viernes, 29 de mayo de 2009
Siempre hay tiempo para votar (III): Elecciones europeas, 7 de junio
En Santander, a 29 de mayo de 2009
lunes, 25 de mayo de 2009
viernes, 22 de mayo de 2009
Siempre hay tiempo para votar (II): Elecciones eurpeas, 7 de junio
En Santander, a 22 de junio de 2009.
martes, 19 de mayo de 2009
viernes, 15 de mayo de 2009
Siempre hay tiempo para votar (I): Elecciones europeas, 7 de junio
En Barcelona, a 15 de junio de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
¿Sobra la Constitución o sobra quién quiere saltar por encima de ella?
Los clásicos definen la Ley como expresión ordenada de la razón, a la sazón facultad que singuraliza al hombre de los animales y medio por la cual conocemos y entendemos la realidad. Los hombres pensaron y redactaron Leyes que regularan su convivencia atendiendo a la necesidades personales y salvaguardando el Bien Común, elemento básico y mínimo que garantiza la Paz y la Felicidad... ¡o al menos esto es lo que afirma el sentido común y las clases de Filosofía del Derecho de algunas facultades!
Desde la Antigüedad hasta nuestros días las Constituciones ocupan un destacado puesto al permitirlas ser la inspiración del resto de Leyes humanas, asegurando así la bondad de nuestro ordenamiento jurídico.
Recientemente he podido saber que el responsable de Política Lingüística de la Generalitat de Cataluña ha declarado que le sobra la Constitución Española (fundamento principial del ordenamiento jurídico de nuestra joven Democracia), en el sentido que por "culpa" de ella el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma de Cataluña está limitado y "obligándole" a multar al menos a un 1% de los comerciantes que no rotulan sus escaparates en lengua catalana. Estoy seguro que si has llegado hasta aquí estarás pensando... ¡esto es absurdo! ¡Esperpéntico! ¡No tiene ni pies ni cabeza!
Por todos es conocido que en Cataluña conviven hasta nuestros días dos lenguas que proceden de un mismo idioma, a saber, el latín; ya sabes que son el catalán y el castellano. Nuestra Carta Magna establece que la lengua oficial de España es el castellano y en Cataluña, en virtud de su riqueza cultural manifestada por su noble lengua, además, el idioma cooficial es el catalán. Dicho esto, ¿es posible que la Constitución, en razón de lo expuesto anteriormente, limite la potencialidad comunicativa del catalán frente al español? Entiendo que no, porque por ahí creo que van los tiros. Este responsable político tiene en la cabeza que en Cataluña sólo se debe hablar catalán (por eso ordena multar a quien no rotula sus escaparates en esta lengua) porque Cataluña no tiene nada que ver con España (donde sí se habla castellano), y el único modo de hacer ver esta realidad es "cargándose" la Constitución erigiendo al tiempo el reformado Estatuto de Autonomía, que aún sigue recurrido, que afirma que el catalán es la lengua oficial de la Comunidad Autónoma.
Una última cosa. Este responsable político posee un cargo público gracias a la existencia de un ordenamiento jurídico constitucional que justifica la presencia de ese puesto de trabajo. Considero justo que como trabajador público, que en su momento juró/prometió defender la Constitución, qué es presente su dimisión porque ya no confía en las bondades sobre las que se fundamente nuestro sistema de convivencia social.
En Santander, a 27 de abril de 2009.
Publicado en Cope.es y en España liberal.
jueves, 23 de abril de 2009
Alejandro Llano, "Olor a yerba seca" (I)
El filósofo asturiano Alejandro Llano, cercano maestro de geniales palabras, nos ha legado sus memorias -que parece que no serán las últimas- a las que ha titulado Olor a yerba seca. Os confieso que los contenidos de este libro se me antojan "apetecibles" para el solaz deleite intelectual y cultural que tú y yo nos merecemos.
En noviembre pasado concedió una entrevista en Popular TV anticipando y comentando algunos de los momentos que don Alejandro nos cuenta en sus memorias. Os dejo este vídeo como breve anticipo de lo que habréis de descubrir en su libro, el cual desde ya os lo recomiendo.
En Santander, celebrando san Jorge, a 23 de abril de 2009.
En noviembre pasado concedió una entrevista en Popular TV anticipando y comentando algunos de los momentos que don Alejandro nos cuenta en sus memorias. Os dejo este vídeo como breve anticipo de lo que habréis de descubrir en su libro, el cual desde ya os lo recomiendo.
En Santander, celebrando san Jorge, a 23 de abril de 2009.
lunes, 20 de abril de 2009
Evangelium vitae. JPII (XVII): Responsabilidades del hombre ante la Vida
Como en lunes anteriores, te presento un texto de la carta encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que reflexiona sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema que está en el candelero de la actualidad de los mass-media de nuestra Sociedad y, precisamente por ello, no podemos dejar pasarlo por alto. Hoy el Papa Magno, a partir de la meditación de un versículo bíblico nos enseña cuáles son las responsabilidades del hombre ante el don de la Vidad. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!
«Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla» (Gn 1, 28): responsabilidades del hombre ante la vida.
«Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla» (Gn 1, 28): responsabilidades del hombre ante la vida.
42. Defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre, llamándolo, como imagen palpitante suya, a participar de la soberanía que Él tiene sobre el mundo: «Y Dios los bendijo, y les dijo Dios: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra”» (Gn 1, 28).
El texto bíblico evidencia (...) el dominio [del hombre] sobre la tierra y sobre cada ser vivo, como recuerda el libro de la Sabiduría: «Dios de los Padres, Señor de la misericordia (...) con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados, y administrase el mundo con santidad y justicia» (Sb 9, 1.2-3). También el Salmista exalta el dominio del hombre como signo de la gloria y del honor recibidos del Creador: «Le hiciste Señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo, y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas» (Sal 8, 7-9).
El hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo (cfr. Gn 2, 15), tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de vida, o sea, sobre la creación que Dios puso al servicio de su dignidad personal, de su vida (...). En realidad, «el dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de “usar y abusar”, o de disponer de las cosas como mejor parezca. La limitación impuesta por el mismo Creador desde el principio, (...), muestra claramente que, ante la naturaleza visible, estamos sometidos a las Leyes no sólo biológicas sino también morales, (...).
43. Una cierta participación del hombre en la soberanía de Dios se manifiesta también en la responsabilidad específica que le es confiada en relación con la vida propiamente humana. Es una responsabilidad que alcanza su vértice en el don de la vida mediante la procreación por parte del hombre y la mujer en el matrimonio, (...) participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo: «Creced y multiplicaos» (Gn 1, 28).
Hablando de una «cierta participación especial» del hombre y de la mujer en la «obra creadora» de Dios, el Concilio Vaticano II quiere destacar cómo la generación de un hijo es un acontecimiento profundamente humano y altamente religioso, en cuanto implica a los cónyuges que forman «una sola carne» (Gn 2, 24) y también a Dios mismo que se hace presente. (...); queremos subrayar más bien que en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente de un modo diverso de como lo está en cualquier otra generación “sobre la tierra”. En efecto, solamente de Dios puede provenir aquella “imagen y semejanza”, propia del ser humano, como sucedió en la creación. La generación es, por consiguiente, la continuación de la creación» (...).
Así, el hombre y la mujer unidos en matrimonio son asociados a una obra divina: mediante el acto de la procreación, se acoge el don de Dios y se abre al futuro una nueva vida.
Sin embargo, más allá de la misión específica de los padres, el deber de acoger y servir la vida incumbe a todos y ha de manifestarse principalmente con la vida que se encuentra en condiciones de mayor debilidad. (...).
En Barcelona, a 20 de abril de 2009.
jueves, 16 de abril de 2009
Evangelium vitae. JPII (XVI): La dignidad del anciano ante la vejez y el sufrimiento
Durante los últimos jueves he estado trayendo fragmentos de la carta encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995). ¡Aquí os presento otro! El tema de este documento, como sabes, es el valor y el carácter inviolable de la vida humana. Hoy, tras reflexionar el lunes pasado sobre la dignidad del ser humano no nacido, el Pontífice nos invita a reflexionar sobre la dignidad de los ancianos, culmen de toda vida humana en el tiempo. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!
«¡Tengo fe, aún cuando digo: “Muy desdichado soy”!» (Sal 116, 10): la vida en la vejez y en el sufrimiento
46. (...), estamos en un contexto cultural y religioso que no está afectado por estas tentaciones, sino que, en lo concerniente al anciano, reconoce en su sabiduría y experiencia una riqueza insustituible para la familia y la sociedad. La vejez está marcada por el prestigio y rodeada de veneración (cfr. 2M 6, 23). (...).
Sin embargo, ¿cómo afrontar en la vejez el declive inevitable de la vida? ¿Qué actitud tomar ante la muerte? El creyente sabe que su vida está en las manos de Dios: «Señor, en tus manos está mi vida» (cfr. Sal 16, 5), y que de Él acepta también el morir: «Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo?» (Eclo 41, 4). El hombre, que no es dueño de la vida, tampoco lo es de la muerte; en su vida, como en su muerte, debe confiarse totalmente al «agrado del Altísimo», a su designio de amor.
Incluso en el momento de la enfermedad, el hombre está llamado a vivir con la misma seguridad en el Señor y a renovar su confianza fundamental en Él, que «cura todas las enfermedades» (cfr. Sal 103, 3). (...).
47. La misión de Jesús, con las numerosas curaciones realizadas, manifiesta cómo Dios se preocupa también de la vida corporal del hombre. "Médico de la carne y del espíritu", Jesús fue enviado por el Padre a anunciar la buena nueva a los pobres y a sanar los corazones quebrantados. Al enviar después a sus discípulos por el mundo, les confía una misión en la que la curación de los enfermos acompaña al anuncio del Evangelio (cfr. Mt 10, 7-8). (...), ningún hombre puede decidir arbitrariamente entre vivir o morir. En efecto, sólo es dueño absoluto de esta decisión el Creador, en quien "vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28).
En Barcelona, a 16 de abril de 2009.
«¡Tengo fe, aún cuando digo: “Muy desdichado soy”!» (Sal 116, 10): la vida en la vejez y en el sufrimiento
46. (...), estamos en un contexto cultural y religioso que no está afectado por estas tentaciones, sino que, en lo concerniente al anciano, reconoce en su sabiduría y experiencia una riqueza insustituible para la familia y la sociedad. La vejez está marcada por el prestigio y rodeada de veneración (cfr. 2M 6, 23). (...).
Sin embargo, ¿cómo afrontar en la vejez el declive inevitable de la vida? ¿Qué actitud tomar ante la muerte? El creyente sabe que su vida está en las manos de Dios: «Señor, en tus manos está mi vida» (cfr. Sal 16, 5), y que de Él acepta también el morir: «Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo?» (Eclo 41, 4). El hombre, que no es dueño de la vida, tampoco lo es de la muerte; en su vida, como en su muerte, debe confiarse totalmente al «agrado del Altísimo», a su designio de amor.
Incluso en el momento de la enfermedad, el hombre está llamado a vivir con la misma seguridad en el Señor y a renovar su confianza fundamental en Él, que «cura todas las enfermedades» (cfr. Sal 103, 3). (...).
47. La misión de Jesús, con las numerosas curaciones realizadas, manifiesta cómo Dios se preocupa también de la vida corporal del hombre. "Médico de la carne y del espíritu", Jesús fue enviado por el Padre a anunciar la buena nueva a los pobres y a sanar los corazones quebrantados. Al enviar después a sus discípulos por el mundo, les confía una misión en la que la curación de los enfermos acompaña al anuncio del Evangelio (cfr. Mt 10, 7-8). (...), ningún hombre puede decidir arbitrariamente entre vivir o morir. En efecto, sólo es dueño absoluto de esta decisión el Creador, en quien "vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28).
En Barcelona, a 16 de abril de 2009.
lunes, 13 de abril de 2009
Evangelium vitae. JPII (XV): La dignidad del niño no nato pero no menos vivo que tú y yo
Como los lunes anteriores continuamos considerando textos de la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995), que trata sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, tema de plena actualidad y del que tenemos que estar muy bien formados para poseer criterio sobre esta cuestión. Hoy el Papa Magno reflexionará sobre la dignidad del ser vivo no nato, pero no por ello menos vivo que tú y yo, ni con menos dignidad. Las negritas son mías. ¡Espero tus comentarios!
«Porque tú mis vísceras has formado» (Sal 139, 13): la dignidad del niño aún no nacido
44. La vida humana se encuentra en una situación muy precaria cuando viene al mundo y cuando sale del tiempo para llegar a la eternidad.
(...) es sobre todo palpable la certeza de que la vida transmitida por los padres tiene su origen en Dios, como atestiguan tantas páginas bíblicas que con respeto y amor hablan de la concepción, de la formación de la vida en el seno materno, del nacimiento y del estrecho vínculo que hay entre el momento inicial de la existencia y la acción del Dios Creador.
«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado» (Jr 1, 5): la existencia de cada individuo, desde su origen, está en el designio divino. (...).
¿Cómo se puede pensar que uno solo de los momentos de este maravilloso proceso de formación de la vida pueda ser sustraído de la sabia y amorosa acción del Creador y dejado a merced del arbitrio del hombre? Ciertamente no lo pensó así la madre de los siete hermanos, que profesó su fe en Dios, principio y garantía de la vida desde su concepción, y al mismo tiempo fundamento de la esperanza en la nueva vida más allá de la muerte: «Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes» (2M 7, 22-23).
45. La revelación del Nuevo Testamento confirma el reconocimiento indiscutible del valor de la vida desde sus comienzos. La exaltación de la fecundidad y la espera diligente de la vida resuenan en las palabras con las que Isabel se alegra por su embarazo: «El Señor (...) se dignó quitar mi oprobio entre los hombres» (Lc 1, 25). El valor de la persona desde su concepción es celebrado más vivamente aún en el encuentro entrela Virgen María e Isabel, y entre los dos niños que llevan en su seno. Son precisamente ellos, los niños, quienes revelan la llegada de la era mesiánica: (...).
«Bien pronto -escribe san Ambrosio- se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor (...) Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos. El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre».
En Santander, Lunes de Pascua, a 13 de abril de 2003.
«Porque tú mis vísceras has formado» (Sal 139, 13): la dignidad del niño aún no nacido
44. La vida humana se encuentra en una situación muy precaria cuando viene al mundo y cuando sale del tiempo para llegar a la eternidad.
(...) es sobre todo palpable la certeza de que la vida transmitida por los padres tiene su origen en Dios, como atestiguan tantas páginas bíblicas que con respeto y amor hablan de la concepción, de la formación de la vida en el seno materno, del nacimiento y del estrecho vínculo que hay entre el momento inicial de la existencia y la acción del Dios Creador.
«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado» (Jr 1, 5): la existencia de cada individuo, desde su origen, está en el designio divino. (...).
¿Cómo se puede pensar que uno solo de los momentos de este maravilloso proceso de formación de la vida pueda ser sustraído de la sabia y amorosa acción del Creador y dejado a merced del arbitrio del hombre? Ciertamente no lo pensó así la madre de los siete hermanos, que profesó su fe en Dios, principio y garantía de la vida desde su concepción, y al mismo tiempo fundamento de la esperanza en la nueva vida más allá de la muerte: «Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes» (2M 7, 22-23).
45. La revelación del Nuevo Testamento confirma el reconocimiento indiscutible del valor de la vida desde sus comienzos. La exaltación de la fecundidad y la espera diligente de la vida resuenan en las palabras con las que Isabel se alegra por su embarazo: «El Señor (...) se dignó quitar mi oprobio entre los hombres» (Lc 1, 25). El valor de la persona desde su concepción es celebrado más vivamente aún en el encuentro entre
«Bien pronto -escribe san Ambrosio- se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor (...) Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos. El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre».
En Santander, Lunes de Pascua, a 13 de abril de 2003.
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