sábado, 27 de julio de 2013

La ACdP y la Transición española. Curso de Verano de la ACdP en Santander

La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) ha celebrado en Santander durante los días 24 y 27 de julio de 2013 el curso de verano La ACdP y la Transición española (para ver la crónica y fotografías del mismo pincha aquí), dirigido por el Dr. Luis Sánchez de Movellán. Un curso totalmente caracterizado por la participación de ilustres participantes de La Transición, destacándose por su condición de ponentes los ex ministros durante aquel momento de nuestra Historia reciente de España, Otero Novas, Sánchez-Terán Hernández y Osorio García. Realmente un lujo de curso por lo mucho y bueno que se dijo en él.
 
Durante el mismo tuve el privilegio de presentar la conferencia La Transición: de Carrero a Suárez, que pronunció el Dr. José Peña González, que una vez más resultó brillante. Incluyo a continuación una de las ideas que expuse con ocasión de ello:
 
"Los hombres que valen mucho, no temen que nadie les haga sombra y son los más generosos en reconocer todos los méritos y todos los valores de los demás, que les ayudaron a llegar tan alto".
 
No sé si estas palabras de quien fuera el segundo presidente de la ACdP, don Fernando Martín Sánchez-Juliá, pueden atribuirse por igual a los protagonistas de la Transición, y más particularmente a los de esta tarde: Luis Carrero Blanco y Adolfo Suárez. Aunque estoy convencido de que sus decisiones políticas estuvieron marcadas por la perspectiva que da la altura de miras motivados por un solo y único objetivo: España.
 
Para engarzar a Carrero con Suárez en el momento histórico que nos ocupa durante este curso de verano, vamos a disfrutar con la conferencia que a continuación nos va a dirigir el Dr. José Peña.
 
Junto al Dr. José Peña (a la izquierda).
 
Agradezco particularmente a don José Manuel Mochales su fotografía.
 
En Santander a 27 de julio de 2012.

jueves, 6 de junio de 2013

"Conocer el Vaticano II resulta indispensable para interpretar el catolicismo actual". Mons. Jiménez Zamora. Clausura ciclo conferencias ACdP Concilio Vaticano II

Mons. D. Vicente Jiménez Zamora, obispo de Santander, el 3 de junio se encargó de clausurar el ciclo de conferencias dedicado al 50º aniversario del inicio de los trabajos del Concilio Vaticano II y 20º de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, organizado por el Centro de Santander dela Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) con la ponencia: El Concilio Vaticano II: un Concilio para el siglo XXI (para ver una reseña y fotografías pincha aquí y si buscas el texto completo de la ponencia pincha aquí). El acto fue introducido por don Manuel Ángel Castañeda, presidente del Ateneo de Santander, para posteriormente poner un servidor, en calidad de secretario del Centro de Santander de la ACdP, presentar al ponente ante el numeroso auditorio congregado en el salón de actos del Ateneo:
 
Buenas tardes. El pasado mes de mayo el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas, de quien fuera su primer presidente nuestro paisano el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, en el marco del Año de la Fe en el que nos encontramos, iniciaba este ciclo de conferencias dedicado al 50º aniversario del inicio de los trabajos del Concilio Vaticano II y el 20º de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, para reflexionar sobre la actualidad y vigencia de sus enseñanzas. Hoy llegamos a su clausura, y una vez más quiero invitar a prestar atención a las enseñanzas e ideas que se van a pronunciar en esta sala, ya que están dirigidas para enardecer nuestros corazones y estimular nuestras inteligencias.

Abríamos el ciclo con unas las palabras del papa beato Juan XXIII de la convocatoria del Concilio Vaticano II (1962), que conservan su total vigencia: “La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad. (…) lo que se exige hoy de la Iglesia es que infunda en la venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del Evangelio”, porque “la humanidad alardea de sus recientes conquistas en el campo científico y técnico, pero sufre también las consecuencias de un orden temporal que algunos han querido organizar prescindiendo de Dios”.

El siervo de Dios Ángel Herrera Oria participó en calidad de obispo de Málaga en el Concilio Vaticano II. Concretamente en las comisiones encargadas de la reflexión y redacción de la constitución pastoral Gaudium et spes, dedicada a la Iglesia en el mundo actual. No nos puede sorprender, por tanto, que Don Ángel caracterizase el Vaticano II como un concilio “eminentemente pastoral”, porque lo que busca es “la comunicación con los demás, el acercarse al pueblo, el abrir desde el primer momento la revelación de los principios del Concilio a los hermanos separados y a los hermanos desconocidos de nosotros”.

No me resisto a rescatarles un fragmento de la homilía que Don Ángel pronunció en la solemnidad de la Epifanía de 1963, y que dedicó al Concilio: “no es temerario esperar que de este Concilio la Iglesia va a salir en una época nueva como un gran ejército en orden de batalla”. Un ejército “que no quiere conocer otra arenga ni otra orden del día que la que hace veinte siglos se dio desde lo alto del monte: “Enseñad, bautizad”. El ejército de Aquel que es Autor de la Verdad y de la gracia, y, por consiguiente, el ejército que trata de infundir luz en las mentes y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo en las almas”.

Esta tarde el Centro de Santander de la ACdP se honra de presentar al obispo de nuestra diócesis, Mons. D. Vicente Jiménez Zamora, a quién le agradezco muy sinceramente el que haya aceptado nuestra invitación para clausurar este ciclo.

Mons. Jiménez Zamora es natural de Ágreda (Soria). Realizó sus estudios en el seminario diocesano de El Burgo de Osma (Soria), en la Universidad Pontificia de Comillas (en ésta misma localidad montañesa), y en diversas universidades de Roma, a saber: la Universidad de Santo Tomás (Filosofía); la Universidad Gregoriana (Teología Dogmática); y en la Academia Alfonsiana de la Universidad Lateranense (Teología Moral). Ordenado sacerdote en El Burgo de Osma el 29 de junio de 1968. Ha ejercido la docencia en el seminario diocesano, en enseñanzas medias y universitarias, además de importantes y múltiples responsabilidades pastorales en la diócesis de Osma-Soria, que alcanzaron su cumbre al ser nombrado obispo de su diócesis natal en 2004. Recibió la ordenación episcopal en El Burgo de Osma el 17 de julio de 2004. Tres años más tarde, el 27 de julio de 2007, fue nombrado obispo de Santander. Tomando posesión de la diócesis, el 9 de septiembre de ese mismo año. En la Conferencia Episcopal Española ha pertenecido a diferentes Comisiones. En la actualidad es presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, que se ocupa de las relaciones mutuas entre los obispos y los religiosos.

Mons. Jiménez Zamora nos va a ofrecer una conferencia que lleva el título: “El Concilio Vaticano II: un Concilio para el siglo XXI”. El Concilio Vaticano II fue un gran acontecimiento para la renovación y reforma de la Iglesia hacia dentro y hacia fuera en diálogo con el mundo moderno de acuerdo con los signos de los tiempos. ¿Continua siendo hoy el Concilio la “brújula” capaz de orientarnos en el siglo que ha empezado? ¿Han perdido su valor y su esplendor sus 16 documentos? ¿Conserva la doctrina del Concilio las herramientas para interpretar y conocer la misión de la Iglesia en el mundo actual?

El Centro de Santander de la ACdP tiene su sede en la parroquia del Santísimo Cristo. Quedamos a su entera disposición. Agradeciéndole, una vez más, al Ateneo de Santander su cordial acogida. Don Vicente tiene usted la palabra. Muchas gracias.

Conferencia de Mons. Jiménez Zamora (a la izq.), junto al presidente del Ateneo de Santander (en el centro).


Así, Mons. Jiménez Zamora inició su intervención afirmando con el teólogo K. Ranher que el Concilio Vaticano II es un “Concilio de la Iglesia sobre la Iglesia”, que se caracterizaba por portar el estandarte de la renovación y reforma hacia dentro y de la apertura hacia el diálogo con el mundo moderno. También recordó una declaración del arzobispo de Nazaret, Mons. Hakim, para justificar el título de su conferencia: “Guste o no guste, un Concilio del siglo XX será el Concilio del siglo XXI”.

El ponente subrayó reiteradamente que el conocimiento del Vaticano II resulta un requisito indispensable para interpretar la situación del catolicismo actual. Don Vicente demostró sobradamente que efectivamente domina el entramado doctrinal del Concilio, señalando a lo largo de su charla abundantes referencias a los documentos conciliares y mostrando la armónica conexión que existe entre ellos y a los que caracterizó usando una afirmación del teólogo Hans Küng como las “nuevas 16 columnas de San Pedro” que deben ser el soporte de la Iglesia tras el Concilio.

Se hizo incidencia en las metas que el Concilio habría de alcanzar a partir del discurso del papa Pablo VI “Renovación hacia dentro y hacia fuera” (29/9/1963): 1) profundización en la naturaleza de la Iglesia; 2) renovación interna de la Iglesia; 3) búsqueda de la unidad de todos los cristianos, y 4) diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo. A partir de estos objetivos se concluyó que el tema fundamental sobre el que debía tratar el Concilio era la Iglesia y su renovación, y para ello el Concilio enarboló los trabajos de las dos grandes constituciones, las centrales del Concilio y sobre la que pivotan el resto de documentos, a saber: la dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia y la pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo moderno.

El obispo de Santander también reflexionó sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, quién lo caracterizó como un fruto maduro del Concilio Vaticano II como instrumento al servicio de la catequesis. A partir del fundamento de las Escrituras la Tradición de la Iglesia ha creado una pedagogía de la transmisión de la fe desarrollados en los cuatro grandes títulos del Catecismo: el Credo, los Sacramentos, los Mandamientos y la oración del Padre Nuestro.

A modo de conclusión, se afirmó que el Concilio Vaticano II ha supuesto una renovación del cristianismo desde un redescubrimiento más hondo de la naturaleza y misión de la Iglesia. El Concilio, en realidad, es un comienzo. Todo depende de cómo se lleven a cabo la doctrina, las decisiones y orientaciones y cómo caigan en el corazón del creyente y produzcan allí espíritu y vida, pero esto no depende del Concilio sino de la gracia de Dios y de todos los hombres de la Iglesia y de su buena voluntad.

 
Agradezco muy especialmente a don José Manuel Mochales su instantánea.
 
En Santander, a 3 de junio de 2013.

lunes, 27 de mayo de 2013

Los católicos y la política a la luz del Concilio Vaticano II y el Magisterio postconciliar. Ciclo conferencias ACdP Vaticano II


El salón de actos del Ateneo de Santander recibió el lunes 27 de mayo de 2013 al Dr. Teófilo González Vila, quién pronunció la segunda de las conferencias del ciclo organizado por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) dedicado al 50º aniversario del comienzo de los trabajos del Concilio Vaticano II (1962-1965) y 20º de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992), bajo el título "Los católicos y la política a la luz del Concilio Vaticano II y el Magisterio postconciliar" (para vera una reseña y fotografías pincha aquí). La mesa presidencial contó, además del ponente, con don Felipe Santamaría, delegado diocesano de Apostolado Seglar, y el Dr. Joaquín Mantecón, catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado y ex subdirector general de Asuntos Religiosos del gobierno de España (1966-2000. 2002-2005), quién realizó la presentación del conferenciante, y con un servidor que introdujo el acto así:

 Buenas tardes. El pasado lunes 13 de mayo abríamos este ciclo de conferencias dedicado al 50º aniversario de los comienzos de los trabajos del Concilio Vaticano II y el vigésimo de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Para ello recordábamos unas palabras del papa Juan XXIII que conservan su actualidad: La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad”.
El Centro de Santander de la ACdP, de la que fuera su primer presidente el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, fiel a su vocación de aportar a las venas de la Humanidad la virtud perenne, vital y divina del Evangelio -en palabras del propio Juan XXIII-, quiere continuar ofreciéndoles esta tarde enseñanzas e ideas que enardezcan sus corazones y estimulen sus inteligencias, como ya hicimos el pasado lunes 13 conel Dr. Gerardo del Pozo, decano de la facultad de Teología de la Universidad San Dámaso y como haremos el próximo lunes 3 de junio connuestro obispo, Mons. Jiménez Zamora.
Hoy contamos con el catedrático de Filosofía y socio de la ACdP, Dr. Teófilo González Vila, a quien agradezco sinceramente el que haya aceptado tan generosamente la invitación del centro de Santander. Para su presentación tenemos el honor de contar con la presencia del catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado y ex subdirector general del Asuntos Religiosos del gobierno de España, Dr. Joaquín Mantecón Sancho, a quién también le doy las gracias por aceptar nuestra invitación.
El Centro de Santander de la ACdP tiene su sede en la parroquia del Santísimo Cristo. Allí nos tienen a su disposición. Y sin más, Dr. Mantecón, tiene usted la palabra. Gracias.

La brillante ponencia del catedrático de Filosofía y socio de la ACdP comenzó señalando al auditorio que a ejemplo de los primeros cristianos estamos llamados a participar en la vida pública política por el Bien común, en razón de nuestra propia fe y conforme al Plan de Dios. Poseemos el derecho y el deber de participar en la política, aunque no todos actúan de la misma manera sino que depende de las circunstancias y responsabilidades de cada persona, correspondiendo las tareas propiamente "políticas" a aquellos que realizan actividades dirigidas a ordenar la comunidad social y que afectan estrictamente al ámbito del "poder". Aunque de todas las maneras, de cualquiera de todas las maneras posibles en las que se actúe en política, siempre ha de estar presente "la preocupación por el Bien común". Cada una de todas las personas ha de responsabilizarse en su búsqueda. La óptima dedicación a la política conserva perenne éste concepto clave. D. Teófilo partiendo de la apostólica afirmación de san Pedro, "Hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres" (Hch 5,29), destacó que el político católico tiene que trabajar para comunicar humanamente el amor de Dios para con el prójimo por medio de su actividad legislativa y ejecutiva.
Dr. Teófilo González Vila (a la izquierda), el delegado diocesano de Apostolado Seglar (en el centro), y el catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado (a la derecha, a mi izquierda).
 
Agradezco particularmente la fotografía de don José Manuel Mochales.
 
En Santander a 27 de mayo de 2013.

lunes, 13 de mayo de 2013

Fe en Cristo a los 50 años del Concilio Vaticano II. Ciclo conferencias ACdP Concilio Vaticano II

El lunes 13 de mayo el salón de actos del Ateneo de Santander acogió la primera sesión del ciclo de conferencias organizado por el Centro deSantander de la Asociación Católica dePropagandistas (ACdP) dedicado al 50º Aniversario del Concilio Vaticano II (1962-1965), y 20º del Catecismo de la Iglesia Católica (1992).
 
El encargado de abrir el ciclo fue don Gerardo del Pozo Abejón, decano de la facultad de Teología de la Universidad San Dámaso y consiliario del Centro de Madrid de la ACdP, quien reflexionó sobre "Fe en Cristo a los 50 años del Concilio Vaticano II" (para ver breve reseña y fotografía pincha aquí). El presidente del Ateneo de Santander, don Manuel Castañeda abrió el acto con unas palabras de bienvenida, del mismo modo que realizó don Felipe Santamaría, delegado diocesano de Apostolado Seglar. El encargado de presentar al ponente fue el profesor de Filosofía del IES Santa Clara de Santander, el Dr. Antonio de los Bueis, si bien antes intervine para contextualizar el objetivo del ciclo de conferencias que comienza hoy:
Buenas tardes. La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad”. Nadie podrá decirme que esta afirmación no es de una incontestable actualidad, sin embargo ya tiene algo más de medio siglo. La pronunció el papa Juan XXIII en 1962 para convocar el Concilio Vaticano II. Como entonces, hoy también poseen validez las reflexiones que continuaron a aquella afirmación: “lo que se exige hoy de la Iglesia es que infunda en la venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del Evangelio”, porque “la humanidad alardea de sus recientes conquistas en el campo científico y técnico, pero sufre también las consecuencias de un orden temporal que algunos han querido organizar prescindiendo de Dios”.
Así pues, con motivo de haberse cumplido 50 años desde el comienzo de los trabajos del Concilio Vaticano II y, también, 20 de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992), el Centro de Santander de la ACdP, de quien fuera su primer presidente el siervo de Dios Ángel Herrera Oria, en el marco del Año de la Fe en el que nos encontramos, quiere invitar a la sociedad cántabra a reflexionar sobre la actualidad y vigencia de las enseñanzas del Concilio Vaticano II por medio del ciclo de conferencias que hoy comenzamos.
La sesión inaugural que esta tarde nos ha convocado en el Ateneo de Santander correrá a cargo del Dr. Gerardo del Pozo, a quién presentará en unos momentos el filósofo y profesor del IES Santa Clara, Dr. Antonio de los Bueis Güemes. El próximo lunes 27 de mayo tomará el testigo el catedrático de Filosofía, Dr. Teófilo González Vila, parahablarnos del compromiso político a la luz de las enseñanzas del Concilio. Y, finalmente, el 3 de junio, nuestro obispo, Mons.Jiménez Zamora clausurará el ciclo con una ponencia sobre la actualidad yfuturo del mensaje contenido en el Vaticano II. Están todos ustedes invitados. No vengan solos.
 
El Centro de Santander de la ACdP tiene su sede en la parroquia del Santísimo Cristo. Quedamos a su entera disposición. Agradeciéndole, una vez más, al Ateneo de Santander su cordial acogida, le cedo la palabra al Dr. De los Bueis. Muchas gracias.
El ponente, quien comenzó su exposición con la afirmación "la Fe en Jesucristo es siempre la misma, lo que puede variar es nuestro modo de acceder a ella", presentó inicialmente algunos de los antecedentes doctrinales del Magisterio previos al Concilio Vaticano II para posteriormente mostrar al atento auditorio la actualidad de los documentos del Concilio, ya que la Iglesia sin renunciar a la mensaje del Evangelio quiso amoldarlo conforme a los signos de los tiempos.
 
El conferenciante, el Dr. Gerardo del Pozo (a la izquierda), el delegado de Apostolado Seglar (en el centro) y el profesor de Filosofía del IES Santa Clara (a la derecha, a mi izquierda).
 
Agradezco la instantánea de don José Manuel Mochales.
 
En Santander, a 13 de mayo de 2013.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cádiz, 1812. Guerra. Nación. Revolución. Conferencia de Dr. José Peña en Santander

“¿No se han enterado, todavía, que Cádiz es una de las fechas más europeas de España?”.

Así puede sintetizarse la brillante conferencia “Cádiz 1812. Guerra. Nación. Revolución” pronunciada por el doctor José Peña González ‒director del Instituto de Humanidades Ángel Ayala CEU y catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo CEU‒, y organizada por el Centro de Santander de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), dentro de los eventos que la Asociación ha preparado con motivo del bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, y celebrada el 21 de noviembre de 2012.



A modo de introducción y como presentación del ponente dirigí estas breves palabras:

"Los bélicos acontecimiento de principios del siglo XIX aceleraron una respuesta “a la española” a la crisis intelectual europea que zarandeada por la filosofía de la Ilustración arrancó durante el pasado siglo XVIII. Así, la Constitución de Cádiz de 1812 fue erigida como marco jurídico para intentar dar respuesta a los acontecimientos causados por la Guerra de la Independencia y que afectaron a los ámbitos de lo social, de lo ideológico y de lo político.
Para dar luz sobre esta cuestión contamos entre nosotros con el Dr. José Peña González, quien tan generosamente ha aceptado la invitación del Centro de Santander de la ACdP para dirigirnos una conferencia bajo el título: Cádiz, 1812. Guerra. Nación. Revolución.
El Dr. Peña es licenciado y doctor en Derecho (UCM), Ciencias Políticas (UCM), Historia Contemporánea (Univ. de Alcalá) y Ciencias de la Información (Univ. Rey Juan Carlos), obteniendo en todos los doctorados la calificación de sobresaliente cum laude.
Ha sido decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y vicerrector de Alumnos de la Universidad San Pablo CEU, en donde ha ejercido la docencia durante más de 40 años como catedrático de Derecho Constitucional. Actualmente es director del Instituto de Humanidades Ángel Ayala CEU de esta misma Universidad.
Pertenece, entre otras instituciones académicas, a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y a la Real Academia de la Historia.
Su producción bibliográfica es singularmente abundante. Toca múltiples áreas del conocimiento humano, aunque en especial cultiva el pensamiento jurídico y político. Permítanme algunas breves menciones: más de 20 monografías, p. ej.: Los grandes temas del Derecho Político (1985), Historia Política del Constitucionalismo Español (1995), o Monarquía, Transición y Constitución (2008); más de 130 publicaciones en estudios y trabajos colectivos, destaco solamente algunas que se ciñen al tema de esta tarde-noche: Cádiz, 1812. Una de las fechas europeas de España (2008), Cádiz: apertura de España a la modernidad (2011), o Cádiz: respuesta española a la crisis europea (2012).
Además, nuestro ponente ha colaborado en prensa escrita y digital (La Opinión Digital), en esta última sobresalen sus más de 1.000 artículos sobre arte, crítica de libros y actualidad socio política. Asimismo, ha pronunciado múltiples conferencias sobre su especialidad tanto en sede académica, universitaria y otros foros. Doctor, suya es la palabra".



Presento a continuación las principales ideas que el Dr. Peña expuso al numeroso y entregado auditorio que acudió al salón de actos del Ateneo de Santander, que contó con la presidencia de su vicepresidente, don Orestes Cendrero Uceda.
Numeroso auditorio en el Ateneo de Santander para asistir a la conferencia del Dr. Peña.

La Constitución de Cádiz fue una respuesta “a la española” de la profunda crisis moral, intelectual y política que sufrió Europa durante el siglo XVII y que se manifestó abiertamente en el siglo XVIII. Llegó un momento en el siglo XVII que, a nivel intelectual, toda Francia y, consecuentemente, toda Europa, pensaba como Bossuet y como Voltaire. Este hecho ‒afirmó el Dr. Peña citando la obra de Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea (1680-1715)‒, supuso una auténtica revolución que afectó a todos los niveles. Este cambio ideológico también llegó a España, porque España no fue “un islote aislado” sino que “¡también tuvo su Ilustración!”, caracterizada por sus contenidos religiosos católicos y que la diferenciaron de la Ilustración francesa y austriaca. Esas singulares connotaciones subyacentes se mostraron claramente en la Constitución de Cádiz (artículo 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”).

España a principios del siglo XIX se vio inmersa en una guerra ‒“en una cruzada”‒ de carácter europeo porque no solo es España quién lucha contra Napoleón, sino que también están en armas Alemania y Rusia. En este contexto bélico, encontramos cuatro interpretaciones de cómo tiene que ser el marco jurídico que ha de regular la convivencia de los españoles y que se corresponden con cuatro grupos sociales que tratarán de influir en el diseño de la futura Constitución:
El primer grupo, los “afrancesados” (p. ej.: duque de Santa Fe) disponían de una buena preparación intelectual, aunque estaban convencidos de las bondades de las tesis de la Revolución Francesa de 1789; fueron los encargados de diseñar la Constitución de Bayona de 1808, pero esa Constitución hubiera sido una buena solución en el siglo pasado, durante el reinado de Carlos IV, por lo que llegó tarde en el tiempo.
El segundo grupo corresponde a los “tradicionalistas” o “reaccionarios” (p. ej.: el Filósofo Rancio, el Padre Isla, el Abate Marchena), como los anteriores también poseían una buena preparación intelectual, este grupo intuyó que si las tesis liberales se imponían en la futura Constitución la gran perjudicada sería la Iglesia, “oliéndose, así, con anticipación las desamortizaciones de Mendizábal”.
El tercer grupo social, los “reformistas” (p. ej.: Jovellanos) que buscaron “poner en marcha lo que ya había en la legislación española” en vez de innovar: “hay que adaptar la legislación a las nuevas circunstancias de los nuevos tiempos del siglo XIX”; este grupo fue el gran perdedor porque su postura no fue tenida en cuenta.
Y el cuarto y último grupo fue el denominado como los “doceañistas” (p. ej.: Muñoz Torero, Argüelles); beben intelectualmente tanto de la cultura francesa como de la británica; harán prevalecer sus enfoques; presentaron como solución para la redacción de la carta magna el que ésta debe partir desde dos principios: la soberanía nacional y la división de poderes. Así, se fue elaborando una constitución de influencia doctrinal francesa, que sigue el modelo de “Nación” de Sieyès (artículo 1), concepto que se fundamenta en el de “soberanía nacional”, y no el modelo de Rosseau, basado en la “soberanía popular”. La Religión Católica sería totalmente aceptada porque formaba parte de la conciencia social de España, pero las sucesivas constituciones progresivamente irán relajando la presencia e importancia del catolicismo.

Finalmente, el Dr. Peña, concluye afirmando que Cádiz fue el germen del liberalismo español posterior.

Agradezco desde estas líneas las instantáneas realizadas por J. M. Mochales.

Santander y 21 de noviembre de 2012.

martes, 2 de octubre de 2012

Breve semblanza histórica de la Ruta de los Foramontanos

El próximo sábado 6 de octubre en Cabezón de la Sal (Cantabria) se va a celebrar el Ier encuentro "tuitero" de la Ruta de los Foramontanos. Este singular evento bien merece ofreceros una breve reseña histórica a modo de resumen sobre esta Ruta. Confío en que pueda estimular vuestro espíritu viajero para que podáis acercaros al valle de Cabuérniga desde donde se inicia esta Ruta. Allá vamos.
 
La invasión musulmana de la península Ibérica del siglo VIII derrocó el régimen visigótico y provocó que la actual Cantabria, al abrigo del rey Alfonso I (739-757), hijo del duque Pedro de Cantabria y yerno del histórico rey astur Don Pelayo, acogiera tras sus montañas a todos los que llegaron a ellas huyendo de los islámicos.
 
La breve recopilación de noticias sobre la historia hispánica entre el siglo VII y mitad del siglo X, Anales Castellanos Primeros, recoge una sentencia que data del año 814: “exierunt fora montani de Malacoria et venerunt ad Castella” (“salieron fuera de la montaña desde Malacoria y llegaron a Castilla”). Varios historiadores coinciden en señalar que Malacoria se identifica geográficamente con el municipio montañés de Mazcuerras. De modo que la extensión del reino cristiano astur por la Meseta Norte, en aras de la Reconquista, se inició principalmente en la segunda década del siglo IX desde el actual valle de Cabuérniga, siguiendo el camino aguas arriba del río Saja remontando el puerto de Palombera hasta el nacimiento del Ebro para finalmente internarse en la llanura. Así, Ruta de los Foramontanos se erigió en aquel momento histórico como la vía natural de salida de los habitantes de los valles cántabros hacia la meseta, es decir, “fuera de la montaña”.
 
El término “foramontanos” fue acuñado en 1917 por el historiador Gómez Moreno para designar a esos cristianos que partieron de “La Montanna” para repoblar la futura Castilla. Las emigraciones lideradas por los nobles cristianos, como el conde Nuño Núñez, abuelo del futuro conde Fernán González, primer conde de Castilla, tuvieron el propósito de erigir nuevas poblaciones al Sur de la cordillera Cantábrica (ej.: Brañosera obtuvo carta de fundación en el año 824 de manos del conde Nuño Núñez). Además, esas fundaciones debían servir para afianzar las defensas militares contra el Islam, lo que se convirtió en una auténtica “aventura”. La valentía de los foramontanos, su deseo de vivir en libertad y su fe me permiten afirmar con palabras de Víctor de la Serna que con la Ruta de los Foramontanosempieza esa cosa inmensa e indestructible que llamamos España”.
 
El itinerario cántabro de esta Ruta ofrece en la actualidad múltiples hitos que merecen nuestra atención. Citemos algunos. Esencial Cabezón de la Sal, cabeza del valle de Cabuérniga, ofrece varios museos (Traje Regional, Poblado Cántabro). Mazcuerras, cuenta con un monumento dedicado a los Foramontanos. Este valle goza del parque natural Saja-Besaya, además de recorrerlo, interesa visitar el museo de la naturaleza en Carrejo y el centro de interpretación en Saja. Imprescindible Bárcena Mayor, población que conserva la estética rural montañesa. Pasando el puerto de Palombera, ya en Campoo resulta significativo visitar el nacimiento del río Ebro y conocer los vestigios romanos de Iuliobriga.
 
Torrelavega, a 2 de octubre de 2012.

Os dejo una fotografía de ese encuentro tuitero de la Ruta de los Foramontanos de ese día 6 de octubre en el puente de Santa Lucía durante el momento que el presidente de Cantabria nos acompañó.


 

lunes, 24 de septiembre de 2012

A propósito del título de ciudad a Torrelavega (1895)

Rescato algunos datos históricos a propósito de la concesión del título de ciudad a Torrelavega, que tuve ocasión de compartir con la audiencia de Claramente Claro de Popular TV Torrelavega durante la pasada temporada.
Hemos de indicar que en Cantabria hay tres municipios que poseen el título de ciudad. El rey Fernando VI lo concedió a Santander el 9/1/1755, la reina María Cristina a Torrelavega el 29/1/1895, y el rey Alfonso XIII a Castro Urdiales el 18/12/1913. En esta ocasión nos detendremos en Torrelavega y en cómo la adquisición del título municipal supuso una feliz transformación para la capital del Besaya.
Así, efectivamente, la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, en nombre de su hijo Alfonso XIII, que en ese momento contaba con 9 años, y por Real Decreto de 29/1/1895 (Gaceta de Madrid del viérnes 1/2/1895, año CCXXXIV nº 32, t. I p. 373) otorgó a la villa de Torrelavega en razón de su "Real aprecio" y "por el aumento de su población y progreso de su industria". El Real Decreto apareció refrendado por el ministro de la Gobernación, el liberal Trinitario Ruiz y Capdepon. Sirva como curiosidad que ese mismo día, la reina también concedió el título de ciudad a la villa de Valdepeñas, provincia de Ciudad Real.
Algunos de los datos demográficos e industriales que justificaron la concesión de dicho privilegio Real, y que supuso una notable mejora para la población torrelaveguense son:
El aumento de población de Torrelavega, según el INE (recogo unas década antes y después a la concesión del título):
1852 - 4.587
1860 - 4.882
1877 - 7.745  (Notable incremento).
1897 - 7.745
1900 - 7.777
1910 - 9.574 (Notable incremento).
Actualmente - 55.553
El progreso de la la industria de Torelavega pivota en torno a tres puntos: la ganadería, la industria propiamente dicha y las comunicaciones.
Torrelavega tradicionalmente está vinculada al sector ganadero. Ya el rey Carlos III por Real Cédula de 1767 concedió el privilegio de celebrar Ferias de ganado, que comenzaron a tomar importancia durante el reinado de Carlos IV a partir de 1799, pero no sería hasta el 14/11/1844, con el reinado de Isabel II, cuando comenzó a celebrarse con una periodicidad quincenal en el Ferial de La Llama, genuino antecedente de la actual Feria ganadera en el Mercado Nacional de Ganados.
La segunda mitad del siglo XIX supuso un meteórico ascenso económico para Torrelavega, pues comenzaron a posicionarse importantes industrias en su municipio. En 1853 se descubrió el coto minero de zinc en Reocín, donde se extrairían los minerales de bleda y galena. Allí se aposentó la Real Compañía Asturiana de Zinc, conocida posteriormente, desde 1965, conocida como Asturiana de Zinc, actualmente desaparecida. La empresa belga Solvay comenzó a explotar el negocio de la sal en Polanco en 1867,  aunque impulsó decisivamente su actividad a partir de 1904 que comenzó a construir su fábrica, inaugurada por el rey Alfonso XIII el 8/8/1908, destinada a la producción de sosa caústica, carbonato sódico y bicarbonato. En 1898, Azucarera Montañesa se instaló en Torrelavega para producir azúcar a partir de la remolacha, aunque esta fábrica llegó a quebrar por falta de rentabilidad. Pero la actividad no se detuvo al ocupar Lechera Montañesa sus instalaciones. Actualmente ese complejo industrial acoge a Feria de Muestras de Torrelavega
Al abrigo de la importancia en el sector minero alcanzado en la comarca del Besaya, y gracias a la Diputación Provincial, el Ayuntamiento de Torrelavega, la Cámara de Comercio de Torrelavega y a varias empresas (Real Compañía Asturiana, Sniace, Solvay, Nueva Montaña Quijano, Fyesa, Productos dolomíticos), se crearía la Escuela de Facultativos de Minas y Fábricas Minero-Metalúrgicas y Minero-Químicas de Torrelavega por Orden del Ministerio de Educación Nacional de 13/7/1955 (BOE nº 231 de 19/8/1955 p. 5.132), comenzándose ese año 1955/56 el primer curso universitario. Esa Orden justificaba la necesidad de una Escuela profesional al declara que "la ciudad de Torrelavega constituye en la actualidad una extensa comarca de gran importancia en orden a la industria nacional (...), cuyas factorías emplazadas en su contorno tienen indudable relieve en al economía de nuestra Patria". Así, esta institución fue el primer antecedente de la actual Escuela Politécnica de Ingeniería de Minas y Energía.
También las comunicaciones fueron decisivas para el progreso de Torrelavega, que goza de una natural ubicación estratégica. Ello fue decisivo para que el ferrocarril, principal medio de transporte comercial de la época, situase una estación de parada en la ciudad para las líneas: Alar del Rey-Santander (1858) y Cabezón de la Sal-Santander (2/1/1896).
Otro elemento de progreso lo marca la llegada de la luz eléctrica, histórico hito producido el mismo año en que fue condecorado con el título de ciudad (1895).
En Torrelavega, a 24 de septiembre de 2012.

martes, 18 de septiembre de 2012

Tras el congreso centenario de la muerte de Menéndez Pelayo

El director del programa Claramente Claro  de Popular TV Torrelavega, Gustavo González Monterrubio, me invitó a participar en él para recordar algunos de los momentos de la Historia de nuestra tierruca, y así rescatar de las garras del olvido pasajes de nuestra Historia. Sin olvidar que el conocimiento de la Historia y de las circunstancias que pivotan en torno a ella explican y dan sentido al momento actual en el que hoy vivimos. Así a lo largo de de la pasada temporada 2011/12 tuve el lujo de exponer para la selecta audiencia del programa algunos hitos de nuestra historia regional y de presentar algunos de los personajes que la contruyeron. A lo largo de las próximas semanas, desde estas líneas, presentaré algunas de esas intervenciones.
 
El post de hoy, lo dedicaré a glosar una breve semblanza de don Marcelino Menéndez Pelayo que nos acerque más su figura, que durante este año 2012 conmemora el centenario de su muerte, y que recientemente en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (3-7/9/2012) se ha celebrado un congreso de altísimo nivel intelectual conmemorativo de estudio de la ingente obra del polígrafo santanderino, en el cual he gozado del lujo de participar, y que ha estado dirigido por el presidente de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, don Emilio R. Mandado.
 
 
 
Menéndez Pelayo nació y murió en Santander (3/11/1856-19/5/1912). Cultivó multiples disciplinas: Historia de las Ideas, Historia de la Literatura, Filología, Poesía, Historia, Traducción, Filosofía..., erigiéndole como polígrafo.
 
Su padre fue Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas en el Instituto Cántabro de Enseñanzas Medias (actual IES Santa Clara), también ejerció como alcalde de Santander entre 1885-1886, y su madre, María Jesús Pelayo, era descendiente de Vega de Carriedo. La familia era de clase media burguesa, honrada, trabajadora y católica; siempre rodeada de un profundo ambiente intelectual, prueba de ello es la familiar amistad de José María Pereda. No podemos dudar que el escritor de Polanco constituiría un modelo con quién el joven Marcelino inició sus primeras lecturas. Su hermano Enrique, se dedicó a la Medicina, pero también dedicó parte de su vida a la escritura.
 
En 1871 inició sus estudios en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, adquiriendo como tutor al catedrático de Química José R. Fernández Luanco, aunque durante su periodo barcelonés recibió la notable influencia del Manuel Milá i Fontanals.
 
En 1873 Luanco marchó a Madrid, y tras él se fue también Menéndez Pelayo para continuar sus estudios en su Universidad Central. Sin embargo, sólo permaneció un curso académico en la villa y Corte ya que se encontró con la arbitrariedad del catedrático de Metafísica, Nicolás Salmerón, que le hizo repetir el examen de esta disciplina, al igual que al resto de sus compañeros, sin realizar el obligado primer examen reglamentario. Esto conllevará de fondo la enemistad de Menéndez Pelayo con el Krausismo postkantiano y con los hegelianos en general.
 
Así, en 1874 Menéndez Pelayo se trasladó a la Universidad de Valladolid, donde recibió el decisivo e influyente magisterio de Gumersindo Laverde, quien le condujo hacia posturas más conservadoras. Ese año se licencia en Filosofia y Letras con El examen y juicio de los concilios de Toledo, obteniendo el premio extraordinario con el ejercicio Conceptismo, gongorismo y culteranismo.
 
Al año siguiente, 1875, el joven Marcelino se doctora en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid con La novela entre los latinos.
 
Gracias a su brillante expediente académico obtiene una ayuda económica de la Diputación Regional y del Ayuntamiento de Santander para ampliar sus estudios. Así durante 1876 y 1877 viajó por las bibliotecas de Portugal, Francia, Bélgica, Italia y Holanda.
 
En 1878, con 22 años, obtiene la cátedra de Historia crítica de la Literatura Española de la Universidad Central de Madrid, ante un tribunal presidido por Juan Valera.
 
Entre 1880 y 1881 publica su primera obra importante -obra de juventud-, a saber: Historia de los Heterodoxos Españoles (8 vol.).
 
En 1881, con 25 años, ingresa en la Real Academia Española (RAE), con el discurso de ingreso: La poesía mística española. En 1882 ingresa en la Real Academia de la Historia (RAHª). Desde 1892 será su Bibliotecario. Y desde un año antes de su muerte, 1911, su Director. En 1895 ingresó en la Real Academia de las las Ciencias Morales y Políticas. Y, finalmente, en 1901, se incorporó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Alcanzando ser, así, la única persona de su época que perteneció al tiempo a las cuatro Academias.
 
En el ámbito de la vida política señalar que fue diputado en Cortes por Mallorca durante el periodo 1884-1892, y posteriormente senador hasta su muerte por la RAE.
 
En 1888, por encargo de la RAHª, comienza la dirección de la edición de las Obras completas de Lope de Vega. Hecho que le valió a posterior ser nombrado en 1898 director de la Biblioteca Nacional de España.
 
En 1912, tanto él como Benito Pérez Galdós fueron propuestos al Premio Nobel de Literatura.
 
Para concluir, destaquemos algunos títulos de entre sus Obras completas, que actualmente se reunen en la edición nacional del CSIC en 67 volúmentes publicados entre 1940 y 1974, dirigida por M. Artigas, A. González Palencia y R. de Balbín Lucar, y editada por E. Sánchez Reyes:
- Historia de los Heterodoxos Españoles (8 vol.).
- La Ciencia Española (3 vol.).
- Historia de las Ideas Estéticas (6 vol.).
- Los orígenes de la novela (4 vol.).
- Antología de poetas líricos castellanos (10 vol.).
- Estudios y discursos de crítica histórica y literaria (6 vol.).
 
 
En Torrelavega, a 17 de septiembre de 2012.
 
 


viernes, 10 de agosto de 2012

Bicentenario de la Constitución de Cádiz en Santander

El bicentenario de la Constitución promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812 ocupa casi por completo la agenda histórico-política de España de este año. Cantabria también se vio enriquecida por tan singular publicación, que en este mes de agosto cumple su doscientos aniversario. En recuerdo de este momento histórico de nuestra intrahistoria rescatemos algunas de las vicisitudes que acompañaron tal acontecimiento, y que descubrí durante mi trabajo de investigación predoctoral "Acciones y tensiones políticas en tiempos de guerra. Cantabria 1808-1814".

 La Guerra de la Independencia en Las Montañas de Santander acusó un importante cambio durante los meses de julio y agosto de 1812. Las tropas francesas fueron abandonando el territorio cántabro que ocupaban, permitiendo, por tanto, que las autoridades pro-borbónicas asumieran el gobierno en las poblaciones montañesas, excepto en la de Santoña, donde los soldados josefinos finalmente se acantonaron hasta el final de la guerra en mayo de 1814.

Los soldados franceses liderados por el general Dubreton, máxima autoridad francesa en la provincia, se marcharon definitivamente de la ciudad de Santander el 3 de agosto de 1812. Ese mismo día, las tropas pro-borbónicas entraron en la plaza santanderina, tomando posesión del gobierno de la provincia el coronel Antonio Joaquín Calera, en razón del nombramiento que el general Gabriel de Mendizábal, general en jefe del 7º Ejército, con autoridad sobre la provincia de Santander, le procuró en Potes en marzo de 1812 como gobernador militar y político de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Cantabria, “a quien concedo –dice el Nombramiento− toda la autoridad y facultades que han tenido sus antecesores, las que le serán guardadas por las jurisdicciones así civiles como militares sujetas al rey nuestro señor don Fernando VII”. Al día siguiente llegó la autoridad civil económica, Francisco Javier de Villanueva en calidad de ministro principal de hacienda con funciones de intendente.

En virtud de la liberación de la provincia de Santander de la ocupación francesa, la Regencia desde Cádiz emitió el 8 de agosto de 1812 una Orden con una serie de pautas para regular la organización política-administrativa de la provincia. Además de encargar el restablecimiento del orden y la conservación de la tranquilidad pública y el inmediato cese de las autoridades nombradas por “el gobierno intruso”, también encarecía que se acelerase en todo lo posible la publicación de la Constitución política de la Monarquía Española, pero esta Orden no llegó a Santander hasta el 15 de septiembre.

Sin embargo el gobernador Calera tuvo la intuición de anticipar a la población cántabra el contenido de la Constitución antes de que la Regencia se lo indicara. Un Edicto de 9 de agosto del gobernador comunicaba a los habitantes de Santander que al día siguiente se publicaría la Carta Magna aprobada por las Cortes de Cádiz. El documento ordenaba que los vecinos debían apresurarse a adornar y cubrir sus balcones con todo el aseo y esmero, que el día siguiente nadie debía trabajar y que debía guardarse como festivo riguroso, y que en esa noche y en las de los dos sucesivos se iluminase toda la ciudad “para así continuar demostrando el júbilo y regocijo general que resulta a los nobles y leales habitantes de verse libres de la tiranía opresora y restituidos a la tan deseada como interesante tranquilidad, como por los felices progresos de las armas de la nación”.

Efectivamente, el 10 de agosto de 1812 con toda solemnidad se proclamó la Constitución gaditana en la ciudad de Santander, ante un numeroso concurso de gentes que se congregó ante el ayuntamiento, convocadas allí al replique de las campanas de la catedral que anticipó el acto que dio comienzo a las 4 de la tarde. Así, los artículos de la nueva Constitución fueron leídos con comprensibles voces, y a su finalización se escucharon múltiples vivas y aclamaciones al rey Fernando VII, todavía en cautividad en Francia, y a la Nación española.

Cuatro días después, el 14 de agosto, el ayuntamiento de Santander realizó una convocatoria para celebrar al día siguiente una Misa solemne de acción de gracias. De ese modo, el 15 de agosto se presentó en la catedral un incontable número de vecinos de la misma ciudad, de los barrios de Miranda, Cajo y Pronillo, de los cuatro Lugares de su jurisdicción (Cueto, Monte, San Román y Peña de Castillo), y de otros lugares de la provincia. A las diez menos cuarto de la mañana llegaron las autoridades en desfile desde el ayuntamiento, encabezados por el estandarte Real portado por el alférez mayor Antonio de Gordey, siendo recibidos por el cabildo eclesiástico a la puerta principal de la catedral. Tras el Evangelio, previa lectura de la Constitución el cura párroco fray Gregorio de Rueda dirigió una breve exhortación patriótica a los allí reunidos. Al acabar las palabras del religioso, el gobernador Calera y el alcalde mayor Julián Bringas subieron al presbiterio desde donde juraron públicamente guardar y hacer guardar la Carta Magna. Posteriormente el gobernador interpeló a la población allí reunida (incluido el clero), la cual contestó afirmativamente al juramento a una sola y diáfana voz. La Misa terminó con el tradicional Te Deum.
 
La publicación de la Constitución y, por tanto, su entrada en vigor tuvo como inmediata consecuencia el cese de las funciones de la junta superior de Santander, que justificaba su existencia mientras que Cantabria estuviera ocupada por los franceses, pero una vez liberada la Regencia la incluyó bajo la jurisdicción de la junta superior de Burgos. Sin embargo, la junta superior de Santander no aceptó esta decisión de la Regencia hasta unos meses más tarde, actuando como si representase a un territorio independiente de Burgos.

Santander, a 10 de agosto de 2012.