viernes, 20 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
"Para hacerse cruces". Nacho Uría
"El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declara que el crucifijo atenta contra la libertad religiosa. Según la sentencia, mantener los símbolos religiosos en las escuelas conculca "los derechos fundamentales de igualdad y libertad de conciencia". Pues muy bien. Perfecto.
El problema es que ahora me asedian las dudas y espero que los magistrados de Estrasburgo me las aclaren:
1. ¿Cómo llamaremos a partir de ahora a Santa Cruz de Tenerife?
2. ¿Va a desaparecer la Cruz Roja o por ser roja la mantemos?
3. ¿Se borrará la cruz de San Jorge del escudo del Barça?
4. ¿Qué hacemos con Penélope Cruz -se admiten sugerencias-?
5. ¿Y con los humoristas Cruz y Raya?
6. ¿Jurarán los ministros sus cargos delante de un cuadro de Voltaire y un ejemplar de El País, diario global en español?
7. ¿Podrá mi cuñada seguir haciendo punto de cruz?
8. ¿Y qué hago yo con mis discos de Celia Cruz?
9. ¿Se prohibirá echar las monedas a cara o cruz?
10. Y, sobre todo, ¿podrán los ingleses y los suecos y los escoceses y los noruegos y los daneses y los suizos y los finlandeses y los malteses y los griegos y los georgianos y los asturianos -todos ellos europeos- sacar sus banderas a la calle? Porque todas tienen la cruz, ya lo siento, como símbolo nacional.
Los jueces de Estrasburgo no han aclarado todas estas preguntas y se han limitado a decir que la cruz es una agresión para todo el que no sea cristiano. A continuación, se han ido a dormir tan tranquilos. Luego dicen que es Václav Klaus, el presidente checo, el que ataca a Europa.
La cuestión del crucifijo en la escuela se ha planteado ya varios países. La que más claro ha hablado es la judicatura italiana, que ha considerado el crucifijo como "una síntesis, inmediatamente perceptible y aceptable, de los valores civilmente relevantes, valores sobre los que se sostiene e inspira nuestro orden constitucional, fundamento de nuestra convivencia civil (...) Valores que han impregnado nuestras tradiciones, el modo de vida, la cultura del pueblo italiano". Por eso van a recurrir la sentencia.
La Cruz sigue siendo escándalo para los judíos y locura para los gentiles, como dice san Pablo en su primera Carta a los Corintios.
Sin embargo, en Occidente el crucifijo tiene dos sentidos incuestionables: para los cristianos es símbolo de amor sin límites, entrega, generosidad, apertura. Para el no creyente es -debiera ser- un símbolo omnipresente en la historia y en la cultura, un signo que ha configurado el mundo en el que vivimos y que ha contribuido decisivamente a los valores que sostienen la democracia.
Nadie niega que puedan existir países en los que el crucifijo no exprese una herencia y una orientación moral común, porque la presencia cristiana no ha marcado su historia. Sin embargo, en otros -como España, como Europa- el crucifijo es una luz que puede ser reconocida tanto por creyentes como no creyentes, punto de referencia esencial del tejido ético-cultural compartido por la mayoría de la sociedad.
Toda la cultura occidental (la Filosofía, la Política, la Ciencia y el Derecho) hunde sus raíces en la concepción de Dios y del hombre que representa de manera suprema el crucifijo. Es precisamente esa concepción la que está en la raíz de la laicidad, que sólo ha podido desarrollarse en este sustrato.
En el libro Dios salve la razón (Ediciones Encuentro), el filósofo ateo Gustavo Bueno explica por qué el Dios de los cristianos ha salvado a la razón humana de sus diversos delirios a lo largo de la historia y hasta qué punto tiene sentido decir que la seguirá salvando en un futuro inquietante. Para Bueno, que es/era un filósofo marxista, la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es una muestra de la debilidad intelectual de la cultura postcristiana.
A partir de ahora, para muchos escolares de la más que nunca vieja y decadente Europa el crucifijo empezará a ser un gran desconocido, un signo opaco e incomprensible. Pero esa ignorancia no saldrá gratis, sino que vendrá acompañada de una tremenda pérdida, para ellos y para toda la sociedad porque la supresión de los crucifijos -ya sea por sentencia judicial o por cojones- significa el empeño de vaciar a una sociedad de su sustancia, de provocar una ruptura con su Historia y de excluir a los creyentes de la vida pública.
Conmigo que no cuenten. Más bien lo contrario". Nacho Uría.
En Barcelona, a 8 de noviembre de 2009.
jueves, 9 de abril de 2009
Evangelium vitae. JPII (XIV): El Evangelio de la Vida se cumple en la Cruz
«Mirarán al que atravesaron» (Jn 19, 37): en el árbol de la Cruz se cumple el Evangelio de la vida
50. (...), quisiera detenerme [-confiesa Juan Pablo II-] con cada uno de vosotros a contemplar a Aquél que atravesaron y que atrae a todos hacia sí (cfr. Jn 19, 37). Mirando «el espectáculo» de la cruz (cfr. Lc 23, 48) podremos descubrir en este árbol glorioso el cumplimiento y la plena revelación de todo el Evangelio de la vida.
En las primeras horas de la tarde del Viernes Santo [-que no hace mucho hemos vivido-], «al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra (...) El velo del Santuario se rasgó por medio» (Lc 23, 44.45). Es símbolo de una gran alteración cósmica y de una inmensa lucha entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, entre la vida y la muerte. Hoy nosotros nos encontramos también en medio de una lucha dramática entre la «cultura de la muerte» y la «cultura de la vida». Sin embargo, esta oscuridad no eclipsa el resplandor de la Cruz; al contrario, resalta aún más nítida y luminosa y se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la Historia y de cada vida humana.
Jesús es clavado en la cruz y elevado sobre la tierra. Vive el momento de su máxima «impotencia», y su vida parece abandonada totalmente al escarnio de sus adversarios y en manos de sus asesinos: es ridiculizado, insultado, ultrajado (cfr. Mc 15, 24-36). (...).
Con su muerte, Jesús ilumina el sentido de la vida y de la muerte de todo ser humano. Antes de morir, Jesús ora al Padre implorando el perdón para sus perseguidores (cfr. Lc 23, 34) (...). La salvación realizada por Jesús es don de vida y de resurrección. (...).
51. Existe todavía otro hecho concreto que llama mi atención y me hace meditar con emoción: «Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: “Todo está cumplido”. E inclinando la cabeza entregó el espíritu» (Jn 19, 30). Y el soldado romano «le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua» (Jn 19, 34).
Todo ha alcanzado ya su pleno cumplimiento. La «entrega del espíritu» presenta la muerte de Jesús semejante a la de cualquier otro ser humano, pero parece aludir también al «don del Espíritu», con el que nos rescata de la muerte y nos abre a una vida nueva. (...).
Él, que no había «venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45), alcanza en la Cruz la plenitud del amor. «Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15, 13). Y El murió por nosotros siendo todavía nosotros pecadores (cfr. Rm 5, 8). (...).
También nosotros estamos llamados a dar nuestra vida por los hermanos, realizando de este modo en plenitud de verdad el sentido y el destino de nuestra existencia.
Lo podremos hacer porque Tú, Señor, nos has dado ejemplo y nos has comunicado la fuerza de tu Espíritu. Lo podremos hacer si cada día, contigo y como Tú, somos obedientes al Padre y cumplimos su voluntad. Por ello, concédenos escuchar con corazón dócil y generoso toda palabra que sale de la boca de Dios. Así aprenderemos no sólo a «no matar» la vida del hombre, sino a venerarla, amarla y promoverla.
En Santander, Jueves Santo, a 9 de abril de 2009