Ricardo de la Cierva. La infiltración. La infiltración marxista y masónica en la Iglesia española y Universal del siglo XX. Fénix. Madrid, 2008, 574 páginas.
Ricardo de la Cierva (Madrid, 1926) en las primeras páginas, a modo de introducción y para dejar la cuestión muy clara –creo yo–, presenta dos imprescindibles documentos de Pío XII de 1950 para comprender el tema de fondo que se quiere tratar en este libro, a saber, la fidelidad a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia. Estos documentos la constitución apostólica Munificentissimus Deus en la que se define como dogma la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a la gloria celeste (pp. 14ss), y la carta encíclica Humani generis, sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica (pp. 31ss).
Tras la lectura de estos dos sólidos y perennes textos pontificios se nos entregan otros cuatro documentos. Son poco conocidos mediáticamente, pero han sabido captar la situación interna por la que pasaba la Compañía de Jesús a partir de la década de los 60 del siglo pasado. Sus autores, jesuitas todos, nos narran cómo la asimilación de las tesis marxistas supuso la relajación doctrinal y espiritual, y la infidelidad a la Iglesia de la Compañía de Jesús.
Del primer documento destaco la reflexión sobre la dudosa legitimidad de la “deliberación comunitaria”, ya que no responde al espíritu ignaciano (pp. 125ss).
Del segundo documento merece la pena leerse las diferencias dogmáticas y espirituales entre la Compañía “A” (fiel al espíritu ignaciano) y la “B” (progresista) (pp. 218ss); las advertencias del Papa Pablo VI a los jesuitas (p. 245); y las páginas que versan sobre la figura de Pedro Arrupe, Prepósito General de la Compañía de Jesús entre 1965-1983 (pp. 251ss).
El tercer documento sobresale -en palabras del autor- por su importancia y por su resumen de la cuestión (pp. 295ss). Los nuevos Jesuitas. Una Compañía de Jesús rebelde. Un cisma real, aunque no declarado. La corrupción del espíritu ignaciano (1997) es un texto claro y profundo en sus argumentaciones. Resaltan las consideraciones sobre los jesuitas Teilhard de Chardin (pp. 300ss), Authony de Mello (pp. 383ss), Karl Rahner (pp. 389ss), y Vergara Acebes (pp. 390ss); las llamadas de los Papas a la fidelidad a la Iglesia (pp. 307ss); y el epígafe sobre los jesuitas en contra de la cultura de la vida (pp. 405ss).
El cuarto documento es la reproducción de una serie de cartas entre un jesuita con el Padre Prepósito General Kolvenbach (1983-2008).
La lectura hasta aquí te llevará a deducir que la infiltración y naturalización de los postulados marxistas-leninistas dentro de las estructuras de la Iglesia ha sido responsabilidad de la relajación espiritual y doctrinal de la Compañía de Jesús (no olvidemos que es la Orden religiosa más importante del mundo), que ¿inconscientemente? ha seguido un plan de acción definido e intencionado. Esa intencionalidad de introducirse dentro de los cuadros jerárquicos de la Iglesia para luego, desde dentro, acabar con ella puede verse reflejada en el “endiablado” documento La Iglesia Católica y Cuba: Programa de acción. Prensa de Idiomas Extranjeros de Pekín para el Uso Exclusivo de la Sección Latinoamericana del Departamento de Enlace del Partido Comunista Chino. Pekín, 1959 (pp. 459ss). Este texto me dejó sin palabras… tan sólo me invitó a orar.
No quiero contarte más. Pero seguro que hay más cuestiones dignas de tu consideración. Te animo a que leas este libro, aunque al comienzo pueda resultarte repetitivo y, en ocasiones, pesimista pero al concluirlo tendrás una visión más amplia sobre la penosa realidad del laicismo progresista que ataca nuestras tradiciones y creencias.