Lunes, 30 de junio de 1947. Las calles de Santander se
engalanan. La céntrica Parroquia de Santa Lucía acoge una ceremonia litúrgica
inédita en la ciudad: la consagración de un obispo. Además, la celebración
posee la gozosa singularidad de que el ordenando es un santanderino muy querido
tanto en la ciudad como fuera de ella, y además coadjutor en esa misma
Parroquia: Ángel Herrera Oria (Santander, 1886 – Madrid, 1968), a quien el 3 de
mayo el papa Pío XII ha preconizado para ocupar la sede de Málaga.
Esta solemne celebración la preside el nuncio apostólico
en España, monseñor Gaetano Cicognani, acompañado de monseñor José Eguino y
Trecu ‒obispo de Santander‒ y de monseñor Juan Hervás Benet ‒ obispo coadjutor
de Palma de Mallorca‒. Asimismo, asisten en calidad de padrinos el Excmo.
Ayuntamiento de Santander y la Excma. Diputación Provincial de Santander, participando
como su representante la doña Lucía Fernández de Herrera.
José María Eguaras Iriarte ‒alumno de la Escuela Social Sacerdotal
de Maliaño (creada por Herrera y ubicada en el actual barrio Pesquero de
Santander), y a la postre su secretario particular en Málaga‒ relata algunos
sucesos de aquel día: “Puedo testificarlo porque iba detrás del obispo y sentí
el escalofrío de emoción ante el grandioso espectáculo de un pueblo aplaudiendo
con lágrimas en los ojos”. Efectivamente, la población de Santander ‒dice‒ asiste
en masa a la ordenación episcopal de este hijo de la ciudad, abarrotando
completamente el templo. Finalizada la ceremonia, Ángel Herrera se encuentra
con una multitud de personas congregadas en la actual plaza de Cañadío y calle
Daoiz y Velarde, que manifestando su alegría le aplauden y aclaman como nuevo
titular de la diócesis malagueña. El flamante obispo corresponde al afecto
recibido bendiciéndoles durante el besamanos, que dura varias horas.
Nuestro paisano permanece todo el verano en “su tierruca”,
residiendo en la casa familiar de la calle Hernán Cortés. El 29 de septiembre
marcha para encaminarse hacia la andaluza ciudad de Málaga, tomando posesión de
la diócesis el 12 de octubre. Antes de irse, Ángel Herrera deja dispuesta la
donación al obispado de un terreno heredado en la calle Vargas de Santander, en
donde años después ‒gracias al decisivo impulso del sacerdote José María Torre‒
se edifica una nueva Parroquia dedicada a la Patrona de nuestra diócesis: La
Bien Aparecida, que recientemente ha celebrado su cincuenta aniversario
(1966-2016).
Sirva este breve recuerdo, a los setenta años de este
acontecimiento, para refrescar la rica biografía de Herrera Oria, quien sin
duda merece seguir conservando hoy su atractivo para el hombre contemporáneo.
¡Evitemos fatales retrocesos sociales y culturales manteniendo perenne memoria de
aquellos que, cómo Herrera Oria, participaron decisivamente en la construcción
de la España actual!
La vida de don Ángel se encuentra jalonada por muy
distintas etapas: todas ellas vividas con enorme intensidad, obteniendo
múltiples frutos en beneficio de la sociedad y sin necesidad de abandonar el
criterio que proporcionan las enseñanzas evangélicas y la doctrina social de la
Iglesia.
Ángel Herrera durante su período como laico ‒tras aprobar
la oposición de abogado del Estado‒ lidera múltiples obras sociales, en el primer
tercio del siglo XX: primer presidente de la Asociación Católica de Propagandistas(ACdP); dirige durante veintidós años del periódico más influyente de esta
época: El Debate; funda La Editorial
Católica, la primera escuela de Periodismo de España, el Centro de EstudiosUniversitarios (CEU) y el Instituto Social Obrero; impulsa los sindicatos agrarios
y el partido político “Acción Nacional” (luego “Acción Popular”, germen de la
“CEDA”); promueve la Universidad Católica de Verano en el Colegio Cantábrico de
Santander.
Herrera decide abandonar la vida pública civil para abrazar
la vida sacerdotal. Ordenado presbítero en Friburgo (Suiza) en 1940, vuelve a
su ciudad natal para desarrollar las primicias de su sacerdocio. Aquí ‒además
de sus obligaciones pastores, que realiza ejemplarmente‒ funda la Escuela Obrera
de Aprendices y la Escuela Social Sacerdotal, impulsa la construcción de las viviendas
sociales del actual Barrio Pesquero, ejerce como capellán en la cárcel, interviene
en la creación de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y de la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Ya como obispo de Málaga destaca su firme
combate contra el analfabetismo: singular ejemplo es su decisiva participación
en la construcción de más de 200 escuelas-capillas por toda la diócesis; asimismo
funda en Madrid el Instituto Social León XIII y el Colegio Mayor Pío XII. El
papa Pablo VI, reconociendo su generosa entrega y servicio en pro del Bien
Común, le crea cardenal de la Iglesia en 1965.
Ángel Herrera Oria es Hijo Predilecto de Santander (1965) y de
Cantabria (2004), y su causa de canonización actualmente está estudiándose en
Roma.
En Santander, a 30 de junio de 2017, 70 años después.
Estudiosos de la obra del Marcelino
Menéndez Pelayo (1856-1912), cada 19 de mayo, acuden a Santander, a su
Biblioteca ‒“la meca” del hispanismo‒ para reconocer públicamente la fecundidad
de su oceánica producción bibliográfica. Unámonos al homenaje, evocando su
pensamiento que no ha perdido su actualidad en el tiempo presente.
El polígrafo santanderino continúa
erigiéndose hoy en “despertador de la conciencia española”, y en baluarte defensor
de la grandeza de España y la altura de miras de sus naturales. Sus enseñanzas presentan
el patriotismo como el amor al estilo de vida y a la cultura característica de
la tierra en donde uno nació o vive, frente a actitudes etiquetadas como
“nacionalistas”, persistiendo tozudamente en reafirmar las diferencias propias
de “su” cultura y en enfrentarse “por sistema” contra todo lo existente fuera
de ella. Por lo que no debe soliviantarnos quién cuestione la naturaleza de
nuestra patria, especialmente si muestra espurios argumentos, ya que estas
posturas incorporan como prácticas habituales la sospecha y la crítica, propias
de nuestra época contemporánea.
Lo que metafísicamente España es ‒pese a
quien le pese‒ se ha ido configurando con el paso de los siglos, conformándose
lo que actualmente es: una colosal entidad histórica, política, cultural y social.
El dilatado recorrido histórico del pueblo español ha servido para fraguar su ser,
su tradición, su personalidad y lo que justifica la unidad del diverso conglomerado
de sus comunidades agrupado bajo una sola bandera. Los principios fundamentales
y perennes de la vida nacional beben del espíritu o “genio nacional” ‒como le gusta
llamarlo al polígrafo‒, siendo precisamente ese “genio” el garante que
proporciona la continuidad histórica y espiritual a España como entidad
nacional.
Don Marcelino apartándose de “exageraciones
nacionalistas”, opta por potenciar las singularidades de cada región española, que
enriquecen y complementan al tiempo tanto al conjunto de la nación como al
resto de regiones que conforman España, sin prescindir, por tanto, de su unidad
como patria. El polígrafo declaró públicamente su predilección por la cultura
catalana, un afecto únicamente superado por su “Montaña” natal (Cantabria). Así
lo manifestó en Barcelona el 27 de mayo de 1888 en un discurso que pronuncia en
lengua catalana durante unos Jocs Florals:
agradece a Cataluña lo mucho que le influyó en su formación académica, y elogia
su lengua declarando que aquellos Jocs constituían
“una de les més enérgiques afirmacions del sentit tradicional de la nació
espanyola”.
Menéndez Pelayo manifestó un infatigable
amor al estudio y al trabajo, sin abandonar los principios y valores de la fe católica
que profesaba, lo que en absoluto le obstaculizó para actuar siempre con rigor
científico, como corresponde al investigador que sinceramente busca la verdad, natural
inclinación de la persona inherente en nuestra humana naturaleza. Su hermano
Enrique lo sintetizaba diciendo que “amaba a Dios sobre todas las cosas y a los
libros como a sí mismo”.
El polígrafo afirma que resulta
innegable que el Cristianismo es el “instrumento” con el cual históricamente
España ha alcanzado su máximo esplendor de “unidad de conciencia nacional”,
hasta el punto de identificar “lo español” con “lo católico” e incluyéndolo
como un elemento esencial en la forja de su entidad. España como nación no se
fundamenta en la unidad de lengua (castellano, catalán, gallego-portugués y
vascuence son todas ellas lenguas españolas), ni en la unidad de raza (el
pueblo español es resultado del mestizaje de muy diversas razas presentes en la
península Ibérica a lo largo de los siglos), ni tampoco en la unidad cultural;
sino lo que históricamente ha mantenido unidos a los españoles es su fe
católica, la cual se erige en el principal elemento integrador del pueblo español
‒concluye el santanderino‒. Así, España resulta expresión de un proyecto común,
en el que nacionalidad y religión se identifican.
Don Marcelino llama a aceptar nuestra
Historia por completo y a demostrar un sano orgullo por ella, porque posee
nobles virtudes morales y los altos proyectos del pueblo hispano. Nos
encomienda que mantengamos el alto concepto histórico que España posee porque
siempre ha tendido a resurgir de sí misma, con mayor o menor acierto: “en medio
de la profunda decadencia que agotaba las
fuerzas de nuestra nación, todavía el talento y la firmeza de algunos ilustres
varones, unido al prestigio tradicional de nuestra grandeza pasada, alcanzaba a
mantener en apartadas regiones el decoro de nuestra monarquía; esfuerzo
verdaderamente milagroso y muy digno de ser considerado y agradecido”.
La
aplicación de las enseñanzas del polígrafo permitiría generosas y definitivas
respuestas a aquellas “problemáticas” que distorsionan nuestra propia
convivencia en común como españoles, con soluciones que emanan de las bases
culturales vertebradoras de nuestro “espíritu nacional”: la fe católica y la
institución monárquica, pues sin estas referencias actualmente no puede
comprenderse ni el ser de España ni el sentir de “lo español”.
En "la meca" del hispanismo: la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander, a los 105 años del fallecimiento de don Marcelino, 19 de mayo de 2017.
El presidente del Ateneo Manuel Ángel Castañeda
ofreció la bienvenida al nutrido público congregado que superó las 190 personas,
entre las que se encontraban el obispo de Santander monseñor Manuel Sánchez
Monge, el comandante naval de Santander, el director de la sección de
Desarrollo Rural de la Fundación Botín, representantes de las delegaciones
diocesanas de Apostolado Seglar y de Familia y Vida, y miembros de la junta
directiva del Ateneo, del Centro de Estudios Montañeses, de la Fundación
Torres Quevedo y de la Real Sociedad Menéndez Pelayo.
M. A. Castañeda, M. Oreja, mons. M. Sánchez y A. Alonso
Tras presentación realizada por el consejero nacional y secretario del Centro de Santander de la ACdP Alfredo Alonso García -que se incorpora más abajo-,
el conferenciante comenzó desgranando el título de su ponencia, justificando con sólidos
argumentos tanto históricos como políticos el genuino engarce de España con
Europa y viceversa.
Al hilo de su exposición se detuvo singularmente en la
figura de Ángel Herrera Oria, a la sazón primer presidente de la ACdP, para
destacar su indudable "carácter europeizador" -al decir de Pedro Laín
Entralgo-, un firme convencimiento que procuró irradiar en las múltiples
obras que promovió durante su vida.
Marcelino Oreja, haciéndose eco de la
actualidad política europea, ofreció al atento auditorio una rigurosa
reflexión a propósito de la reciente decisión del Reino Unido de separarse de
la Unión Europea: el brexit. Todo ello suscitó un animado coloquio posterior,
finalizando la conferencia con un prolongado aplauso.
Siguen a continuación las palabras de presentación del ponente:
"Buenas
tardes. Giovanni Reale a lo largo de su libro Las
raíces culturales y espirituales de Europa (Herder, 2003)presenta persuasivos y sólidos
argumentos de la profunda necesidad de que Europa inicie cuánto antes un nuevo
proceso de “renacimiento”: un proceso que permita al ciudadano europeo de hoy
redescubrir sus orígenes y reconocer la grandeza del legado del cual es directo
custodio, a saber: la filosofía griega, el derecho romano y la fe en
Jesucristo. Además,
cualquier manifestación de repulsa a tan magna herencia -subraya el eminente
filósofo italiano-, representa una clara negación del esperanzador horizonte que siempre
ha enarbolado el común proyecto de Europa.
Al hilo de
estas ideas, permítanme recuperar la figura de un paisano nuestro: el
santanderino Ángel Herrera Oria, a
la sazón primer presidente de nuestra asociación: la Asociación Católica de
Propagandistas (ACdP).
Ángel Herrera fue muy consciente del relevante papel de Europa y lo que ella
representaba para España, una postura que reconoció públicamente Pedro Laín Entralgo, quien destacó de
él ‒entre otras facetas‒ su “carácter europeizador”.
Veamos dos fragmentos de
sus pensamientos que ejemplifican este convencimiento.
El 22
de enero de 1926 durante un discurso en el Centro escolar y mercantil de
Valencia, Herrera Oria mientras
desgranaba nuestra tradición histórica expuso que “España, en los siglos XV y
XVI, fue grande porque actuó con un espíritu verdaderamente europeo”.
Y, un
par de años después, el 8 de diciembre de 1928 el Centro de Cádiz de la ACdP
celebró un círculo de estudios extraordinario en la Academia de Santa Cecilia
de la ciudad gaditana, entre los ponentes, su presidente, Ángel Herrera, quién se dirigió al auditorio con una charla
titulada Una cultura unánime y total;
en ella se incidió en la necesidad de la formación de personas selectas con
capacidad de dirección. Cito un extracto:
“Pocas cosas hacen tanta falta como una minoría selecta, unida por un
pensamiento claro y común sobre puntos fundamentales. Hay que volver a
reconstruir algo […] hoy perdido: una cultura unánime y total. No nos damos
cuenta del enorme sentido social y expansivo que tenían las cosas todas, cuando
Europa tenía un mismo lenguaje espiritual, una misma cultura cristiana. Hoy las
almas hablan lenguaje diferente. Entre espíritus que piensan de modo vario y distinto
acerca de las nociones fundamentales –autoridad, familia, religión, patria– no hay
diálogo posible […] es preciso empezar por el principio, por reconquistar lo
perdido, por reconstruir la claridad de las nociones”. Hasta aquí las palabras de Herrera
Oria.
La actualidad vuelve a poner a Europa
en nuestros labios, invitándonos a repensar el ser de Europa, cómo fortalecerla
y qué direccionalidad ha de tomar la común alianza entre los países que la
conforman.
Así pues, el Centro de Santander de la
ACdP se honra en presentar esta tarde a una persona que con su pausada
reflexión y eficaz acción puede irradiar luz sobre estas cuestiones y otras
muchas más: me refiero a don Marcelino
Oreja Aguirre, a quien agradezco profundamente el que haya aceptado nuestra
invitación. Nos encontramos ante una persona de
una excepcional trayectoria profesional y sobre todo humana, jalonado de
múltiples méritos, permítanme reseñar tan solo unos pocos de ellos.
Don Marcelino es licenciado y doctor en Derecho. Ademáses doctor honoris causa por las Universidades de
Zaragoza y de Sevilla. Diplomático de carrera, actualmente con la máxima categoría: Embajador de España. Ha sido ministro
de Asuntos Exteriores en el Gobierno de UCD de Adolfo Suárez, de feliz memoria (1976-1980).
Nuestro ponente resulta un profundo
conocedor de lo que significa la construcción de la moderna Europa, como ponen de manifiesto algunas de estas responsabilidades y reconocimientos, a modo de ejemplo: Secretario General del
Consejo de Europa; europeo del Año por la Fundación Europea
de la Ciencia del Arte y de la Cultura en el Palacio del Senado de la República
Francesa; presidente de la Comisión Mixta
Congreso-Senado en la Cortes Generales
para Asuntos Europeos; parlamentario europeo y presidente de la Comisión Institucional
del Parlamento; asimismo, miembro de la Comisión de las Comunidades Europeas, responsable
de Transporte y Energía en calidad de comisario europeo; profesor titular de la Cátedra Jean Monnet
de Instituciones Europeas en la Universidad Complutense
de Madrid.
También pertenece a la Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, de la que ha sido su presidente, y actualmente su presidente de
Honor.
No está de más señalar que esta misma
mañana ha recibido la medalla de honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).
En la actualidad preside el Instituto
de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo.
Finalmente, ha de decirse que don Marcelino también es propagandista, lo
que supone todo un orgullo para nuestra Asociación contar con su persona. Resulta
un auténtico ejemplo a seguir por los que somos más jóvenes porque en él se
conjuga el ideal perfilado por Ángel
Herrera Oria: ser hombres de acción con espíritu sobrenatural de la
realidad.
Europa,
vocación y destino de España. Éste es el título de la ponencia que esta
tarde les ofrecemos. Don Marcelino,
suya es la palabra".
Los días 22, 23 y 24 de julio de 2015 se celebró el curso de verano de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), que tradicionalmente tiene lugar en el seminario diocesano de Monte Corbán de la ciudad de Santander, este año titulado La ACdP y sus hombres (1939-1975): de la autarquía a desarrollismo, que ha estado dirigido, como en ediciones anteriores, por el Dr. Luis Sánchez de Movellán.
Puedes pinchar aquípara ver la crónica y las fotografías de este interesante curso. Incluyo también un vídeo resumen elaborado por CEU Media (la parte dedicada a Santander a partir del minunto 5:30):
Quiero destacar algunos de sus actos en los que tuve el honor de participar.
El miércoles día 22 intervine en la inauguración, en una mesa presidida por don Carlos Romero, presidente de la ACdP y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, por don Andrés Ramos, viceconsiliario nacional de la ACdP, por don Felipe Santamaría, delegado diocesano de Apostolado Seglar, y por el director del curso. Estas fueron mis palabras de bienvenida a los asistentes venidos de toda nuestra geografía española:
"Sr.
presidente, caro Carlos; Rvdmo. viceconsiliario
nacional, querido don Andrés; Sr. delegado
diocesano de Apostolado Seglar, estimado Felipe; Sr. director
del curso, amigo Luis; compañeros
propagandistas, señoras, señores, amigos todos.
Sirvan
mis primeras palabras para darles la bienvenida a Santander en nombre del
Centro de Santander de la ACdP. Concretamente a nuestro seminario de Monte Corbán,
corazón de nuestra diócesis.
Resulta
un auténtico lujo, un año más, que la ACdP elija nuestra ciudad como sede para
celebrar su ya más que tradicional curso de verano. En él, propagandistas de
toda la geografía nacional gozamos de la oportunidad de recibir una misma
formación de extraordinaria calidad académica, y además, y si cabe más
importarte, de compartir valiosos encuentros personales que nos sirvan para
fortalecen nuestro mismo sentir y obrar en aquellos ámbitos de la vida pública
en la que nos movemos.
En
esta edición se va a considerar la acción de destacados propagandistas que,
entre 1939 y 1975, participaron en la nada fácil empresa de trabajar por el
progreso de nuestra sociedad española, a pesar de la difícil situación
socio-política por la que atravesó España durante este periodo de nuestra
Historia reciente.
Esas
personas no pueden dejar de sernos perenne ejemplo de cómo “arrimar el hombro” en
la necesidad y de cómo enarbolar complejas tareas sociales. Ellos carecieron de
muchísimos medios materiales e, incluso, humanos. Sin embargo, sin dejar de
perseverar en sus objetivos, sí disponían de unos valiosos e imponderables recursos:
el entusiasmo, el vigor y, sobre todo, la certeza que proporciona la fe, con la
confianza de que sus esfuerzos estaban dirigidos a alcanzar un fin si cabe
mayor y que supera todo entendimiento humano.
En
definitiva, no “tiraron la toalla” en su empeño de reconstruir nuestra herida
España, y para ello acudieron a los luminosos criterios que proporciona la
Doctrina Social de la Iglesia. Si ellos con tan poco realizaron tanto, ¿qué no
podríamos nosotros ejecutar hoy en día con tantas facilidades y medios para
seguir trabajando por las personas y la sociedad que nos rodea?
Permítanme
rescatar unas reflexiones del siervo de Dios Ángel Herrera Oria, nuestro
paisano y a la sazón primer presidente de nuestra centenaria Asociación, que
pueden servirnos de acicate para estimular nuestros intelectos y orientar
nuestras voluntades dentro del seno de la vida pública española, recobrando así
su actualidad a pesar de haber sido pronunciadas en 1946:
“En conjunto las clases altas españolas, hoy como de
ordinario en el curso de la historia, no están a la altura de las
circunstancias. No veo en ellas una espontánea, honda, continua, eficaz
preocupación por levantar el nivel de las clases humildes. Y cuando digo clases
altas, siempre coloco en ellas la aristocracia del talento y de la cultura”
(1/2/1946).
Y, tres años
más tarde, en 1949, decía:
“Lo que urge es formar (…) minorías que, teniendo hambre y
sed de justicia en el corazón, y mente moderna iluminada por la doctrina de la
Iglesia y por el conocimiento suficiente de la ciencia social, difundan con
decisión y valor, con santa libertad evangélica, ante el pueblo, un programa
positivo y concreto donde puedan coincidir las innumerables fuerzas que desean
en España sinceramente la implantación de un orden social cristiano”
(15/3/1949).
No
dudo que estas palabras, efectivamente, tocaron y enardecieron el corazón de
los protagonistas del curso de verano que esta tarde comenzamos.
Finalizo,
excusando la presencia del alcalde de nuestra ciudad. Esta semana se celebran
una multitud de eventos con ocasión de la Semana Grande de Santander en honor
del apóstol Santiago, no permitiéndole ni acompañarnos ni enviarnos a ningún
concejal que le represente. También
a nuestro obispo, don Manuel Sánchez Monge, no le resulta posible estar ahora con
nosotros, pero sí tendremos el honor de que presida la Misa que posteriormente celebraremos
en la capilla de este nuestro seminario diocesano. Quiero también agradecer al comandante naval de Santander el que haya querido estar con nosotros acompañándonos esta tarde.
Quedo a su entera disposición para lo que tengan a bien menester, y
no solo durante estos días en los efectivamente trataremos que su estancia
en nuestra tierruca les sea agradable y provechosa. Muchas
gracias".
El Popular TV Cantabria dedicó un video noticia sobre este primer día del curso, que contiene una breve entrevista al director del curso, Dr. Luis Sánchez de Movellán:
El viernes día 24 de julio me fue encomendada la tarea de presentar al actual director de la revista Razón Española: Dr. Gonzalo Fernández de la Mora y Varela, quien dirigió una ponencia titulada Federico Silva Muñoz: eficacia política y RazónEspañola:
"Buenas tardes. Continúa nuestro recorrido por algunos destacados propagandistas que entre 1939 y 1975 participaron en la nada fácil empresa de trabajar por el progreso de nuestra sociedad, a pesar de la difícil situación socio-política por la que atravesó España durante este periodo de nuestra Historia reciente.
La persona
sobre la que enfocaremos nuestra atención esta tarde desempeñó importantes responsabilidades
como propagandista al ser elegido vicepresidente de nuestra Asociación, en la
LII Asamblea de Secretarios celebrada el 17 de septiembre de 1960 durante la presidencia de
don Alberto Martín-Artajo. Como ustedes ya habrán podido adivinar me estoy
refiriendo a don Federico Silva Muñoz.
Don Federico
no solo reservó sus talentos para nuestra Asociación, sino que también los
emplearía, entre 1965 y 1970, al servicio de nuestra sociedad española desde la
cartera ministerial de Obras Públicas, siendo substituido al frente de este
ministerio por don Gonzalo Fernández Mora y Mon, ministro entre 1970 y 1974. La
fluida cooperación política mantenida entre ambos, les permitió también fraguar
una sólida amistad.
Años más
tarde, a principios de 1980, don Federico Silva Muñoz constituiría la Fundación
Balmes con la finalidad de “contribuir al desarrollo de una concepción del
mundo: el humanismo, que es la substancia racional de la filosofía cristiana”.
Desde el
seno de esta Fundación se ideó la necesidad de publicar una revista de
pensamiento. La íntima relación de amistad consolidada durante las décadas
anteriores, llevó a don Federico a encargar a don Gonzalo que diseñase y
dirigiera esa revista de pensamiento, que a la sazón se llama: Razón Española, que editaría su primer
número en el bimestre octubre-noviembre de 1983.
Así, frente
a un humanismo español doctrinalmente desarmado y carente de medios de
expresión Razón Española “aspira a
rectificar la estrategia dialéctica del humanismo de nuestro país” –afirmará
don Gonzalo−, ya que “no es la retórica oportunista y falaz, sino la verdad
experimental y racional la que nos hará libres”.
Para hablarnos del protagonista de esta tarde, don Federico Silva
Muñoz, a la luz de la titánica labor intelectual enarbolada por don Gonzalo
Fernández de la Mora y Mon, gozamos esta tarde de la autorizada voz del hijo de éste, de quien recogió el testigo –no sin la responsabilidad que ello supone− de la dirección de
la revista Razón Española tras su
muerte en febrero de 2002.
Nuestro
ponente, don Gonzalo Fernández de la Mora y Varela, es licenciado en Ciencias
Físicas y esmeró su formación académica en Ohio (USA), donde
realizó un master en Ingeniería Eléctrica.
Les destaco algunas de sus responsabilidades que ha asumido y que jalonan su trayectoria profesional: entre 1980 y 1981, director del Centro de Cálculo del Instituto Nacional de Prospectiva; entre 1982 y 2004
forja una dilatada carrera en la División Aeroespacial de SENER INGENIERÍA Y SISTEMAS, S.A.; entre 2005 y 2007 dirige
la empresa SEADM dedicada a la química analítica; y actualmente dirige,
desde 2007, SEDET: una empresa
fundada en cooperación con la multinacional francesa SAFRAN y el Centro
Tecnológico Fundación CARTIF, con el objeto de desarrollar un equipo de
detección de explosivos destinado a la seguridad aeroportuaria. Así, en la persona del actual director de Razón Española, nuestro ponente de esta tarde, se encarna la constancia del empresario hecho a sí mismo, la valentía del promotor y la audacia del director de PYME’s dedicadas a la I+D en el área de ingeniería.
No sin
acierto don Gonzalo nos acercará a la figura de Federico Silva Muñoz, eficacia política y Razón Española, desde
la privilegiada óptica de la amistad que mantuvo con su padre". Finalmente, el sábado día 25 de julio participé en el acto de clausura, junto al director del curso y el secretario general de la ACdP, don Antonio Rendón-Luna y de Dueñas, interviniendo en primer lugar:
"Sr.
secretario general de la ACdP, Sr. director
del curso, compañeros
propagandistas, amigos todos. Finalizan,
tristemente, los trabajos y las reflexiones de este intenso curso en las que
hemos abordado la figura de aquellos propagandistas que se erigen en perenne
ejemplo de cómo “arrimar el hombro” en la necesidad y de cómo enarbolar y sacar
a delante complejas tareas sociales, tan necesarias en nuestra España de entre
1939 y 1975. Agradezco
muy sinceramente a cada uno de los ponentes sus interesantes aportaciones, sin
ellas la altura académica de este Curso de Verano no se vendría consolidando
año tras años; a los presidentes de mesa por sus elaboradas presentaciones y
por moderar prudentemente el coloquio posterior. Y muy
especialmente les agradezco a todos ustedes su asistencia al Curso. Vienen
desde nuestra rica y abigarrada geografía nacional hasta nuestra ciudad de
Santander para recibir esta formación que la ACdP nos proporciona, lo que sin
duda puede suponer un importante esfuerzo, causa que nos estimula para intentar
hacer lo más agradable posible su estancia entre nosotros. Su particular
participación personal en los coloquios, en los momentos de descanso, durante
la fraternal conversación de las comidas y de las visitas fuera del horario
académico permite que el tono humano que se respira sea especialmente nutritivo
para cada uno de nuestras personas. Quiero
recordarles que ustedes, y un servidor, en razón de nuestro ser propagandista nos incluimos en lo que nuestro primer presidente, el siervo de Dios Ángel
Herrera Oria, señalaba como “clases altas”, esto es: “la aristocracia del
talento y de la cultura”. O, lo que es
lo mismo, las siempre necesarias minorías hambrientas y sedientas de justicia,
que tienen como referencia de acción los criterios de la Doctrina Social de la
Iglesia, y que gracias al empleo de los talentos intelectuales y sociales
trabajan por acercar al momento presente “un orden social cristiano”. En cuanto
vuelvan a sus hogares, comienza de nuevo la misión en nuestros Centros y con
nuestros compañeros propagandistas, bien sabemos que “Omnia possum in Eo qui me
confortat”. Reiterando
mi gratitud a cada uno de todos ustedes, felicitémonos por el resultado de este
Curso a la espera de otros muchos más. Buen viaje y no dejen de tener un
pedacito de Cantabria en sus corazones". Santander y 25 de julio de 2015, solemnidad del santo apóstol Santiago, Patrono de España.
El miércoles día 12 de noviembre de 2014 se celebró la conferencia “España en la vida y obra de Julián Marías”,
organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) –el único
celebrado en Cantabria en homenaje de éste filósofo con motivo del centenario de su nacimiento–, y que fue pronunciada por el catedrático
emérito de Derecho Constitucional y exvicerrector de la Universidad San Pablo CEU, Dr. José Peña González, quien repasó los distintos hitos del pensamiento
de Julián Marías a propósito de la entidad de nuestra patria.
El salón de actos del Ateneo de Santander, presidido por su vicepresidente
Orestes Cendrero, vivió tras la conferencia un animado debate del que
disfrutaron las 140 personas que acudieron a esta convocatoria de la ACdP,
entre las que se encontraban el delegado diocesano de Apostolado Seglar, el
rector magnífico de la Universidad Europea del Atlántico, el comandante naval
de Santander, el exeurodiputado Jesús Cabezón, miembros de la Real Sociedad
Menéndez Pelayo, la Real Academia de Medicina de Cantabria y el Centro de
Estudios Montañeses.
Conferencia sobre Julián Marías y España del Dr. José Peña (a la izquierda), junto con el vicepresidente del Ateneo de Santander (en el centro).
Previa a la participación del ponente tuve ocasión de introducir su intervención con las siguientes palabras:
"Autoridades políticas, académicas, militares.
Señoras y Señores. Amigos todos.
El pasado 17 de junio se cumplió el
centenario del nacimiento de uno de los gigantes del pensamiento español del
siglo XX. Me estoy refiriendo al filósofo Julián
Marías Aguilera (1914-2005).
Marías gozó como discípulo
aventajado del singular magisterio de otros grandes intelectuales de nuestra
historia reciente y que aún debieran resonar en nuestras Universidades: Xabier Zubiri, Manuel García Morente y, el maestro por excelencia, José Ortega y Gasset. Sin duda, Don Julián vivió aquel adaggio de “ser un enano a hombros de
gigantes”, aunque en su caso se produjo una magistral evolución, ya que creció
de tal manera que llegó a convertirse en uno de ellos.
Su estilo de filosofar se caracterizó por una
gran facilidad narrativa, por no renunciar a reflexionar sobre la realidad
desde una perspectiva cristiana, lo cual no le cerró el campo de visión sino al
contrario le otorgó amplitud de miras, y, también, por su claridad expositiva,
amen del consejo orteguiano que ustedes recordarán: “la claridad es la cortesía del filósofo”.
Actualmente, quién piensa que España es un concepto discutido y
discutible, cuestiona la entidad de nuestra patria generalmente orientada hacia
la crítica. Una actitud ésta que parece pretender formar parte del talante
propio del pensamiento español contemporáneo. Aunque pese a quién le pese, lo
que España metafísicamente es se ha ido configurando con el paso de los siglos
y resulta una misma entidad para todos, ya sean españoles o extranjeros. Esta cuestión
se enraíza en lo que académicamente se ha denominado “El problema de las Dos
Españas”.
Marías apostó, como nuestro paisano Menéndez Pelayo, por una “España sin
problema”, erigiéndose así en un defensor del “desacomplejamiento histórico” de España, tal y cómo él enseña, es
decir, nos propone que exorcicemos los equívocos y ya viejos “fantasmas” de la Inquisición y de “la
leyenda negra” y que superemos el estigma de la decadencia estructural de los
siglos XVII y XVIII.
El pensamiento de Julián Marías no ha perdido perennidad ni vigencia, sino que por el
contrario sus agudas e incisivas reflexiones recobran, hoy más que ayer, su
actualidad y se nos ofrecen como punto de partida hacia un futuro que, no sin
esfuerzo, hemos de construir entre todos nosotros.
Así, en el marco de la conmemoración del
centenario del nacimiento de este filósofo vallisoletano de nacimiento aunque
madrileño de corazón –tal y como él mismo se confesaba–, el Centro de Santander de la Asociación Católica
de Propagandistas, fundada por nuestro paisano el siervo de Dios Ángel Herrera Oria ha invitado al Dr. José
Peña González para que pueda regalarnos sus siempre brillantes reflexiones que
hemos sintetizado bajo el título “España
en la vida y obra de Julián Marías”.
Sin
detallar sus múltiples méritos señalemos que el Profesor José Peña es
licenciado y doctor en Derecho, en Ciencias Políticas, en Historia y en Ciencias de la
Información. Como singularidad decir que estos 4
doctorados fueron obtenidos con la calificación: sobresaliente cum laude.
Posee una dilatada trayectoria académica, con más de 40 años de experiencia
docente, como catedrático, ya emérito, de Derecho Constitucional de la
Universidad San Pablo CEU, en donde ha desempeñado altas responsabilidades
académicas, la última de ellas como director de su Instituto de Humanidades
Ángel Ayala CEU. Pertenece a diversos organismos académicos como la Real
Academia de Jurisprudencia y Legislación y la Real Academia de la Historia. Ha
escrito más de 28 monografías y más 150 artículos en obras colectivas sobre sus
líneas principales de investigación. En este punto no puede
pasar inadvertida su obra “Julián
Marías y su visión de España” (2006). Son numerosas sus colaboraciones en
prensa, radio y televisión; más de mil artículos en medios digitales,
como: La Opinión Digital sobre sobre arte (incluido el noble arte del
toreo), crítica de libros y la realidad sociopolítica del momento).
El
doctor Peña, nos honra de nuevo con su generosidad aceptando la invitación
del Centro de Santander de la ACdP, el cual queda a su más entera
disposición en nuestra sede: la parroquia del Santísimo Cristo, nuestra web: www.acdp.es/santander,
o en santander@acdp.es.
“España en la vida y obra de Julián Marías”.
Profesor, suya es la palabra. Muchas gracias".
A continuación, el ponente comenzó su intervención caracterizando a Julián Marías como uno
de los sostenes más sólidos y más brillantes de la intelectualidad española
contemporánea, especialmente por su coherencia personal, en su pensamiento y en
su obra; un “castellano leal”; un “filósofo” de vocación con una circunstancia:
España.
Marías señalará que el concepto de patria es tan profundo que está sobre
nosotros y que no se encuentra “en la suela de los zapatos”. Criticará la
“España peregrina” porque él entiende que en los momentos de dificultad hay que
permanecer en el sitio, y mantenerse para intentar lograr resolver cuanto antes
esos problemas (él lo vivió en primera persona ya que sufrió la Guerra Civil en
Madrid). Nuestra tarea –afirmará el filósofo– reside en procurar conservar por
todos los medios a nuestro alcance un mínimo grado que asegure la convivencia y
habitabilidad de los españoles.
Ésta es la cuestión analizada como “el problema de España”, que consiste en
la dramática inhabilidad que tenemos los españoles en los momentos clave para
estar medianamente a gusto con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con
las instituciones que tenemos. Sobre esta cuestión han teorizado las mentes más
brillantes de nuestra intelectualidad española desde finales del siglo XIX. Este
discípulo de Ortega y Gasset ofrece su solución a este “problema de España”
cuando sostiene que la convivencia pasa por una institución política que sumase
la serenidad, la gravedad y el unitarismo castellano (heredado de los reinos
visigóticos) con el seny, el
federalismo catalán-aragonés en una forma de simbiosis que permitiera la integración
de ambas realidades distintas en una unidad política superior.
El intelectual –sostendrá Marías– se caracteriza por ser un hombre está
permanentemente ha de estar en su patria. Don Julián recibió varias ofertas
para marchar a universidades de los EE. UU de América, ya que no “pudo”
incorporarse a la Universidad Española. Ante tales invitaciones contestaba: “Prefiero rabiar en mi patria que estar a
gusto en los Estados Unidos porque creo que el papel del intelectual es ésta,
la de estar aquí, en España”. El intelectual también se distingue por el
hecho de que “se le cayera la lengua a golpe de hablar” porque los hombres se
entienden hablando; lo que le llevó a acuñar una máxima que marcó mucho su
existencia: “Por mí que no quede”.
Marías –afirmaba– que estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para que
los españoles jamás volviéramos a una trinchera para debatir qué somos o qué
dejamos de ser.
Julián Marías se confesará católico aunque muy respetuoso con otras
creencias religiosas. Marías es consciente de que el ser de lo “católico” ha
impregnado de siempre el ser de la patria y de la cultura española. En este
punto, conviene apuntar que su altura intelectual es comparada a nivel europeo
por su catolicismo con el filósofo Romano Guardini y por su liberalismo con
Jean-François Revel.