias.

El pasado miércoles día 4 de diciembre de 2013 el Ateneo de Santander acogió en vísperas del Día de la Constitución Española la conferencia organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica dePropagandistas (ACdP) bajo el título “Constitución de 1978: los principios de unidad y de solidaridad”, pronunciada por José Peña González, catedrático emérito de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo CEU y actualmente director del Instituto de Humanidades Ángel AyalaCEU.
 
Conferencia del Dr. José Peña con ocasión del 35º aniversario de nuestra Constitución.
 
El presidente del Ateneo, Manuel Ángel Castañeda, abrió el acto dando la bienvenida al nutrido auditorio congregado, entre los que se encontraban miembros de la Real Academia de Medicina de Cantabria, del Centro de Estudios Montañeses, de la Real Sociedad Menéndez Pelayo y del ámbito universitario, cultural y empresarial de la sociedad montañesa. El presidente también agradeció al secretario del Centro de Santander de la ACdP, Alfredo Alonso -encargado de la presentación del Prof. Peña-, la oportuna organización del evento destacando la labor social y cultural de la Asociación y la figura del Siervo de Dios Ángel Herrera Oria:
 
La historia política de España siempre ha tenido presente, de una manera o de otra, la tozuda discusión de los nacionalismos periféricos que ponen en cuestión la indisoluble unidad de nuestra patria, a pesar de haberse forjado en una rica y recia tradición histórica que ha permitido construir uno de los Estados más fecundos de la Historia de la Humanidad.

En el momento actual la voz de los nacionalismos parece que “grita” con más fuerza que nunca en aras de distanciarse de la realidad “España” siempre abierta a Europa. Ante esta situación, y en vísperas del Día de la Constitución, el centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas, fundada por nuestro paisano el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria ha invitado al Prof. Dr. D. José Peña González para que pueda dar luz y criterio sobre esta cuestión.

Sin detallar sus múltiples méritos señalemos que el Profesor José Peña es licenciado y doctor en Derecho y en Ciencias Políticas (por la Universidad Complutense), en Historia (por la Univ. Alcalá de Henares), y en Ciencias de la Información (por la Univ. Rey Juan Carlos). Como singularidad decir que estos 4 doctorados fueron obtenidos con la calificación: Sobresaliente Cum Laude. Posee una dilatada trayectoria académica, con más de 40 años de experiencia docente, como catedrático, ya emérito, de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo CEU, en donde ha desempeñado altas responsabilidades académicas, siendo actualmente director de su Instituto de Humanidades Ángel Ayala CEU. Pertenece a diversos organismos académicos como la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y la Real Academia de la Historia. Ha escrito más de 28 monografías, más 140 artículos en obras colectivas sobre sus líneas principales de investigación (Historia del Derecho Constitucional e Historia Política). Numerosas colaboraciones en prensa, radio y televisión, con sus más de 1.000 artículos en medios digitales, como: La Opinión Digital sobre sobre arte (incluido el noble arte del toreo), crítica de libros y la realidad sociopolítica del momento).

El Dr. Peña, nos honra con su generosidad aceptando nuevamente la invitación del Centro de Santander de la ACdP, el cual queda a su más entera disposición en nuestra sede: la parroquia del Santísimo Cristo, nuestra web: www.acdp.es/santander, o en santander@acdp.es.

“La Constitución de 1978: los principios de unidad y de solidaridad”. Profesor, suya es la palabra. Muchas gracias.

El conferenciante comenzó su intervención exponiendo el contexto histórico que rodeó a la Constitución de 1978 con una advertencia inicial, a saber: la Carta Magna vigente es “un fruto del consenso político que ha permitido la convivencia entre los españoles pero a cambio de muchas y recíprocas renuncias”. Así, tras indicar que España fue el último país del arco Mediterráneo en darse una constitución -incluso por detrás de Grecia y Portugal-, señaló a las tres figuras que conformaron el motor definitivo para la promulgación de la actual Constitución, a saber: S. M. el rey Juan Carlos I, en su calidad de jefe del Estado; el presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda, estratega que ideó el itinerario jurídico que logró derogar las Leyes del anterior régimen franquista a favor de un nuevo régimen democrático; y, por último, el presidente del gobierno, Adolfo Suárez, principal impulsor para alcanzar un acuerdo político entre los partidos que permitiera la redacción de nuestro actual marco normativo de convivencia. A continuación, el conferenciante reflexionó sobre el texto constitucional con un especial análisis del artículo 2º, ya que en él se reconocen expresamente los principios de unidad, de autonomía y de solidaridad: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, (…), y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de la nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. La conferencia finalizó con un breve recorrido histórico, a modo de síntesis, del entramado legislativo que desde los Reyes Católicos han regulado las instituciones españolas, rescatando aquellos rasgos que han ido conformando en su entramado jurídico los principios de autonomía, de diversidad y, por ende, también de solidaridad, principios “que han permitido edificar las bases constitucionales de la unidad indisoluble de España”.

A la conferencia siguió un animado coloquio, en el que el ponente aprovechó para reconocer el importante papel que también jugó el santanderino Alfonso Osorio vicepresidente durante el gobierno de Alfonso Suárez.
 
Agradezco particularmente a D. José Manuel Mochales su instantánea.
En Santander, a 4 de diciembre de 2013.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cádiz, 1812. Guerra. Nación. Revolución. Conferencia de Dr. José Peña en Santander

“¿No se han enterado, todavía, que Cádiz es una de las fechas más europeas de España?”.

Así puede sintetizarse la brillante conferencia “Cádiz 1812. Guerra. Nación. Revolución” pronunciada por el doctor José Peña González ‒director del Instituto de Humanidades Ángel Ayala CEU y catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo CEU‒, y organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), dentro de los eventos que la Asociación ha preparado con motivo del bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, y celebrada el 21 de noviembre de 2012.



A modo de introducción y como presentación del ponente dirigí estas breves palabras:

"Los bélicos acontecimiento de principios del siglo XIX aceleraron una respuesta “a la española” a la crisis intelectual europea que zarandeada por la filosofía de la Ilustración arrancó durante el pasado siglo XVIII. Así, la Constitución de Cádiz de 1812 fue erigida como marco jurídico para intentar dar respuesta a los acontecimientos causados por la Guerra de la Independencia y que afectaron a los ámbitos de lo social, de lo ideológico y de lo político.
Para dar luz sobre esta cuestión contamos entre nosotros con el Dr. José Peña González, quien tan generosamente ha aceptado la invitación del Centro de Santander de la ACdP para dirigirnos una conferencia bajo el título: Cádiz, 1812. Guerra. Nación. Revolución.
El Dr. Peña es licenciado y doctor en Derecho (UCM), Ciencias Políticas (UCM), Historia Contemporánea (Univ. de Alcalá) y Ciencias de la Información (Univ. Rey Juan Carlos), obteniendo en todos los doctorados la calificación de sobresaliente cum laude.
Ha sido decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y vicerrector de Alumnos de la Universidad San Pablo CEU, en donde ha ejercido la docencia durante más de 40 años como catedrático de Derecho Constitucional. Actualmente es director del Instituto de Humanidades Ángel Ayala CEU de esta misma Universidad.
Pertenece, entre otras instituciones académicas, a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y a la Real Academia de la Historia.
Su producción bibliográfica es singularmente abundante. Toca múltiples áreas del conocimiento humano, aunque en especial cultiva el pensamiento jurídico y político. Permítanme algunas breves menciones: más de 20 monografías, p. ej.: Los grandes temas del Derecho Político (1985), Historia Política del Constitucionalismo Español (1995), o Monarquía, Transición y Constitución (2008); más de 130 publicaciones en estudios y trabajos colectivos, destaco solamente algunas que se ciñen al tema de esta tarde-noche: Cádiz, 1812. Una de las fechas europeas de España (2008), Cádiz: apertura de España a la modernidad (2011), o Cádiz: respuesta española a la crisis europea (2012).
Además, nuestro ponente ha colaborado en prensa escrita y digital (La Opinión Digital), en esta última sobresalen sus más de 1.000 artículos sobre arte, crítica de libros y actualidad socio política. Asimismo, ha pronunciado múltiples conferencias sobre su especialidad tanto en sede académica, universitaria y otros foros. Doctor, suya es la palabra".



Presento a continuación las principales ideas que el Dr. Peña expuso al numeroso y entregado auditorio que acudió al salón de actos del Ateneo de Santander, que contó con la presidencia de su vicepresidente, don Orestes Cendrero Uceda.
Numeroso auditorio en el Ateneo de Santander para asistir a la conferencia del Dr. Peña.

La Constitución de Cádiz fue una respuesta “a la española” de la profunda crisis moral, intelectual y política que sufrió Europa durante el siglo XVII y que se manifestó abiertamente en el siglo XVIII. Llegó un momento en el siglo XVII que, a nivel intelectual, toda Francia y, consecuentemente, toda Europa, pensaba como Bossuet y como Voltaire. Este hecho ‒afirmó el Dr. Peña citando la obra de Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea (1680-1715)‒, supuso una auténtica revolución que afectó a todos los niveles. Este cambio ideológico también llegó a España, porque España no fue “un islote aislado” sino que “¡también tuvo su Ilustración!”, caracterizada por sus contenidos religiosos católicos y que la diferenciaron de la Ilustración francesa y austriaca. Esas singulares connotaciones subyacentes se mostraron claramente en la Constitución de Cádiz (artículo 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”).

España a principios del siglo XIX se vio inmersa en una guerra ‒“en una cruzada”‒ de carácter europeo porque no solo es España quién lucha contra Napoleón, sino que también están en armas Alemania y Rusia. En este contexto bélico, encontramos cuatro interpretaciones de cómo tiene que ser el marco jurídico que ha de regular la convivencia de los españoles y que se corresponden con cuatro grupos sociales que tratarán de influir en el diseño de la futura Constitución:
El primer grupo, los “afrancesados” (p. ej.: duque de Santa Fe) disponían de una buena preparación intelectual, aunque estaban convencidos de las bondades de las tesis de la Revolución Francesa de 1789; fueron los encargados de diseñar la Constitución de Bayona de 1808, pero esa Constitución hubiera sido una buena solución en el siglo pasado, durante el reinado de Carlos IV, por lo que llegó tarde en el tiempo.
El segundo grupo corresponde a los “tradicionalistas” o “reaccionarios” (p. ej.: el Filósofo Rancio, el Padre Isla, el Abate Marchena), como los anteriores también poseían una buena preparación intelectual, este grupo intuyó que si las tesis liberales se imponían en la futura Constitución la gran perjudicada sería la Iglesia, “oliéndose, así, con anticipación las desamortizaciones de Mendizábal”.
El tercer grupo social, los “reformistas” (p. ej.: Jovellanos) que buscaron “poner en marcha lo que ya había en la legislación española” en vez de innovar: “hay que adaptar la legislación a las nuevas circunstancias de los nuevos tiempos del siglo XIX”; este grupo fue el gran perdedor porque su postura no fue tenida en cuenta.
Y el cuarto y último grupo fue el denominado como los “doceañistas” (p. ej.: Muñoz Torero, Argüelles); beben intelectualmente tanto de la cultura francesa como de la británica; harán prevalecer sus enfoques; presentaron como solución para la redacción de la carta magna el que ésta debe partir desde dos principios: la soberanía nacional y la división de poderes. Así, se fue elaborando una constitución de influencia doctrinal francesa, que sigue el modelo de “Nación” de Sieyès (artículo 1), concepto que se fundamenta en el de “soberanía nacional”, y no el modelo de Rosseau, basado en la “soberanía popular”. La Religión Católica sería totalmente aceptada porque formaba parte de la conciencia social de España, pero las sucesivas constituciones progresivamente irán relajando la presencia e importancia del catolicismo.

Finalmente, el Dr. Peña, concluye afirmando que Cádiz fue el germen del liberalismo español posterior.

Agradezco desde estas líneas las instantáneas realizadas por J. M. Mochales.

Santander y 21 de noviembre de 2012.